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García y Adell

C.A.M. Hinaco, un gigante de Gala

C.A.M. Hinaco, un gigante de Gala

José Antonio Adell recibió un gran homenaje. - VÍCTOR IBÁÑEZ

Publicado en Diario del Altoaragón.

Domingo, 21 de enero de 2007

http://www.diariodelaltoaragon.es/noticias/detalle.php?id=208680

 Más de cuatrocientas personas se dieron cita en la espectacular fiesta anual del club montisonense

MONZÓN.- La Gala del CAM Hinaco Monzón celebrada en la noche del pasado viernes llevaba consigo todos los ingredientes para que fuera ¡sensacional¡. El Discóbolo de Hinaco lanzó el artefacto con la fuerza y precisión que necesitaba la noche hasta impactar en el punto neurálgico y provocar la explosión mágica cuyos efectos repercutieron en el ambiente en el local de la ‘Asociación San Mateo’ en donde se celebró la fiesta.

Una explosión que esparció recuerdos, emociones, ilusiones, sensaciones y afectos entre los 425 asistentes que apostaron por sentir todas las cargas que contenía la Gala conducida por Gemma Garanto y Xabi Caballero. Los efectos especiales repercutieron, tal vez con mayor intensidad, en los protagonistas: atletas, jueces, entrenadores, veteranos e históricos del club. Todos ellos, incluidos los periodistas, tuvieron que desfilar por la pasarela de las ‘estrellas’ hasta el escenario en donde recibieron los reconocimientos por sus méritos, personales o en equipo, contraídos durante la temporada del 2006. Se vivieron escenas muy bonitas.

La Gala de la gran familia del CAM Hinaco Monzón estuvo arropada por el alcalde de la ciudad, Fernando, Heras, el presidente de la Comarca del Cinca Medio, Arturo Zapata, de la Diputación de Huesca, Antonio Cosculluela, de la Federación Aragonesa de Atletismo, Luis María Garriga (que ostentaba la representación del presidente de la Federación Española), los miembros de la FAA Pedro Pablo Fernández y Jesús Gazol, el gerente de la firma Hinaco, Jesús Hidalgo, y el director provincial de la CAI, Jesús Ruiz, destacando en la entrada al local de la ‘Asociación San Mateo’ un cartel de enormes dimensiones con la figura del legendario atleta del club (aún en activo) Javier Yerno.

Antonio MARTÍNEZ

El Centro Atlético Monzón celebra su fiesta anual

El Centro Atlético Monzón celebra su fiesta anual

Publicado en www.radiohuesca.com

Hinaco Monzón celebra la tradicional cena con la que se clausura, oficialmente, la temporada 2005/2006. La gala de este año alternará los homenajes a los atletas más destacados de la temporada y personas vinculadas con el club con la proyección de vídeos y entrega de trofeos. En esta edición tendrán reconocimiento especial, entre otros, los especialistas en obstáculos que han pasado por el C.A.M como Eliseo Martín, Carlos Oriach, José Antonio Adell, Juan Ramón Plana, Celedonio García, Armando Sanclemente, Pablo Almunia o Javier Yerno que, por otro lado, ostentan las mejores marcas de la prueba.

La gala, que este año se desarrollará en el local de la Asociación San Mateo, comenzará con la entrega anual de trofeos de los diferentes campeonatos que el club organiza a lo largo de la temporada, entre ellos, Trofeo Especialidades, Trofeo Clausura, Trofeo Casales y Trofeo Pascual Zapatero. A las nueve y media de la noche está previsto que comience la cena, en el transcurso de la cual, se proyectarán vídeos de la temporada 2005/2006 y se procederá a la entrega de premios y galardones.

Serán galardonados, entre otros, todos aquellos atletas que en la pasada temporada subieron al podium. Entre los medallistas, Javier Gazol, Campeón de España en pista cubierta en San Sebastián, Dani Martí, Campeón de España Promesa en pista cubierta en Valencia y Subcampeón al aire libre en Valencia, María Mendoza, Subcampeona cadete en salto de altura al aire libre en El Prat y Subcampeona en el Campeonato de España de la Juventud en Cáceres, Alejandro Arnal, Subcampeón de España en 1.000 metros en pista cubierta en Oviedo y medalla de plata en 1.000 metros en el Campeonato de España de la Juventud y en el relevo 4x300, David Ruiz, medalla de bronce en lanzamiento de martillo en el Campeonato de España de la Juventud, Sergio García, plata en el relevo 4x300 en el Campeonato de España de la Juventud y Elena Gasquet, bronce en el relevo 4x100 en el Campeonato de España de la Juventud.

Tendrán también su reconocimiento los Campeones de España Veteranos como Miguel Ángel Lardiés, en pentatlón M40 con 2.518 puntos, Paco Dorado, en pista cubierta y aire libre, en 800 en M35, José Antonio Villacampa, en martillo y martillo pesado, Luis Abadías, subcampeón de España en marcha en ruta y 10 km en M45 y Mª Carmen García, Campeona de España de marcha en ruta y de 5 km en pista y Campeona del Mundo en pista cubierta en 10 km.

Galardón también para los finalistas de los Campeonatos de España: Isabel Navalón, Katerina Chatzinikolau, Sara Altaba, Alejandro Fernández, Daniel Aljaro, Carlos de Juan, Saida Busqueta, Diego Guaus, Martín Citoler y Silvia Mascaray.

En el transcurso de la Gala recibirán su premio los diferentes equipos del C.A.M por sus logros durante la temporada: los benjamines como subcampeones de Aragón, los alevines como Campeones Regionales, el infantil femenino por su medalla de bronce y los cadetes por subir a lo más alto del podium en la cita regional. El equipo absoluto verá “premiado” su esfuerzo por permanecer una temporada más en la Primera División del Atletismo, en 2007, se cumplirán catorce años del ascenso a la categoría.

Serán también galardonados colectivos como los jueces por su participación en la Copa de Europa de Pruebas Combinadas celebrada en Monzón, los atletas populares por llevar a cabo la primera edición de las 24 Horas y los entrenadores por el trabajo que desarrollan a lo largo de todo el año.

Este año, la gala del C.A.M, bajo el título “Pasando obstáculos”, rinde homenaje a los “especialistas” que han pasado por las filas del club montisonense, entre ellos, Manuel Panzano, primer atleta aragonés en bajar de diez minutos en el año 1.965, Armando Clemente, uno de los mejores que hizo en 1.973 una marca de 9.34, José Antonio Adell, Carlos Oriach. Eliseo Martín, bronce en el Mundial de París, Pablo Almunia, Javier Yerno, Javier Bordes, José Antonio de la Fuente, Juan Ramón Planas o Celedonio García, todos ellos entre los mejores “de siempre” en el ranking de 3.000 m.o del Centro Atlético Monzón.

Las milorchas y el Montgolfier

Las milorchas y el Montgolfier

El Campo del Sepulcro de Zaragoza era el lugar favorito para este deporte indígena. En aquella explanada se daban cita los aficionados al inocente juego que estuvo de moda mucho tiempo. La llegada de los globos aerostáticos acabó en Zaragoza con el milorcheo

 

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

 Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón, Domingo, 31 de marzo de 1996

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ 

    Tras las especulaciones de Leonardo de Vinci sobre la posibilidad de imitar el vuelo de las aves, los primeros resultados satisfactorios fueron los obtenidos por los hermanos Montgolfier. En 1783 lograron elevar globos aerostáticos llenos de aire caliente (que denominaron montgolfier). 

    El invento lo desarrollaron después de comprobar cómo se elevaba un paralelepípedo de papel vitela, hinchado con aire caliente obtenido al quemar lana y paja húmeda. 

    El 19 de septiembre de 1783, en los jardines de Versalles, ante el rey y la corte francesa, los hermanos Joseph y Etienne lanzaron un globo esférico del que iba suspendida una jaula de mimbre con un cordero, un gallo y un pato, que soportaron perfectamente la ascensión. 

    A finales del siglo XIX surgieron los primeros aeroplanos, imitando el vuelo de las cometas o milorchas (milochas).

Las milorchas

    Los Montgolfier también dieron nombre a los globos de papel, conocidos igualmente como globos aerostáticos, generalmente grotescos, que durante años, y aún en la actualidad, han hecho las delicias de los niños en toda clase de fiestas.

    Desde mediados del siglo pasado y hasta 1857, en que se vieron por primera vez en Zaragoza los globos aerostáticos, las milorchas (nombre con el que se conocía en Zaragoza la popular diversión de las cometas) fueron el entretenimiento que más entusiasmó a jóvenes y mayores en la capital aragonesa. Tuvo tanta importancia la diversión y espectáculo que propició una floreciente industria (1). 

    No había en Zaragoza un solo hijo de vecino que no tuviera su milorcha; las había de todos los tamaños, unas más baratas que otras. Mariano Gracia recordaba donde practicaban aquella afición que traía loca a medio Zaragoza: "Nuestro lugar preferido para dedicarnos a aquel sport indígena, era el campo del Sepulcro. Nos dábamos cita en esa explanada todos los aficionados al inocente juego luciendo nuestras respectivas milorchas decoradas con figuras de colores y con grotescos rabos" (2).

    Entre todas las milorchas, la reina fue la del Chapero. Era tan colosal, según nos relata José Hijazo, que una vez suspendida en el aire se la hacía subir o bajar por medio de un torno de madera empotrado en el suelo del Campo del Sepulcro. Cuando la gente barruntaba que iba a ser lanzada, acudía numeroso público a presenciar el espectáculo.

    En las cometas se inspiraron los inventores del aeroplano; en los primeros momentos se llegaron a construir grandes cometas con un "pasajero", hasta que se perfeccionó el nuevo invento.

    La llegada de los globos aerostáticos acabó en Zaragoza con las milorchas. De aquella esplendorosa época, según contaba Hijazo, sólo quedó durante un tiempo la frase: "¡no sé dónde echaré esta tarde la milorcha!", como sinónimo de pasarlo bien.

El "Observador"

    En el verano de 1857 llegó a Zaragoza una compañía de "piculines", procedente de Madrid, para ofrecer varias funciones en la Plaza de Toros. Uno de los artistas del espectáculo fue el famoso acróbata Mr. Esteban Buislay, que realizaba arriesgados ejercicios; pero lo más interesante para el público llegaba al final de la función. Un globo monstruo, a lo montgolfier, llamado "Observador" hacía su triunfal ascensión.

    Lo más atrayente del espectáculo, según narraba José Blasco (3), era la operación de hinchar el aerostato. Los concurrentes se echaban al redondel y luego resultaba imposible hacerlos volver al sus localidades. En la segunda exhibición ya tuvo que tomar cartas en el asunto la autoridad.

    A la barquilla subía el hijo de Buislay, Julio, un joven de unos 15 años. La despedida resultaba conmovedora; padre e hijo se abrazaban estrechamente antes de separarse. Al soltar amarras la gente se quedaba con la boca abierta contemplando como el globo desaparecía por las alturas. En ese momento, los espectadores salían de la plaza y muchos, corriendo por sendas y caminos, saltando márgenes y brazales, iban al lugar donde caía, celebrándose con gritos, vivas y aplausos el descendimiento del joven Buislay.

    Según comentaba José Blasco, era tan grande el número de curiosos que acudían a prestar auxilio al aeronauta, que muchas fincas de la huerta sufrían serios quebrantos. Para evitar estos males, en sucesivas ascensiones se pregonaba por las calles esta advertencia: "Se suplica al respetable público que concurra esta tarde a la plaza de toros y al que no asista, que el globo será auxiliado por servidores de la compañía y guardas de los términos de la ciudad, prohibiéndose, bajo multa, transitar por los campos sin otro pretexto".

Los "Montgolfier" en Huesca

    Un siglo después de que se inventara el globo aerostático, y unos cuantos años antes de que se hicieran las primeras demostraciones de la aviación, en Huesca eran habituales las pruebas de aeronautas subidos en sus globos para ascender hasta las alturas.

     La presencia de estos monstruos, llenos de aire con tripulante, se hacía coincidir con fiestas de San Lorenzo. Era el momento propicio para que fuera más rentable el "negocio", por la concentración de gente acentuada con la llegada de numerosos forasteros.

    A continuación señalamos algunas demostraciones que se pudieron presenciar entre el siglo pasado y el presente en la capital altoaragonesa: 

    En 1884, el aeronauta J. Ruiz Budoy, subido en el trapecio que colgaba de su Montgolfier, ascendió en la plaza de Zaragoza para descender, sin dificultades, en una colina cercana al próximo santuario de Cillas (4).

    Como podemos observar en grabados de la época, algunos de estos navegantes aéreos eran verdaderos trapecistas o piculines, por utilizar un término habitual en aquella época. Colgados de un trapecio, se elevaban con el globo realizando diferentes piruetas, mientras el globo navegaba al capricho del viento y hasta que caía.

    En 1888, el día que se había programado la ascensión del globo se suspendió, a consecuencia de haberse caído un madero que lo sujetaba, produciendo graves heridas a un niño que cogió debajo. No obstante, al día siguiente, el aeronauta Onrey ascendió con su nuevo globo, elevándose a respetable altura. En el descenso tuvo varios incidentes, con el peligro que supone desde tales alturas. Cuando toco tierra, Onrey fue muy felicitado y aplaudido.

    Todos los años, durante las fiestas de San Lorenzo, se soltaban los clásicos globos aerostáticos grotescos, construidos con papel. En 1900, además de estos pequeños artilugios, el aeronauta Ranea acudió a Huesca para elevarse con su globo montgolfier bautizado con el nombre de "Ciudad de Cádiz".

    En 1901 se seguía anunciando, como número extraordinario del programa de festejos, la actuación del aeronauta Onrey, que iba a realizar una ascensión en su globo "La Francia", pero el viento adverso impidió los intentos del tripulante, con la consiguiente decepción de la multitud que se había congregado en el Paseo de la Estación.

    Las ascensiones eran verdaderamente arriesgadas. El propio Marcelo Onrey había sufrido varios accidentes graves: en Cartagena cayó a dieciocho millas de la costa; en Tolosa se le incendió, quedando su globo de mil doscientos metros reducido a dieciséis. Estos y otros detalles curiosos se podían ver en un álbum que siempre llevaba consigo el capitán Onrey.  

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Así lo contaba José BLASCO HIJAZO: ¡Aquí Zaragoza! Tomo 1, Edición Facsimil, Zaragoza, 1988, pp. 128 y 129.

(2) Mariano GRACIA: "De mis buenos tiempos. Memorias de un zaragozano. XXX", en Heraldo de Aragón, 7 de mayo de 1906.(3) José BLASCO HIJAZO: Opus citat. pp. 130 y 131.(4) En Diario de Avisos, 13 de agosto de 1884.

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Crónicas oscenses en “El Ciclista”: Eloy Pá

Crónicas oscenses en “El Ciclista”: Eloy Pá

Mariano Pelayo, conocido como “Eloy Pá”, contribuyó con sus interesantes crónicas en “El Ciclista” a que Huesca estuviera entre las primeras localidades ciclistas de España. Fue iniciador de la carrera Barcelona-Reus y un defensor decidido de la proyectada Unión Velocipédica del Este

 

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

 Publicado en “Domingo”, suplemento del Diario del Altoaragón, Domingo, 14 de marzo de 1999

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

    Al iniciarse la última década del siglo pasado surgió en Barcelona la revista deportiva El Ciclista, órgano difusor de los aficionados ciclistas, aunque entre sus páginas también se recogían informaciones de otros deportes: esgrima, regatas, hípica...

    Esta revista tenía periodicidad quincenal y raro era el número en el que no aparecieran noticias del ciclismo altoaragonés, principalmente de Huesca y de Barbastro. Las referencias y crónicas, firmadas casi todas ellas por Eloy Pá y Manuel Ricol, nos permiten conocer los hechos y circunstancias que rodearon a los artífices del pedal en sus inicios. El interés de esta información y la abundancia de datos que aportan los clubes velocipedistas de Huesca y Barbastro, considerados pioneros del ciclismo nacional, difícilmente pueden resumirse en un artículo, así pues, junto con las noticias de otras fuentes, abordaremos el tema con más amplitud.

    Eloy Pá, natural y vecino de Huesca, nació en 1862, era de profesión comerciante y un entusiasta del ciclismo, o poeta ciclo-maniaco, como lo calificaba Luis Gracia Vicién.

Los atractivos de las fiestas ciclistas

    A finales del año 1892, después de un forzoso y prolongado silencio, Pá escribía de ciclismo poco después de haber presenciado las carreras internacionales celebradas en Barcelona, en las que participaron los franceses Fournier, recordman del mundo; Echalié, campeón de Francia; Médinger, campeón de Europa, y de Girardin.

    Eloy Pá todavía guardaba en su retina las emociones proporcionadas por su fiesta favorita: “Yo veía desfilar ante mí el último modelo de bicicletas, el corredor profesional y el aficionado con sus elásticos y elegantes trajes, el eco de la campana que da la salida, las banderolas de los jueces, la marca de los carreristas, la velocidad que imprimían a sus máquinas, la prodigiosa marcha y resistencia de Fournier y sus compañeros de profesión, y por encima de todos esos atractivos que ofrece una fiesta velocipedista, llamábanme la atención el público numeroso que honraba tal festejo y la presencia de tanta mujer bonita” (1).

    Hasta los detractores del ciclismo, que los había, reconocían que el velocipedismo había tomado carta de naturaleza en nuestro país. Algunos hombres de ciencia, como el doctor Tissié, discutían el valor higiénico del velocipedista; aseguraban que la posición viciosa del ciclista era contraria a la estética, desarrollaba de la cintura para abajo y dejaba en la cara superior del hígado señaladas las costillas (2).

    El ciclismo representaba para Pá modernidad cultural frente a las arcaicas tradiciones: “Ha muy pocos años que en muchas poblaciones de importancia, celebrábanse, para solemnizar sus respectivas festividades carreras de hombres metidos en sacos, de borricos, o de otra índole tan ridículas como las apuntadas. Todavía tienen lugar en muchos puntos, pero la cultura y el buen gusto se imponen y aquellas van desapareciendo, dejando paso a diversiones que, como las carreras velocipédicas, merecen la aprobación de toda persona sensata por reunir, además de condiciones de moralidad, todos los atractivos de una fiesta culta, elegante, higiénica, y a la cual contribuye la mujer siempre que solicita su concurso, ofreciendo al ciclista los primores de su bordado en rica cinta de seda, como premio a su habilidad y destreza” (3).

El ciclismo y los otros ejercicios

    La pasión por el ciclismo provocaba en Pá una ceguera que le impedía ajustarse a la realidad, anteponiendo las ventajas del ciclismo por encima de otros ejercicios.

     Criticaba las corridas de toros, por traer consigo desgracias y presentar escenas repugnantes a espíritus apocados. Analizaba los trabajos gimnásticos, convenientes para el desarrollo de personas débiles de organismo, pero desaconsejable en los circos como espectáculo: las “posturas rígidas para sostenerse en el alambre, los saltos mortales, los trabajos de dislocación, tienen en continua zozobra al espectador que a cada momento teme un fatal desenlace”. Enjuiciaba el pelotarismo, muy en boga, por haber perdido las cualidades que lo hicieron agradable, por haber convertido los frontones y trinquetes en una verdadera “timba” pública. Y sobre las carreras hípicas opinaba que no eran más que la “manifestación de títulos y potentados para exhibir sus caballos, y pretexto de la clase acomodada para lucir en los desfiles sus trenes, haciendo alarde de riqueza y poderío”.

    Además de las simpatías del “sport” velocipedista como espectáculo, las máquinas que se utilizaban comenzaban a jugar un papel importante en actividades laborales: en el comercio, en correos, en el ejército, etcétera.

    En uno de los apartados de la citada revista, “Ecos de Clubs”, en el mismo número 18, aparecía una noticia sobre el ciclismo oscense, que decía lo siguiente:

    “Los ciclistas Oscenses están en vías de crear un velódromo. Sabemos que se han pedido ya planos de las mejores pistas extranjeras para tomar buenos modelos.

    Huesca está siempre en primer lugar cuando se trata de ciclismo.

    Les felicitamos”.

Balance del velocipedismo en 1892

    El balance de lo que había sido el velocipedismo español en 1892, Pá lo calificaba de resultado satisfactorio. Iba progresando rápidamente y la afición se iba extendiendo “de una manera prodigiosa por todas las clases sociales” (4). Hacía tan sólo dos años antes, poseer una bicicleta era patrimonio exclusivo de las personas que pudieran permitirse el capricho de gastarse varios cientos de pesetas.

    La bicicleta había entrado de lleno en el desarrollo económico; un buen ejemplo era José Conte, amigo de Eloy Pá, acreditado comisionista de vinos de Angüés, que ponía su máquina al “servicio del tráfico”, evitando gastos en coches, correos y ganando en tiempo. No nos extenderemos en los beneficios higiénicos que también propiciaba el ciclismo.

    Los clubes ciclistas, coincidiendo con el cambio del año realizaban las modificaciones correspondientes en la designación de cargos. El 26 de diciembre de 1892 el “Club Velocipedista Oscense” designó su nueva Junta, resultando elegidos los siguientes miembros:

    Presidente: D. José Mª Susiac.

    Vicepresidente: D. Juan José Guillén.

    Tesorero: D. Julián Allué.

    Contador: D. Juan Delplán.

    Vocal 1º: D. Enrique Cereceda.

    Vocal 2º: D. Mauricio Berned.

Todo el año es carnaval

    La frase venía como anillo al dedo a Eloy Pá en otra de sus crónicas para dar la razón al popular dicho: “Busca la sociedad una época determinada para cubrirse la cara y decir cuatro lindezas al prójimo, cuando diariamente vemos a infinidad de seres hipócritas que habría que escupirles a la cara si no fuera por el temor de que faltara saliva para tantos como lo merecen” (5).

    La novedad del invento se sumaba a una realidad que han sufrido todos los deportes en sus inicios: el enfrentarse a las gentes proclives a desatar la lengua con insultos y “lisonjas” ofensivas, cuando no osaban cultivar una de las habilidades favoritas, las pedreas.

    No obstante, los vientos fríos, la nieve y las húmedas nieblas, propias de los primeros meses del año, que convertían las carreteras en verdaderos lodazales, impedían a los aficionados al “sport” cíclico hacer sus acostumbrados paseos y excursiones.

    Las bicicletas descansaban simétricamente alineadas en uno de los salones del club, mientras que en el departamento destinado a gimnasio, las anillas, el torniquete, las paralelas, el trampolín y otros aparatos, se veían frecuentados para ejercitar trabajos de pulso, fuerza, flexibilidad, etcétera.

    Llegaba el carnaval y las veladas de los velocipedistas en los salones de la antigua sociedad de baile “La Lira”, presidida por D. Mauricio Berned. La falta de noticias deportivas se suplía con la información de las diversiones propias de estas sociedades pudientes. 

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Eloy PÁ: “Correspondencia”, Huesca, 10 noviembre de 1892, en El Ciclista, Año II, Barcelona 16 Noviembre 1892, Núm. 18.(2) José E.G. FRAGUAS: Tratado racional de gimnástica y de los ejercicios y juegos corporales. Tomo II, Madrid, 1894, p. 465.(3) Opus citat.(4) Eloy PÁ: “Por correo”, Huesca, 27 de diciembre de 1892, en El Ciclista, Año III, Barcelona 16 de Enero de 1893, Núm. 21.(5) Eloy PÁ: “Por correo”, Huesca, 10 de Febrero de 1893, en El Ciclista, Año III, Barcelona 1 de Marzo de 1893, Núm. 24.

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¡Churro va!

¡Churro va!

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

  Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón, Domingo, 15 de mayo de 1994

  Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

       Uno de los juegos infantiles más conocidos y practicados en España, a pesar de las dosis de brutalidad que imprimen los niños y niñas al ejecutarlo, es el ¡Churro va!

     El desarrollo del juego es prácticamente idéntico en todas partes, pero su denominación y formulillas utilizadas varían de un lugar a otro. El juego se inicia dividiendo a los participantes en dos bandos de igual número de jugadores cada uno, formados por elección alternativa de dos de los más destacados. A continuación se designará cuál de los bandos adopta la situación inicial más ventajosa, siguiendo alguno de los modos más utilizados: a cara o cruz, a pares o nones, a pies, etcétera.

    Los jugadores del bando que "la paga" se colocarán agachados, de manera que el primero apoye sus manos y la cabeza sobre uno que no juegue, situado de espaldas a una pared o sentado en un banco, y que recibe el nombre de "madre"; los demás adoptarán la misma postura de "burro", poniendo la cabeza entre las piernas del compañero que le precede y sujetándose con las manos en las piernas del mismo.

     Cuando el primer equipo se dispone en forma de "churro", los miembros del otro tomarán carrera, uno a uno, diciendo: "¡churro va!", y saltarán dejándose caer sobre los "burros". Una vez acoplados todos, el primero en saltar formulará la siguiente pregunta: "Churro, media manga o manga entera, ¿qué será?", tocando, respectivamente, la muñeca, el codo y el hombro, para finalizar señalando una de las partes. Un jugador del equipo "pagador" intentará adivinar la posición marcada, actuando la "madre" como testigo y juez. Si acierta intercambiarán los papeles; si no es así, volverán a empezar.

    Existen varias reglas generalizadas que todavía no hemos señalado; una es que los saltadores deben permanecer en la misma posición de caída, sin moverse; otra, que tampoco pueden tocar el suelo. Si se incumple cualquiera de estas reglas se invierten las situaciones de juego. Por el contrario, si el "churro" formado por los "burros" se parte o se hunde, vuelven a "pagarla".

El borriquillo falso

    El borriquillo falso es semejante al juego del ¡churro va! y al conocido como caballo fuerte. Este último consiste en que el primero de los jugadores que forman el "caballo" (igual que el "burro") se apoya en una pared, y el último de los saltadores debe pasar por encima de sus compañeros y tocar la pared. Los que saltan no pueden tocar el suelo con el pie ni caerse; en ese caso se intercambian las posiciones.

    Luís Gracia Vicién (1) recoge algunas de las denominaciones que el ¡churro va! adquiere en diferentes zonas de Aragón y, en relación con los anteriores, señala: "En Huesca se llama el borriquillo falso un juego similar al caballo fuerte. Lo que en Castilla se conoce por caballetes o garbancillo, caval Bernat en Cataluña". Los bandos se formaban por un sorteo conocido como la suerte del "bombé". En vez de utilizar una formulilla para adivinar, el capitán o último saltador se encaramaba por encima de sus compañeros para recoger un "moquero" que estaba en la cabeza de la "madre". Si lo conseguía habían ganado el juego y volvían a saltar.

    Siguiendo a Luís Gracia Vicién, en La Litera se llamaba a este juego el burro falso. En Graus Sardina monta encima y el último saltador gritaba en la última suerte: "¿barbo o sardina?" (puño cerrado o palma abierta). En el Valle de Benasque era el tuturumbé, del mismo modo que el anterior. En algunos pueblos de la Alta Ribagorza lo llaman caball fort. En Estadilla cancamullos. En el Bajo Valle de Mezquín turolense se conocía un juego similar llamado cascabel. En Lledó (Teruel), el caballet. En las villas turolenses de Albalate del Arzobispo y en Híjar los niños jugaban a una variante que llamaban Sota, caballo y rey, combinación del juego de caballetes y morra.

    En Estadilla el juego del churro se conocía como caballito inglés. María Carmen Mairal (2) recoge más denominaciones de otros lugares del Alto Aragón: palmo, zurco, etcétera.

     En otros lugares de Aragón se señalan tres partes de un dedo, haciendo referencia al "churro (la punta), media manga (en medio) o manga entera (el inicio del dedo)". En el libro Juegos de ayer para hoy (3) se recogen otros nombres utilizados en la comarca de Calatayud con las respectivas formulillas: para borricada, "frente, nariz o barba"; para chirle, "chirle, media manga o mangón"; para chirimanga, "manga entera", y para tintero, "pluma, tintero, papel o muestra".

    Las tácticas utilizadas por los jugadores de ambos bandos son múltiples. Los más fuertes se colocan los últimos al formar el "burro". En el equipo saltador, unas veces los más hábiles lo hacen primero, para acercarse lo más posible a la "madre" y dejar sitio al resto; otras, saltan todos sobre uno de los más débiles, intentando hundirle para que la vuelvan a pagar. Cuando todos caen sobre el mismo individuo se suele formar una torre y puede darse una de estas situaciones: que pierdan el equilibrio y caigan, que se hunda el "burro" o que aguante soportando un gran peso. Cuanto más brutal es el juego, más aumenta la emoción y, al mismo tiempo, el peligro.

    Para vencer es necesario que el equipo esté formado por ágiles saltadores y por tipos de peso. Una de las tácticas más bestiales, y también más utilizadas, consiste en que uno de los peores saltadores brinca en primer lugar, ocupando una de las ultimas posiciones del "burro", y los demás ejecutan su salto apoyándose en el compañero para aumentar el impulso y caer "a peso mierda", con el fin de desplomar al "caballo".

¿Pico, pala o puño?

    En las dos Castillas también existen distintas versiones en el enunciado del juego, aunque el desarrollo es básicamente el mismo. Ignacio Sanz (4) cita algunas variantes. El equipo que "la liga" tiene que adivinar uno de los nombres, que corresponden a los dedos de la mano, comenzando por el meñique. En Villasayas (Soria) se dice: "¿Zurro, pico, taina, tambor o gaita?". En Muñoveros (Segovia): "¿Chorro, pico, talle, cresta o quinesta?". En Retortillo (Soria): "¿Churribonete, borriquete, taino, corral o manzanil?".

    También se da la variante: ¿Churro, churreta, media manga o manga entera?", correspondiéndose con la mano, muñeca, codo y hombro. Hay otra más sencilla, compuesta sólo de dos posibilidades: "¿La punta la cigalga, para arriba o para abajo?"; se trata de la mano, según apunte para el cielo o al suelo.

    En la comarca soriana adnamantina (Almazán) este juego recibe diferentes nombres: El burro; pico, pala o puño; zurro, pico taina, tijerillas y gamellón; churro media manga o mango entero; la paloma, etc. Los que forman el "burro" deben adivinar una palabra de la formulilla "¿pico, pala o puño?", que corresponde a señalar un dedo, la palma de la mano extendida o al puño cerrado, respectivamente. Otras veces se pregunta, "¿zurro, pico, taina, sardina o pez?", en relación con cada uno de los dedos de la mano. La "madre" es el "ama".

    Igual que en Aragón, si el "burro" se "ringa" o se "rila" (se hunde por el peso) la vuelven a pagar. En esta zona se introduce la prohibición de que los saltadores claven sus tacones en las costillas del que tienen debajo; a esto se le llama "espuelas", aunque en Baides (Guadalajara) esta palabra quiere decir que se enganchan con los pies para no caer, y en Sigüenza (Guadalajara) a lo mismo se le llama "trabas", y también está prohibido. Si incumplen estas normas los equipos invierten las posiciones.

    En Sigüenza, en ocasiones, se complica la clásica formula de las tres palabras con una cuarta; se dice: "¿churro, taina, media manga o manga entera?, adivina a la primera". El churro corresponde al puño y la taina a la muñeca. Si los del equipo que "la quedan" piden "cuartas" (que los pies de los saltadores estén a un palmo del suelo) y son "verdaderas", "se la ligarán".

    En Luzaga (Guadalajara) las palabras de la formulilla son "¿churro, pico, tallo, peral o manzano?" y corresponden a los cinco dedos de la mano, comenzando por el dedo pulgar, respectivamente. En otros lugares de Castilla se denomina al juego la madre tonta. En Estepa (Sevilla) el juego toma el nombre de las palabras que se preguntan: zorro, pico o taña; para "zorro" se juntan los dos puños, "pico" se forma uniendo las puntas de los dedos índices y "taña" consiste en unir las palmas de las manos con los dedos separados.

    Francisco Pedegal (5) recoge una variante que llama caballo en reata; de este juego dice que es "activo y de resistencia, propio para alumnos de doce a quince años". Es, en su ejecución, más primitivo que el churro; consiste en saltar sobre los que forman el "caballo" tratando de no tocar el suelo, que es la única falta del juego. Los que sirven de base suelen moverse y saltar, con objeto de que cometan falta los que están montados, y avisan al otro bando cuando han de bajar.  

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) GRACIA VICIÉN, L.: Juegos aragoneses. Historia y tradiciones. Mira Editores-D.G.A., Zaragoza, 1991, pp. 25 y 26.

(2) MAIRAL CLAVER, Mª C.: Juegos tradicionales infantiles en el Altoaragón. I.E.A. Huesca, 1987, pp. 50 y 51.

(3) VV.AA.: Juegos de ayer para hoy. CEP de Calatayud, Zaragoza, 1989, pp. 61 y 62.

(4) SANZ, I.: Juegos populares de Castilla y León. Castilla Ediciones, Valladolid, 1983, pp. 83 y 84.

(5) PEDREGAL PRIDA, F.: La educación gimnástica, Madrid, 1895, pp. 333 y 334.

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Notas de ciclismo oscense (1893)

Notas de ciclismo oscense (1893)

El Ciclista, nº 29, 1893

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Domingo”, suplemento del Diario del Altoaragón, Domingo, 28 de marzo de 1999

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

     Durante el invierno la actividad velocipédica se paralizaba por las condiciones climatológicas. En cuanto mejoraba el tiempo los ciclistas iniciaban sus habituales excursiones y las porfías para probar sus aptitudes.

    El 5 de marzo de 1893 se verificó una carrera entre Juan Pérez y Mariano Otal, socios del «Club Velocipedista Oscense»; ambos convinieron en disputar un “récord” de 36 kilómetros (Huesca-Plasencia-Huesca). El vencido debía pagar una cena en el Hotel de la Unión al vencedor, padrinos, jurado y al corresponsal de El Ciclista (Eloy Pá).

     La prueba fue muy reñida y hasta los últimos kilómetros no pudo decidirse quién iba a llegar vencedor. Pérez se impondría finalmente, con mucho esfuerzo y tendiéndose materialmente sobre la rueda delantera.

    En la cena prometida, tras la llegada del champagne, volvieron a concertarse nuevas apuestas: Una de 8 kilómetros entre Pérez y Otal, y otra de larga distancia, que designarían Campaña y Berned como respectivos padrinos de los contendientes Montestruc y Gascón. También hubo retos, pendientes de confirmación, entre Berned y Bescós, y entre el joven Laboreo y Calvo. Las enfermedades, en unos casos, y la falta de decisión de otros, impidieron que las apuestas señaladas se celebraran.

El viaje de novios de Campaña

    Algunas actividades ciclistas de aquella época eran verdaderas aventuras. En este sentido, El Ciclista del 16 de marzo de 1893, en una de sus noticias breves, comentaba que varios ciclistas oscenses tenían proyectada una excursión a Mont-de-Marsan (Francia), cruzando los Pirineos, en la que invertirían tres o cuatro días.

    En este mismo número se daba la noticia de la determinación tomada por Gregorio Campaña de no participar en ninguna carrera de velocidad, debido a la imposibilidad de dedicarse al velocipedismo como quisiera por sus obligaciones profesionales, entre otras causas.

     Sin embargo, Campaña sí que iba a participar en las carreras de resistencia, proponiéndose establecer nuevos records. La empresa no era fácil, los ciclistas se enfrentaban a las dificultades de la ruta: carreteras en mal estado, cuestas pronunciadas, curvas muy cerradas...

    A primeros de abril de 1893 Gregorio Campaña conseguía un nuevo “récord”, contraía matrimonio con una bellísima y distinguida señorita.

    El viaje de novios de Gregorio Campaña y de su mujer fue un nuevo hito del ciclismo aragonés. Marcharon de viaje a Francia y durante su breve estancia en Burdeos y en Pau, la señora de Campaña aprendió a manejar una bicicleta tandem, que adquirieron para utilizarla como medio de locomoción y para regresar a Huesca.

    La aventura que supuso la travesía por los Pirineos fue digna de un relato novelesco. Salieron de Olorón a las seis de la mañana del 26 de abril, con la intención de recorrer los 24 kilómetros que les separaba de Bedous, pero, como en este lugar todavía no notaban cansancio, decidieron continuar hasta Urdos (17 kilómetros). A esta población llegaron a las doce y quince minutos.

    Gregorio Campaña estaba acostumbrado a tomar notas de todos los acontecimientos que rodeaban a su actividad deportiva, y quizá también de otros muchos hechos de su vida cotidiana. Eloy Pá utilizó su diario de viaje, en el que describía con detalle el viaje de novios y las bellezas de la naturaleza que encontraba a su paso, para la crónica que publicó en el número 30 (1 de junio de 1893) de El Ciclista.    Después de un descanso de seis horas, los enamorados intentaron atravesar la frontera, pero un fuerte aguacero les obligó a pasar la noche en una borda o casa de campo, donde fueron amablemente acogidos por el matrimonio que la habitaba.

    Al día siguiente se levantaron a las seis de la mañana, y cuando faltaban 10 kilómetros para llegar a la cima del puerto, travesía que nos podemos imaginar muy peligrosa y difícil de salvar en bicicleta, Campaña adquirió un borrico en la posada del Pello (allí disponían de caballerías que ayudaban a realizar la trayecto a toda clase de carruajes).

    En borrico cargó con la consorte de Campaña, al mismo tiempo que tiraba de la bicicleta que él manejaba. Después de una pesada ascensión, en el pilón que marcaba la línea divisoria entre ambas naciones estamparon sus nombres.

    El descenso hasta Canfranc fue más arriesgado por las peligrosas pendientes, curvas rápidas y precipicios a ambos lados de la carretera. Las ruedas de la bicicleta patinaban en el suelo helado y el nerviosismo de la esposa pudo contenerse gracias a la serenidad y sangre fría del habilidoso Campaña.    Tras un día de descanso en Canfranc, emprendieron la marcha con dirección a Jaca y Anzánigo, y doce horas después partieron para Ayerbe, donde lazos familiares, con su pariente Ovejero, les retuvo hasta el día 30. En esta fecha, a las cinco de la tarde, se dirigieron a Huesca, salvando la distancia entre ambas poblaciones en dos horas y treinta minutos.

    Al atravesar el Coso, llamó poderosamente la atención entre la numerosa concurrencia ver, por primera vez, una bicicleta-tamdem guiada por una mujer.

Los peones camineros en “El Ciclista”

    No cabe duda de que Pá era un personaje dinámico escribiendo crónicas; su apasionamiento lo podemos apreciar en una larga carta enviada al director de El Ciclista (1), y dirigida al Sr. Ministro de Fomento, D. Segismundo Moret y Prendersgat, por el efecto que le produjo la siguiente noticia tomada de un periódico zaragozano:

    “Once capataces y ochenta y cinco peones camineros, quedan cesantes en esta provincia con las últimas reformas del ministro de Fomento. Quedarán excedentes los que menos tiempo lleven desempeñando los cargos”.

    Eloy Pá comenzaba su exposición en los siguientes términos: “Natural y vecino de Huesca, de 31 años de edad, soltero y de profesión comerciante, según lo acredita la cédula personal extendida por esta Administración con el núm. 1.000, hallándose en pleno goce de sus derechos civiles y políticos, no ha sido nunca procesado, aún cuando lo merece a diario por los abortos que da a luz en sus aficiones periodísticas, etc., etc., tiene la osadía de emitir su opinión sobre las reformas a que se refiere el recorte trascrito al principio”.

    El estado de las carreteras era tan deplorable que Pá no pudo contenerse, dedicando una larga exposición de elogio y defensa a los peones camineros e ironizando en su inflexible crítica a la decisión del ministro.

     Pá predecía la decadencia del sport “cíclico” en España si no mejoraban las carreteras y este ejercicio que, según sus palabras “favorece el desarrollo de la juventud, al par que le aleja de otros centros que la aniquilan y envejecen prematuramente”, moriría apenas nacido, y cuando precisamente necesitaba de los cuidados y apoyos de los que podían favorecerlos.

    La mordacidad con que Pá se dirigía al ministro en su artículo, en un asunto que afectaba a su afición favorita, es una muestra de la constante pugna que mantuvieron los deportistas, de diferentes especialidades, con los poderes públicos y políticos en los inicios de la práctica del deporte moderno.     Eloy Pá concluía su exposición de esta guisa:

     “Ya, pues, que V.E. aumenta los trabajos de sus subordinados, al mismo tiempo que disminuye el personal, yo, en mi calidad de elector aragonés, de cuya región es V.E. uno de sus dignos representantes en Cortes, le suplico que aproveche su paso por el Ministerio que ocupa, y que es el encargado de cuanto se refiere a vías y obras, para que nos haga un ramal que nos ponga en comunicación con la vía láctea, a donde tendremos que dirigirnos para dar rienda suelta a nuestras aficiones velocipédicas.

    Si con los expuesto me concede V.E. un átomo de sentido común, considéreme como inmediato sucesor a su cartera, que de desempeñarla le prometo cobrar la nómina tan puntualmente como V.E. y hacer las cosas tan rematadamente mal como... no habría ejemplo.

    Que Dios guarde a V.E. muchos años, y que el cielo le ilumine en sus actos, que así lo desea quien le bendice en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Eloy PÁ: “Por correo”, Huesca, 25 de junio de 1893, en El Ciclista, Año III, Barcelona 1 de Julio de 1893, Núm. 32.

El remoto y simbólico juego del ajedrez

El remoto y simbólico juego del ajedrez

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón. Domingo, 23 de junio de 1996

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

     Este juego se atribuye al griego Palámedes, que lo inventaría durante el sitio de Troya para distraer a los guerreros durante los días de inacción. Otros dicen que el antecesor del juego actual del ajedrez se practicaba en Asia; a mediados del siglo VII los árabes lo descubrieron al conquistar Irán, lo adoptaron y perfeccionaron. Un siglo más tarde lo introdujeron en Europa.

    También se dice que proviene de los persas o de los chinos, que lo dieron a conocer a los árabes. En Europa se introduciría después de las Cruzadas. Los indios atribuían el descubrimiento a Sisa. Los japoneses, los egipcios o incluso los árabes españoles figuran en la lista de posibles inventores, aunque un persa parece aventajar a cuantos se disputan la supremacía del juego.

    La versión más admitida sobre quién concibió el juego recae en el conocido rey persa Artajerjes. Según dice Rodríguez de Castro en su Biblioteca española, por dicho medio aprendió el rey a administrar justicia en sus reinos y a ser equitativo con sus vasallos.

    Blasco Ijazo (1) señalaba que el ajedrez ha sido ocupación casi exclusiva de príncipes, filósofos y grandes capitanes. Luego, a pesar de los esfuerzos que realizó la civilización por nivelar las distinciones sociales del juego del ajedrez, no pasó de ser el digestivo de las clases mejor acomodadas. En la actualidad, ya podemos decir que el ajedrez lo practican todos los estratos de la sociedad.

El ajedrez en España

    El juego del ajedrez, al parecer, se introdujo en España entrada la segunda mitad del siglo XIII, durante el reinado de Alfonso X el Sabio. En 1283, Alfonso X el Sabio dio a conocer el Códice titulado “Libro de los juegos de Alfonso X”.

     En esta época, según señala Blasco Ijazo, vivía en Barcelona un rabino por cuyo talento mereció el calificativo de Cicerón hebreo; se llamaba Jedahiah y escribió un curioso trabajo del juego del ajedrez del que hicieron salmos los eruditos extranjeros. Jedahiah decía que el juego fue inventado por los sabios egipcios con objeto de proporcionar a los príncipes de la tierra un esparcimiento digno de sus personas y que al mismo tiempo les sirviera de instrucción en el modo de gobernar a sus pueblos con equidad y justicia.

    Jedahiah disertaba sobre el juego y también comparaba el ajedrez con otros juegos populares de la época: “El juego es uno de los vicios que con mayor insistencia he reprendido en mis libros, pero la experiencia me ha demostrado, ahora que soy viejo, cuán trabajoso resulta para el hombre el camino de la virtud si no se allana con algún honesto recreo que alivie un tanto sus fatigas. El juego de los naipes y el de los dados, que son por su naturaleza los más solicitados y los que atraen las pasiones de la edad adulta, ocasionan graves perjuicios a la moral pública, y no poco desarreglo en las facultades mentales del jugador, mientras que el ajedrez, al paso que deleita, instruye en las máximas de una sana y verdadera filosofía”.

    Ciertamente, los naipes formaban parte de la pasión dominante de los cortesanos de aquel siglo, que aprendieron de los franceses el arte de desplumar a los incautos.

El simbolismo del ajedrez

    Según Jedahiah, el ajedrez, con las piezas debidamente colocadas y en reposo, constituye un cuadro simbólico que representa el alto personal político-religioso de los gobiernos israelitas; las atribuciones dadas a cada una de las piezas en su orden de marcha son análogas a las que tenían aquellos dignatarios en sus funciones. De este modo, comparaba el tablero con un reino en estado de paz, cuyos habitantes vivían sumisos a la voluntad absoluta del Soberano y de los magistrados. El rey, sentado en su trono, administraba justicia; a su lado; el sumo sacerdote (la reina) compartía con el Soberano el gobierno de sus vasallos. El virrey (primer alfil) y el consejero (segundo alfil) gobernaban directamente al pueblo. El gran capitán (primer caballo) dirigía el ejército, peleando en primera fila, mientras que el segundo caballo se asociaba al prefecto de los sacerdotes. La primera torre era el orador que arengaba al pueblo hebreo antes de comenzar la batalla, mientras que la segunda torre era el jefe del templo que presidía el culto; los peones se equiparaban a los infantes.

    Interesante resulta, asimismo, el testimonio del citado rabino cuando el reino estaba en guerra con sus vecinos. La alegoría era distinta; ya no se trataba de los israelitas, sino de los medos y de los persas, pueblos muy belicosos y superiores a todos los orientales en el “arte” de la guerra. El orden de batalla, marcha y ataque de las piezas del ajedrez era semejante a la manera de pelear de aquellos pueblos. 

    Independientemente de que los medos y los persas pelearan de una manera u otra, por su interés transcribimos el texto de Blasco Ijazo basado en el de Jedahiah:

    “El rey se llama «Shah», la reina «Pherzán», el elefante se convierte en elefante o «Phil», el capitán de los caballos es «Pharas», y «Roc» el castillo.

    Colocados los dos ejércitos frente a frente, empezaban los «Infantes» (peones) la lucha marchando a encontrarse en línea recta y atacándose de costado, sin que les fuera permitido dar un paso atrás, aunque se vieran amenazados de muerte. El «Pharas» iba en su carro y pasaba por encima de los guerreros sin consideración alguna; pero es probado que jamás despachurró a ninguno de los suyos.

    El elefante caminaba oblicuamente y, aunque pesado en sus maniobras, barría con su trompa en un santiamén cuanto encontraba en su camino. Los ambulantes castillos, defendidos por saeteros, atacaban en todos los sentidos y eran el amparo del Soberano cuando éste se veía en peligro. La reina, cuyo deber consistía en guardar a su señor, iba a donde quería y por donde quería con tal de que caminase con mesura y no saltando que es cosa impropia de las damas. El rey, a quien nadie osaba acometer sin pedirle antes su venia, no salía de sus reales sitios sino en casos extremos y procuraba abrigarse a la sombra de los suyos que a porfía se sacrificaban por salvar su corona. Huir era un baldón para el soldado; retirarse a tiempo, la gloria del buen capitán, porque en aquellas ejemplares lides la victoria favorecía al más astuto, no al más fuerte, y ninguno de los contendientes se consideraba vencidos hasta que moría su príncipe soberano. Muerto el rey, el ganador gritaba a sus compañeros: «¡Shah mat!» ¡El rey es muerto!, y, dueño del campo, recibía los honores del triunfo”.

    Parece evidente que el espíritu del juego se acomoda más a la idea de una batalla. La etimología de los nombres que reciben cada una de las piezas también muestra innegable analogía.

El ajedrez en Aragón

    La práctica del ajedrez en Aragón se fomento siempre entre las diferentes clases sociales. Según Blasco Ijazo (2) “más de un monarca aragonés hizo donación de trebejos para tan interesante distracción en nobles y aun en vasallos. Trebejos en la acepción castellana de «cada una de las piezas del juego del Ajedrez»”.

    José Blasco nos muestra una relación de las obras de ajedrez en poder de los monarcas aragoneses. Las primeras constan en un inventario de la biblioteca del rey Martín I (el Humano), realizado en 1410; en él se señala la existencia de cuatro libros que tratan de ajedrez.

    Del mismo siglo XV datan las obras de Mose Asán, de Zaragoza; de Bonsenior Aben Jachija (el hebreo) y varios manuscritos de Fray J. Cassoles. También de esta época ha llegado hasta nuestros días un interesante manuscrito titulado “Hobra intitulada Scachs damor”, de Mossen Fenollar; presenta la partida más antigua que se conoce con el actual modo de jugar.

    La era cumbre del ajedrez aragonés se produjo por la influencia de los reyes Jaime I el Conquistador, de Alfonso V de Aragón y de Fernando II el Católico, circunscrita casi exclusivamente a la nobleza.

    En los siglos XVI y XVII sobresalieron Escovara, Roscés, Esquivel y algún otro aragonés. Ya metidos en el siglo XIX se dieron a conocer nuevas y destacadas producciones ajedrecistas, de las que trataremos otro día. 

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) BLASCO IJAZO, José: “El juego del ajedrez (I)”, en El Noticiero, 4 de septiembre de 1955.

(2) BLASCO IJAZO, José: “El juego del ajedrez (II y último)”, en El Noticiero, 18 de septiembre de 1955.

El ideal del deporte universitario

El ideal del deporte universitario

Unión Deportiva Universitaria. De izquierda a derecha, de pie: Soralvos, Echevarría, Garzavarin, Moreno, Urbina, Gobeo;Paráis;Santías, Arrostegui. Sentados: Altolaguirre, Recondo, Albea. Foto: El Noticiero.

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón, Domingo, 1 de marzo de 1998

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

    A partir de una serie de artículos publicados en la prensa, en 1924, nos enteramos de cómo surge el deporte en la Universidad, especialmente el relacionado con Aragón; es decir, de la Universidad de Zaragoza, que, como veremos, repercute en la Universidad española. Estos textos también nos aportan información sobre el modelo que caracterizaba al deporte universitario.

    Dos fenómenos influyen en la evolución inicial de este deporte: el excesivo protagonismo del fútbol y su profesionalismo.

La primera universidad deportiva

    La Universidad de Zaragoza fue la primera en España en apoyar y proteger el deporte a través de la "Sociedad Deportiva Universitaria". La idea de fundar una sociedad deportiva, formada sólo por estudiantes, surgió de un grupo de jóvenes en junio de 1922. Se inspiraba en el ideal "amateur" o aficionado, incompatible con el que se empezaba a desarrollar en la mayoría de las sociedades deportivas de la época.

    En los comienzos, unos pocos socios constituyeron una sociedad que llamaron "Iris", por reunir en su distintivo los colores de las diversas Facultades, que se fundían como los colores del éter en el blanco de sus camisetas. Estos jóvenes, que iniciaron su dedicación al deporte activo en las arboledas del Ebro, pronto serían reconocidos por la Universidad de Zaragoza, constituyéndose la "Sociedad Deportiva Universitaria".

      El impulso de esta formación deportiva vino acompañado de hombres encomiables, como don Ricardo Royo, don Inocencio Jiménez, don Miguel Allué y el que fuera destacado deportista don José Mª Gayarre.

    Los ideales que les unían podían simplificarse en dos propuestas: el triunfo del "amateurismo" y el mejoramiento de la raza. Para alcanzar estos objetivos se habían fijado un lema: "Sin feinn" (nosotros mismos).

Éxitos deportivos

    La "Deportiva Universitaria" dedicó sus primeros esfuerzos a la práctica del fútbol, en contra de la opinión que algunos tenían de este deporte; había quien consideraba que el fútbol era apasionante y un poco brutal, y, por tanto, indigno de ser patrocinado por los centros de cultura, como son las Universidades. En su favor estaban los que concebían una universidad deportiva, similar a las célebres de Oxford, Cambridge, Yale o Harward.

    En su segundo año de vida, con el fútbol se alcanzó el segundo puesto en la categoría más alta del fútbol aragonés, el Campeonato de la Primera Categoría, serie A, de 1923/24. No obtuvieron el primer puesto, que merecían, según la opinión de Castor y Polux (1), por "la desgracia y las intrigas".

    Estas y otras razones (egoísmos, intrigas y profesionalismo) motivaron su separación de la Federación Aragonesa de Fútbol, ya que consideraban que todo esto era incompatible con la misión de la "Deportiva Universitaria".

    Otro de los deportes que se iniciaron con relativa pujanza en la época fue el atletismo. Pocos universitarios lo practicaron en sus comienzos, pero los resultados fueron excelentes. En la "Gran Semana Deportiva", organizada por la Comisión de Atletismo de la Asociación de Cultura Física, coincidiendo con las fiestas del Pilar de 1922, participaron dos atletas: Tomás Indart logró ganar al veterano Aznar en los 100 m., quedando campeón, y Jesús Valdés venció en salto de altura, batiendo el récord, elevándolo a 1,62 m. 

    En 1923, en los primeros campeonatos oficiales de Atletismo, Valdés obtuvo el triunfo en salto de altura y 800 m., y representó a Aragón en los Campeonatos nacionales, disputando las pruebas de 400 m., 800 m., relevos, salto de altura y triple salto. En salto de altura se clasificó segundo en el Campeonato de España. En 1932 todavía se estimaba que sus marcas de altura (1,69 m.), salto de pértiga (2,89 m.) y triple salto (12, 13 m.) eran las mejores realizadas en Aragón hasta el momento.

    También hubo participación universitaria en natación; Hilario de la Figuera triunfó en 1923 en una prueba de neófitos disputada en San Sebastián, consistente en la travesía del Urumea.

    En "tennis" todavía no habían competido oficialmente, pero ya había muchos estudiantes que practicaban este deporte. 

    La Universidad se convirtió en poco tiempo en una cantera de deportistas, de la que se fueron nutriendo las sociedades deportivas. Frente a las discusiones en torno al profesionalismo ocioso del deporte, que se extendía por toda España, en la Universidad se trabajaba por una "labor educativa de la inteligencia deportiva del joven español en dos sentidos: el moral y el físico." Joaquín Mateo (2) lo justificaba diciendo que "los deportes, desgraciadamente en nuestras tierras, han caído en poder de especuladores, que abren sus productivos o ruinosos negocios -que de todo hay- con el nombre de entidades que merecían por sí solas el mayor respeto a que son acreedoras en sus empresas netamente altruistas, puramente románticas...".

    La separación de la Federación, del equipo de fútbol de la "Universitaria", supuso que sus jugadores marchasen a otras sociedades; el equipo más beneficiado fue el "Iberia". Muchos creían que la causa de la "desfederación" había que buscarla en no disponer de campo de juego en condiciones. El verdadero motivo era el del "profesionalismo".

    Castor y Polux lo dejaba bien claro; "había que huir del peligro por dos razones: porque nuestro ideal era con él incompatible; porque profesionales ya, no hubiéramos hecho más que lo que cualquier otra sociedad mal titulada deportiva: fútbol nada más" (3).

Proyectos de la Universidad de Zaragoza

    La Universidad de Zaragoza, es decir, La "Deportiva Universitaria" preparaba en 1924 la creación de nuevas secciones deportivas: de "basket-ball", natación y remo.

    Es la primera vez que encontramos una referencia al "basket", o baloncesto (4), en Aragón. La Universidad ya tenía terrenos para practicar este deporte y había conocedores del juego (5).

    Para ejercitar la natación se pensaba en la construcción de una gran piscina universitaria, y mientras tanto el Ebro serviría de amplio campo de entrenamiento. Y para el remo se iba a solicitar permiso, con la intención de disputar regatas ese mismo año en el Ebro; sólo era necesario encargar yolas y esquifes.

    También se pretendía reformar las secciones de "foot-ball", "tennis" y atletismo. Se estaban realizando reformas en un campo que se había arrendado en el Arrabal para jugar al fútbol, donde se jugarían partidos con otros equipos universitarios. Se proyectaba aumentar el número de pistas de tenis existentes en la Residencia de Estudiantes, y, respecto al atletismo, querían que su práctica se extendiera entre todos los socios, no con vistas a los campeonatos, sino a la cultura física, construyendo un gimnasio y pistas de carreras. A través del atletismo intentaban observar el desarrollo del organismo de sus practicantes, con controles al inicio y final del curso.

    Otros proyectos, que llegarían a hacerse realidad, están vigentes en la actualidad, aunque no con el grado de cumplimiento que se pretendía: "Reunión de una Asamblea nacional de Universidades, en la que quedaría constituida la Federación Nacional Deportiva Universitaria, que laboraría intensamente favoreciendo las relaciones entre las universidades españolas y entre éstas y las extranjeras".

    La lista de objetivos continuaba con otras intenciones: Organizar una gran semana deportiva. Intensificar la acción deportiva universitaria en las escuelas especiales, institutos y colegios. Y la creación de campeonatos nacionales universitarios de varios deportes.

Corazón y cerebro

    Según las ideas expuestas por Castor y Polux (6), el hombre no sólo necesita la fuerza, la habilidad o la destreza para practicar debidamente el deporte; necesita además el corazón y el cerebro, factores que se encuentran desarrollados principalmente entre los estudiantes. "Corazón para luchar por la gloria del deporte, por el esplendor de la patria y por el triunfo del ideal; cerebro, para saber dar a sus empresas la prudencia necesaria, la sagacidad precisa que los haga triunfar en todos los obstáculos".

    Estas trasnochadas ideas justificaban que los escolares fueran excelente materia para convertirlos en hombres fuertes, sanos y propagandistas entusiastas y desinteresados del deporte. Asimismo, se vinculaba el deporte a la raza y a la disciplina. Por último, toda esta labor debía llevarla a cabo el Estado y la Universidad, conjuntamente con Institutos, escuelas y colegios. 

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Castor y Polux: "La «Deportiva Universitaria» y sus triunfos", en El Noticiero, 12 de agosto de 1924.

(2) Joaquín Mateo Linares: "La Universidad y los deportes (I)", en El Noticiero, 9 de septiembre de 1924.

(3) Castor y Polux: "Cruzada deportiva III. Programa deportivo universitario", en El Noticiero, 16 de septiembre de 1924.

(4) El baloncesto fue inventado en 1891 por J. Naismith, en EE.UU. Los soldados americanos que participaron en la Primera Guerra Mundial lo dieron a conocer en Europa. En España se comenzó a practicar en 1922; el escolapio Eusebi Millán lo aprendió en Cuba y lo enseñó a sus alumnos del colegio Sant Antoni de Barcelona.

(5) Hasta 1925 se jugaba con equipos de siete jugadores y en terrenos de fútbol, con los paneles fijados encima de las porterías (F. Santos Vázquez Rabaz: Baloncesto básico. Alhambra, Madrid, 1986, p. 4.).

(6) Castor y Polux: "Cruzada deportiva IV y última. El porvenir de la raza y el deporte universitario", en El Noticiero, 30 septiembre de 1924.

Manuel Ricol, el decano del ciclismo en España

Manuel Ricol, el decano del ciclismo en España

Portada dedicada a Manuel Ricol por la revista Los Deportes de Barcelona con motivo de la visita del veterano ciclista al Dr. Barraquer (Barcelona, 9 de junio de 1901)

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Domingo”, suplemento del Diario del Altoaragón, Domingo, 11 de abril de 1999

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

    Hace poco tiempo nos recordaba Mariano Amada, ligado por lazos familiares a la ciudad de Barbastro, que este año se cumplía el Ciento Cincuenta Aniversario del nacimiento de Manuel Ricol Giner, relojero barbastrense y pionero del ciclismo español.

    Recientemente Francisco Lagardera publicaba un interesante artículo titulado “Ciclismo y modernidad en Barbastro durante el siglo XIX”, en la revista Somontano, y que, sin duda, era un homenaje a tan distinguido velocipedista.

   Por nuestra parte, más modestamente, queremos contribuir con este y quizá con algún otro artículo, recordando alguna de las múltiples hazañas de Ricol; de esta manera nos unimos al homenaje que la ciudad del Vero está obligada a rendir a tan ilustre personaje.

Los inicios velocipédicos de Ricol

    A Manuel Ricol se le considera el decano del ciclismo en España; nació en 1849, en Castellote (Teruel), trasladándose su familia a Barbastro cuando tenía ocho años. En 1869 ya montaba en velocípedo, a los pocos años de que fuera inventado por los hermanos Michaux (1860). En 1877 se estableció en Barbastro de relojero y poco después fundaría el primer Club Velocipedista de Aragón.

    Los inicios de la historia del velocipedismo español están íntimamente ligados a su nombre. La memoria ciclista del oscense Eloy Pá también iba unida a este personaje:

    “Yo recuerdo que todavía niño, y cuando ni siquiera sabía pronunciar la palabra velocípedo, veía un hombre de larga y sedosa barba negra, montado sobre un hierro sostenido por una rueda extraordinaria por lo grande y otra extraordinaria por lo pequeña, pasar con tal velocidad, que producía nuestro asombro y la admiración de los mayores. Creíamosle un ser diferente de los demás y nos parecía imposible que, andando el tiempo, aquel vehículo llegara a generalizarse hasta conseguir la importancia que hoy tiene; y a esto nadie ha contribuido como Ricol, poniendo sus consejos, sus conocimientos y su capital a disposición de sus numerosos amigos” (1).

    Su nombre era conocido en toda España y en todas las regiones fueron testigos de su presencia, cuando era desconocido este medio de locomoción. Tuvo que aguantar las burlas de sus contemporáneos, los mismos que luego le aplaudían y felicitaban por su brillante carrera velocipédica.

El héroe del Vero

    Ricol siempre mantuvo viva la afición al velocipedismo e impregnó de ciclismo a cuanto le rodeaba. Si en alguna época el ciclismo atravesó dificultades, aparecía el “héroe del Vero” anunciando algún récord asombroso y ponía en movimiento a todos los pueblos que atravesaba en su tránsito.

    Prototipo de caballerosidad, Ricol fue espléndido con cuantos velocipedistas visitaron Barbastro. Su locura con todo lo que se relacionaba con el ciclismo, le hacía ser desprendido con el dinero y participaba en cualquier empresa que se le propusiera.

    Siempre tuvo un grupo de discípulos que heredaron del maestro su resistencia y su carácter.

Algunos records de Ricol

    El 14 de octubre de 1888 Ricol estableció el récord de doce horas, sin ser batido posteriormente en aquel año.

    El 15 de marzo de 1889 realizó 253 kilómetros en 20 horas y 32 minutos, estableciendo otro récord, puesto que Enrique Marzo consiguió el de 24 horas en diciembre del mismo año, cuando iba a entregarse a Ricol el diploma de Campeón de resistencia de España. 

Cien kilómetros sin desmontar

    El primero de marzo de 1893 El Ciclista  anunciaba que el conocido ciclista D. Manuel Ricol, a sus 44 años, pensaba batir el récord de 100 kilómetros sobre carretera, con la particularidad de hacer el recorrido sin desmontar una sola vez. El itinerario sería Barbastro a Huesca y regreso.

    En realidad, el intento de este récord no era exclusivo de Ricol, sino que iban a participar otros velocipedistas barbastrenses. Para el control de estas pruebas, no exentas de originalidad, teniendo en cuenta las fuertes cuestas del recorrido, los ciclistas de Barbastro contaban con la participación de los oscenses para que actuasen de testigos.

    Este anuncio pudo ser una más de las artimañas habituales en Ricol para mantener vivo el club ciclista barbastrense, afectado por la intromisión y predominio de socios ajenos al velocipedismo.

    El «Club de Velocipedistas de Barbastro» desapareció, pero el reducido grupo de velocipedistas permaneció, si cabe, más unido que nunca.

    El 10 de junio, por la noche, Peropadre y Llebot salieron para esperar a Ricol en Huesca; Palacián, Mateo, Ferrando y Regne se trasladaron a diferentes puntos del trayecto; asimismo, Conte, de Angüés, y Benabarre, Azara y Coll, de Lascellas, ocuparon otros puntos que de antemano tenían indicados.

    El día 11, Cidraque, Ramis, Ester, Beso, Alba, Miranda, Gruas, Gargallo y Bellostas partieron con Ricol, quedándose en varios sitios para acompañarle en su regreso. Los primeros kilómetros los cubrió con facilidad, pero no tenía que reservarse para cumplir su objetivo, hacer la ida y vuelta a Huesca sin bajar del sillín. En tres horas recorrió 64 kilómetros, pero poco después se levantó viento de cara que estuvo a punto de desesperar a Ricol en alguna de las cuestas.

    En estos momentos de pesimismo, perdiendo tiempo para no fracasar en su propósito, se encontró con la joven esperanza del ciclismo oscense, Juanito Dessy, que con su pesada máquina recorrió 60 kilómetros. A 14 kilómetros de Huesca les esperaba Campaña, que luego les acompañó en un largo tramo de regreso.

    Al llegar Ricol a Huesca, mientras daba la vuelta por la plaza de Santo Domingo para emprender el regreso, pudo ver, entre otros, a Mateu (célebre conserje del «Club Velocipedista Oscense» y a Eloy Pá, y en la carretera, desde Angüés, a Portolés, Rasal, Ezquerra, Beltrán, Vidal y algunos más.

    Al parecer, el joven Gargallo hizo el mismo récord que Ricol, aunque, como señalaba Eloy Pá, “sin pretensiones de enmendarle la plana”. Realmente, sólo podía apreciar el mérito de aquella carrera quien hubiera recorrido el estado de la carretera, sembrada de baches y alternada con rompedoras cuestas.

Polémica por el récord de Ricol

    Los records conseguidos por Ricol fueron homologados por la “Sociedad de Velocipedistas de Madrid”, circunstancia que aprovechó el navarro Antonio Sanromá para criticarlo, ya “que no estando constituida la Unión Velocipédica Española, no hay ninguna Sociedad que tenga más autorización que las demás”.

    Sanromá también se permitió opinar sobre el reciente récord de los 100 Km. de Ricol: “Debo advertir al señor Ricol que si quería que su récord de 100 kilómetros fuera difícilmente batido, podría haber escogido mejor carretera que la de Huesca a Barbastro. Sería una temeridad pretender batir de cincuenta minutos sobre el mismo terreno el récord de un recordman tan ventajosamente conocido como el señor Ricol” (2). Y, finalmente, Sanromá decía que estaba dispuesto a batir el récord del señor Ricol, en el mismo terreno que lo estableció o en el de Sanromá (paseo de carruajes del Parque). El ofrecimiento lo hacía extensivo a cualquier otro ciclista de Barbastro.

    Toda la polémica surgió por los artículos publicados en el periódico La Bicicleta, de Pamplona, firmados por “Veloz de Carrera” y de los que nada tenía que ver Ricol. Sin embargo, Manuel Ricol no tardó en contestarle, replicándole a sus advertencias y, puesto que se trataba de demostrar si el Parque era carretera española, le propuso que fuera a la carretera de Barbastro a Huesca para hacer los 100 Km., concediéndole los velocipedistas barbastrenses treinta minutos y un premio. Ricol no obtuvo respuesta. 

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Eloy Pá: en El Ciclista, nº 31, Barcelona, 15 de junio de 1893.(2) Antonio Sanromá: en El Ciclista, nº 33, Barcelona, 15 de julio de 1893.    

Tabla del récord de Ricol: 100 Km. en carretera sin desmontar

(11 de junio de 1893)

                                  Hora Meridiano                    Distancias Kms.               Tiempo

Salida de Barbastro                   2,30                       

Salida de Lascellas                    3,15                                     20                             0,45

Salida de Angüés                       3’43                                    27                             1,13

Salida de Velillas                      3,55                                      31                             1,25

Salida de Siétamo                     4,21                                     39                             1,51

Salida de Huesca                       4,48                                     50                             2,18

Regreso de Siétamo                  5,23                                     61                             2,53

Regreso de Angüés                   6,04                                      73                             3,34

Regreso de Barbastro                7,40                                     100                           5,10

El velocipedismo altoaragonés a finales del siglo XIX

El velocipedismo altoaragonés a finales del siglo XIX

Portada del nº 20 de la revista “El Ciclista”, año 1893

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Domingo”, suplemento del Diario del Altoaragón, Domingo, 6 de junio de 1999

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

    Las crónicas velocipedistas de esta época nos muestran la “fiebre” de los entusiastas por las modernas máquinas, formando verdaderas camarillas de devotos.

    La relación entre los ciclistas altoaragoneses era amistosa; los únicos clubes velocipedistas de aquella época, el de Barbastro y el de Huesca, colaboraban entre sí para establecer records, organizar carreras y también participaban en excursiones conjuntas. Estas últimas actividades, en las que reinaba la galantería y la caballerosidad, eran evidentes manifestaciones de “culto” al velocipedismo.

El velocipedismo en Barbastro

    Tras el obligado descanso invernal, y después de haber ocupado el tiempo dedicado a la caza, los ciclistas del Somontano iniciaban la temporada velocipedista anunciando records, ambiciosas excursiones y otras actividades.

    Todas estas noticias, en 1893, ocultaban una realidad poco prometedora para el «Club de Velocipedistas de Barbastro»; los socios no velocipedistas comenzaban a predominar sobre los aficionados al pedal, circunstancia que provocó el quebranto de la Sociedad.

    En abril de 1893 se daba la triste noticia: “El Club de Velocipedistas de Barbastro, después de arrastrar algunos meses una vida lánguida, ha muerto de anemia; es decir, se ha disuelto”.

    En El Ciclista se evocaban páginas de gloria, hasta aproximarse a la penosa realidad, y concluía con una celebre frase lapidaria:

    “Faltábanle las energía y el entusiasmo del veterano de la velocipedia española, que a la fuerza de trabajo ímprobo y una perseverancia a toda prueba, llegó a constituir allí un grupo de ciclistas que contagiados de la imponderable afición del maestro, retaron a la España entera para un récord que entonces sólo en la semi locura sportiva de aquellos atrevidos con Ricol a la cabeza, podían llevar a cabo, dando días de gloria a nuestra terreta y al velocipedismo español.

    Hay que desengañarse en todo lo que sea velocipedismo; Barbastro, sin Ricol, no puede tener vida; y decimos esto, que es sin duda la opinión de todos, porque quisiéramos ver levantarse nuestra Sociedad basada en la experiencia del pasado, que estuviera a la fama tan legítimamente adquirida.

    Los velocipedistas de Barbastro deben exclamar, parodiando a los antiguos cortesanos: «¡El Club ha muerto! ¡Viva el Club!»” (1).

    Pero Barbastro no podía quedarse sin un club que aglutinara a los aficionados al pedal. Una vez más, Manuel Ricol se convertiría en el adalid de los ciclistas, encabezando en noviembre de 1893 la constitución de una sociedad de velocipedistas, el “Cicle Club Barbastrense”, en los locales que anteriormente ocupaba su relojería.

Excursión a Sariñena

    Mientras tanto, los velocipedistas de Barbastro mantenían viva su afición preferida y cualquier motivo era bueno para practicar con la bicicleta.

    En El Ciclista (2) del 16 de abril de 1893, Ricol narraba una curiosa “excursión a Sariñena”. Todo surgió por la decisión de Ramis (padre e hijo) y de Gruas que, por negocios, debían ir a Sariñena el 24 de marzo, donde se celebraba la feria.

    Los tres contaron a Ricol que habían acordado realizar el viaje en bicicleta. Para acortar el recorrido, decidieron llegar hasta Lascellas y cruzar todo lo más derecho posible por los caminos, para salir a la Venta de Ballerías. Ricol les pidió que cuando llegasen le escribieran dos líneas contándole cómo había transcurrido del viaje.

    Al día siguiente Ricol recibía una carta de Gruas, en la que le decía lo siguiente: “El camino podía estar peor; nos hemos perdido y dado un buen rodeo, pero las máquinas han resistido”.

    Con estas noticias tan incompletas, Ricol decidió hacer el viaje de ida y vuelta a Sariñena en el día. Se lo comunicó a sus amigos Gargallo, Llebot y Palacián, que también quisieron acompañarle.

    Así lo hicieron, y el domingo, a las cinco y media de la mañana partieron por la carretera de Huesca, hasta el Km. 16, poniendo sus máquinas a prueba hasta Lacuadrada, donde hicieron un alto (allí, ante ruegos, Ricol, relojero de profesión, tuvo que arreglar un reloj). Con grandes suspiros por volver nuevamente a la carretera, llegaron a la Venta de Ballerías, y unos minutos antes de las diez a Sariñena; allí estrechaban las manos de sus amigos, sorprendidos de su llegada.

    Todavía recorrieron la población y sus inmediaciones, viendo una bonita carretera con dirección a Castejón de Monegros, que todavía no estaba finalizada.

    A la una y veinte minutos iniciaron el camino de regreso; en Lacuadrada hicieron parada y fonda; en Peraltilla se encontraron con Miranda y otros compañeros, y aún se reunieron con otros amigos en la casilla del Pueyo. Todos juntos llegaron a Barbastro, todavía con sol en la campiña.

    Ramis (hijo) hizo el mismo recorrido en biciclo, aunque con descanso de tres días entre la ida y la vuelta.

Reunión de oscenses y barbastrenses

    El 9 de agosto de 1893 Eloy Pá (3) describía el desarrollo de una concentración de velocipedistas oscenses, barbastrenses y de localidades próximas celebrada el 23 de julio, a la localidad de Angüés.    La “aventura” comenzó para el narrador en Siétamo, donde le esperaban varios amigos oscenses, entre ellos, Campaña, Berned, Gascón y Dessy, y barbastrenses, encabezados por su admirado Ricol, dirigiéndose a continuación a la vecina localidad de Angüés.

    Pá relataba la llegada a Angüés: “las gentes agolpábanse a nuestra llegada a las puertas y balcones, demostración palpable de las simpatías que tiene nuestro sport”. En el café fueron obsequiados con pastas, vinos, licores y cigarros, mientras esperaban otros velocipedistas.

    Los 35 o 40 ciclistas reunidos marcharon con sus máquinas al Alcanadre, junto al largo puente sostenido con potentes maromas de alambre. Ricol, Palacián, Ubarro Campaña y otros aprovecharon para zambullirse en las aguas del río.

    De regreso a Angüés, el medio centenar de ciclistas ocupó los tres salones de la venta que les servía de hospedaje. La mesa principal estaba presidida por Manuel Ricol, dado su carácter de invitante. Tras la comida y los discursos, en los que se destacó el entusiasmo por el velocipedismo y se ensalzaron las ventajas que ofrecía su práctica, desconocidas entre sus más sistemáticos detractores, los comensales abandonaron los salones para ver los alardes de fuerza que hacía Portolés tirando la barra.

    El canto de la jota puso fin a la diversión, cuando la saeta del reloj anunciaba el momento de la despedida.

Los velocipedistas aragoneses vistos por Claudio Rialp

    Claudio Rialp, director de El Ciclista, realizó un viaje por varias regiones de España en las que el “sport” ciclista había cuajado con fuerza. Rialp llegó a Selgua, donde le esperaba Manuel Ricol, a quien calificaba de “propagador ferviente del ciclismo en la región aragonesa”; también se hallaba allí el propietario de la fonda de la Perla de Barbastro, otro ciclista convencido.

    El «Club Velocipedista de Barbastro» poseía dependencias muy bien decoradas. En honor del huésped, el «Club» organizó una excursión a la ermita del Pueyo, asistiendo entre 18 y 20 aficionados: Ricol, Bellostas, Gruas, Peropadre, Palacián, Lleot, Mateo, Ester, Ramiz (padre e hijo), Miranda, Cidraque, Albero, Ezquerra, Reñé, Beso, Gargallo y otros. Al mismo lugar acudieron, desde Lascellas, Coll, Azara y Benabarre.

    Rialp valoraba la afición de los barbastrenses y su fortaleza. Las carreteras por las que podían practicar su deporte favorito eran escasas: la de Graus, la de Huesca y la que conducía a Monzón que estaba en construcción y nunca acababa de terminarse.

    Tras su estancia en Barbastro partió hacia Huesca en coche de caballos, acompañado durante una parte del recorrido por Ricol y por Ester. En Lascellas le esperaban los cuatro velocipedistas locales, los tres que habían acudido el día anterior a la excursión de la ermita del Pueyo y Pedro Subías.

    La accidentada carretera, de continuas cuestas y bajadas, hacía pensar a Rialp que era la menos apropiada para establecer los records de 50 y 100 kilómetros, tantas veces conseguidos por Ricol y Campaña.

    En Siétamo paró la diligencia en la que viajaba Claudio Rialp, siendo acompañado a una posada en la que le esperaba Gregorio Campaña y Mauricio Berned, secretario del «Club Velocipedista Oscense», con una bicicleta Humber, para que la entrada a Huesca la hiciera en bicicleta. A 4 Km. de la capital les esperaban Eloy Pá, Blecua, Bescós, Gascón y Dessy. Después de tomar unos vasitos de dulcete (vino) se dirigieron al «Club Velocipedista Oscense» situado en el Coso.

    El local de la Sociedad tenía con una gran sala con 50 ó 60 máquinas de todos los sistemas y un gimnasio con diversidad de aparatos. En el local también había salón para café y billar, y otros espacios para vestirse, lavabo y cocina.

    De allí partió hacia Zaragoza, ciudad en la que después de haber existido el club más espléndidamente instalado de España, el movimiento velocipedista prácticamente había desaparecido a comienzos de la década de los años noventa. Ya no existía el club y los pocos velocipedistas que todavía no habían vendido su máquina, apenas hacían uso de ella y hasta parecía que les avergonzaba que les tuvieran como tales. 

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) En El Ciclista, nº 29, Barcelona, 15 de mayo de 1893.

(2) M. RICOL: “Excursión a Sariñena y regreso (Más de 100 kilómetros)”, en El Ciclista, nº 27, Barcelona, 16 de abril de 1893.

(3) Eloy Pá: “Desde Huesca”, en El Ciclista, nº 35, Barcelona, 15 de agosto de 1893.

(4) Claudio Rialp: El Ciclista, del 16 de marzo de 1893.

Santiago Ramón y Cajal y el ejercicio físico: Pensamiento

Santiago Ramón y Cajal y el ejercicio físico: Pensamiento

Santiago Ramón y Cajal

 DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón. Domingo, 30 de junio de 1996

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

    En las reflexiones sobre su "manía" gimnástica, ya en la madurez, Ramón y Cajal reconocía que estuvo a punto de ser víctima irremediable del embrutecimiento atlético, y que, por fortuna, con las enfermedades adquiridas más tarde en Cuba, eliminando sobrantes musculares, tuvo una apreciación más noble y cuerda del valor de la fuerza.

    "El prurito de lucir el esfuerzo de mi brazo me arrastró más de una vez, contra mi temperamento nativamente bonachón, a parecer camorrista y hasta agresivo".

Enseñanzas de su afición a la gimnasia

    De aquella época de exagerado culto al bíceps, Cajal sacó dos enseñanzas provechosas (1):

     "Es la primera la persuasión de que el excesivo desarrollo muscular conduce casi indefectiblemente a la insolencia (violencia) y al matonismo. Hace falta ser un ángel para enfrentar de continuo fibras musculares hipertróficas y ociosas, ávidas, digámoslo así, de empleo y justificación. Y como no es cosa de servirse de ellas cargando fardos, se experimenta singular inclinación en utilizarlas sobre las espaldas del prójimo. Con las energías corporales ocurre lo que con los ejércitos permanentes: la nación que ha forjado el mejor instrumento guerrero acaba siempre por ensayarlo sobre las naciones más débiles o harto descuidadas.

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Santiago Ramón y Cajal y el ejercicio físico: Edad Adulta

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Cajal, a los 18 años, en pose atlética

  DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón. Domingo, 23 de junio de 1996

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ      

    Con el desarrollo muscular adquirido con su enorme fuerza de voluntad, Cajal pronto sustituyó su bastón por una formidable barra de hierro (pesaba 16 libras). Él mismo confesaba que: "vivía orgulloso y hasta insolente con mi ruda arquitectura de faquín, y ardía en deseos de probar mis puños en cualquiera" (1).

Lance por la Venus de Milo

    En varias ocasiones dio a conocer una aventura típica que, en su opinión, "retrata bien, aparte de los efectos mentales de mi manía acrobática y pugilista, el estado de espíritu de aquella generación candorosamente romántica y quijotesca".

    Se refiere al pugilato que sostuvo en los sotos del Huerva con un estudiante de ingeniero, disputándose a puñetazo limpio el amor de una linda damita conocida por la Venus de Milo, que vivía en la calle de Cinco de Marzo y que al fin murió soltera (2).

     En principio el lance concertado era a "estacazo limpio", pero en vista de la desigualdad de los garrotes, convinieron en acometerse a "puñetazo limpio", considerándose vencido el primero que fuera derribado.

     Cajal narraba de esta manera el duelo: "Era una especie de lucha grecorromana, según se estila ahora, aunque sin tantos requilorios. Nos cuadramos, y acordándome yo, sin duda, de los ingleses al comenzar la batalla de Fontenoy, exclamé: «Pegad primero, caballero M.».

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Santiago Ramón y Cajal y el ejercicio físico: Juventud

Santiago Ramón y Cajal y el ejercicio físico: Juventud

Cajal en pose atlética

  DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

 Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón. Domingo, 16 de junio de 1996

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

    A principios del año 1864, sin haber cumplido todavía los doce años, Santiago Ramón y Cajal fue matriculado en el Instituto de Huesca. Nada más llegar, el sentimentalismo soñador, el carácter altivo y la intolerancia contra las humillaciones del "carne de cabra" (o "carnicraba", apodo burlesco que se da a los ayerbenses con el que le mortificaron nada más llegar al Instituto), le llevó a enfrentarse con los "gallitos" de los últimos cursos.

    Uno de los que más maltrataron a Santiago fue un tal Azcón, natural de Alcalá de Gállego. Era un vigoroso joven de dieciocho o diecinueve años que había endurecido sus músculos con el arado y la azada. Los matones eran muchos y Santiago había entrado con mal pie al Instituto, así que la única manera de que fueran aliados suyos era triunfar con Azcón. La tarea no era nada fácil.

Efectos tónicos de la gimnasia

    Ramón y Cajal conocía bien los efectos tónicos de la gimnasia y del trabajo forzado. En la autobiografía que nos sirve de guía para este artículo (1), nos dice que "había observado cuánta ventaja llevan siempre en las riñas, pedreas, saltos y carreras los muchachos recios y trigueños recién llegados de la aldea y acostumbrados al peso de la azada, a los señoritos altos y pálidos, de tórax angosto, zancas largas y delgadas, criados en las abrigadas calles de la ciudad y al suave calor del halda maternal".

     "La gimnasia y el amor propio exasperado hicieron milagros", según pudo comprobar Cajal, después de seguir el método de entrenamiento que nos describe: "Resolví entregarme sistemáticamente a los ejercicios físicos, a cuyo fin me pasaba solitario horas y horas, en los sotos y arboledas del Isuela, ocupado en trepar a los árboles, saltar acequias, levantar a pulso pesados guijarros, ejecutando, en fin, cuantos actos creía conducentes a acelerar mi desarrollo muscular, elevándolo al vigor máximo compatible con mis pocos años".

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Santiago Ramón y Cajal y el ejercicio físico: Infancia

Santiago Ramón y Cajal y el ejercicio físico: Infancia

Ayerbe, lugar donde pasó su infancia Santiago Ramón y Cajal

 DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón, Domingo, 9 de junio de 1996

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

    Durante toda su vida don Santiago Ramón y Cajal, nacido el 1 de mayo de 1852, tuvo gran afición a la gimnasia y al deporte. Su padre ya fue un consumado andarín, aunque su práctica fuera muchas veces efecto de la necesidad. Don Justo Ramón Casasús, padre de Santiago, a los veintidós años realizó a pie, por ahorrarse unas pesetas, el recorrido desde Javierrelatre hasta Barcelona (1).

    También tuvo que recorrer a diario los montes del término de Peraltilla siendo médico de esta población; era de los que llamaban de espuela. Las caminatas y la abundante y variada caza que encontraba a su paso, despertó en el padre de Santiago las aficiones cinegéticas.

    A su abuelo paterno tampoco le faltaron cualidades, como podemos apreciar en la descripción que de él hizo Ramón y Cajal: "un montañés rubio, casi gigante (...), admirable por su agilidad y su fuerza".

     La fuente que nos aporta mayor información sobre la actividad física de Santiago Ramón y Cajal es una autobiografía de su infancia y juventud (2); en esta obra nos cuenta que su verdadero maestro, en los primeros años de educación e instrucción, fue su padre; en él veía Santiago a un "fabricante de cerebros originales", resultado de lo que entendía como el gran triunfo del pedagogo.

    Su padre ejercitaba la placentera función del docente; esa natural vocación a la enseñanza la explicaba con las siguientes palabras: "Hay, realmente, en la función docente algo de la satisfacción altiva del domador de potros; pero entra también la grata curiosidad del jardinero, que espera ansioso la primavera para reconocer el matiz de la flor sembrada y comprobar la bondad de los métodos de cultivo".

Juegos de la niñez en Ayerbe

    Los conocimientos precoces que adquirió con su padre le servirían para sobresalir en las diversiones de su infancia, transcurrida en Ayerbe, "tomando parte en los juegos colectivos, en las carreras y luchas de cuadrilla a cuadrilla y en toda clase de maleantes entretenimientos con los que los chicos de pueblo suelen solemnizar las horas de asueto".

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Ha salido la Fiera. Sucesos en las rondas

Ha salido la Fiera. Sucesos en las rondas

La ronda (Manuel Yus Colás 1879)

Publicado en el "Especial San Lorenzo" del Diario del Altoaragón. Jueves, 10 de agosto de 2000

José Antonio  ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

“Hijo, no salgas de casa,

porque ha salido la fiera;

lo primero que ha cantado

la jota revolvedera”.

     Hace años, en casi todos los pueblos y villas, aldeas y lugares, había una “fiera”. Un hombre fuerte, rudo, insolente y matón, que mandaba en el mocerío, hacía de amo en la taberna y en la ronda y cobraba el barato en los corros de chapas. Así nos lo recuerda la bizarra jota, cantada por voces varoniles en las noches sin luna.   

     Las páginas de sucesos recogían aquellas trágicas escenas, fruto de promesas íntimas surgidas por viejas rencillas, por rivalidades políticas o de clase social, y alimentadas por la ignorancia y por la presión de las desigualdades. La Bullonera nos recordaba aquellas rondas valentonas y mostraba el carácter de la “fiera” en “Antología prohibida”: 

“Canta compañero canta;

canta, yo te ayudaré,

que una sola vida tengo

y por ti la perderé”.

     En Aragón no había pueblo que no contase en su historia con alguno de esos choques típicos entre las rivalidades de la bravía juventud, que dejaron jornadas sangrientas con luto y llanto perpetuo. 

“Con permiso o sin permiso

a la ronda por la calle,

que la ronda de los mozos

no la hace recular nadie.”    

     Santa Eulalia de Gállego vivió una de esas fechas trágicas en la noche del 6 al 7 de abril de 1907. Varios amigos de la localidad iban aquella noche de ronda; al pasar por la plaza, el alcalde D. Francisco Mola, acaudalado propietario y persona respetable, prohibió que siguiera la ronda. La reacción de los mozos fue contumaz, uno hizo dos tiros de pistola y otro le infirió dos cuchilladas en el vientre. El alcalde falleció a los pocos días a consecuencia de las graves heridas recibidas. 

“Cuando yo salgo a rondar

cuatro puertas tengo abiertas:

la cárcel y el hospital,

el cementerio y la audiencia”.     

     El 3 de diciembre de 1906 la tragedia brotó en Laguarres. Un grupo de mozos recorría las calles del lugar en ronda por la boda de la hija de un vecino, siguiendo una costumbre que perduraba sin decadencia.   

     Los mozos de Laguarres estaban divididos en dos bandas, a causa de antiguos resentimientos, capitaneadas por Joaquín Español y Matías Vigo, respectivamente. El bando de éste se encontró con el de Español en el puente a la salida del pueblo. Vigo, colocado al frente de los suyos, atajó el paso al otro bando, diciendo:   

     -¡Alto, por aquí no pasa un alma!-, y acompañando la acción a la palabra asestó un garrotazo en la cabeza al jefe del otro bando, a Español, entablándose una lucha cuerpo a cuerpo entre los individuos de una y otra partida.    

     Español recibió varios garrotazos y una cuchillada en el costado, quedando muerto en el lugar. La pelea se generalizó entre ambos bandos, resultando gravemente heridos Matías Vigo y José Oliva, y levemente Valero Bosque, Pedro Bosque, Antonio Barrales, Francisco Ferraz, Joaquín Montanuy y Antonio Español. La Benemérita detuvo a catorce individuos que formaban parte de los bandos.  

     En el fondo del río se recogió el cuchillo que causó la muerte de Joaquín Español. 

“Esta noche ha de llover,

esté raso o esté nublo,

han de llover buenos palos

en las costillas de algunos”.    

     Las historias de revueltas violentas entre bandos opuestos permanecían inapreciables para los extraños, pero la incitación permanente desembocaba, cuando menos se esperaba, con todo su más terrible apasionamiento.   

     Los motivos no eran siempre los odios de familia, ni la lucha de intereses; a veces, la política era tan solo un pretexto. La verdadera causa surgía de la incultura y de un sentido moral deplorable que distinguía “honrosamente” la fama y el nombre de “valiente”.    

     Algunos “valientes” también se enmascaraban en la ronda, al amparo de la cuadrilla. Uno de los típicos enfrentamientos entre rondas se desencadenó en Zuera el 19 de agosto de 1904. El detonante fue la siguiente copla: 

“Salir mocitos, salir

a la puerta del portal

y veráis que gusto tiene

la punta de mi puñal”.    

     Todo comenzó al cruzarse dos rondas que recorrían las calles de Zuera, pidiéndose explicaciones por la citada copla. En un primer momento quedaron conformes, continuando todos juntos la ronda.   

     Después se separaron y se volvieron a juntar en la plaza del pueblo, ya sin guitarras, reproduciéndose la cuestión. Un mozo dio una bofetada a otro; al intervenir un tercero para separarles, éste recibió un golpe que le soltó un cuarto mozo. El mozo que intentaba separarles, tras recibir el golpe, empuñó una navaja provocando una herida al que le había golpeado, dejándolo muerto. 

“Métete niña en la casa

porque ha salido la fiera;

lo primero que ha cantado

la jota revolvedera”.    

     Los ejemplos que presentamos son ilustrativos de las diferentes causas que motivaron los sucesos en las rondas. A finales del año 1892, ocurrió otro incidente en la localidad zaragozana de Moros. Iba el mozo Pedro Lozano, de 20 años, tocando la guitarra por las calles, y se paró frente a la puerta de otro joven de 17 años, Manuel Sebastián, cantando una copla que éste consideró ofensiva.   

     Sebastián, enemistado por resentimientos con Lozano, bajó a la calle encarándose con el de la guitarra; de las palabras pasaron a los hechos, infiriendo Sebastián una tremenda cuchillada a Lozano, causándole la muerte.    

     Sebastián había salido recientemente de la cárcel por las heridas causadas a otro vecino de Moros. 

“Esta noche ha de rondar

el guitarro borrasquero;

el que lo quiera romper

que se confiese primero”.    

     También tuvo fatales consecuencias otra ronda de mozos en cuadrilla, a primeros de enero de 19102, en la población de Jarque. Varios jóvenes rondaban las calles con coplas intencionadas, denominadas “de picadillo”. El padre de uno de los rondadores se acercó a los mozos, advirtiéndoles que podía divertirse sin ofender a nadie. Estas recomendaciones fueron contestadas con insultos. El vecino en cuestión dio cuenta al alcalde de lo sucedido, circunstancia que incomodó a los rondadores, que la emprendieron con el hijo rompiéndole una guitarra en la cabeza.    

     Alarmado por los gritos del apaleado volvió el padre, pero antes de acercarse al grupo recibió una certera pedrada en la cabeza que le hizo caer al suelo sin sentido, y una vez en el suelo fue agredido bárbaramente, recibiendo tres cuchilladas y otros golpes en la cabeza.   

     La noche del 17 de septiembre de 1906, la desgracia la promovió Vicente Sebastián, yendo de ronda con varios amigos. Los mozos iban cantando algunas coplas insultantes, y al pasar por delante de un café, donde estaban reunidos varios concejales, éstos salieron invitando a los rondadores a que no siguieran cantando coplas de esa índole. Vicente Sebastián respondió descargando varios tiros sobre el edil Francisco Ramón Salas, que falleció casi instantáneamente. El autor fue condenado a cadena perpetua.   

     Hechos similares, caldeados con abundantes tragos de bebidas alcohólicas, ocurrieron en Santa Cruz de Grío (21 de enero de 1904), en Carenas (27 de agosto de 1906) y en otros muchos lugares.   

     Todas las fieras aldeanas solían tener el mismo fin. Unas veces se juntaban los oprimidos para coserla a puñaladas; otras, algún incógnito vengador la tumbaba de un certero trabucazo. Pero el desenlace más habitual lo desencadenaba el más apocado del lugar, obedeciendo al imperativo del miedo. También nos recuerda el hecho otra copla, evocadora de la jota que se cantaba en las noches sin luna: 

“Ninguno cante la fiera,

que la fiera ya murió:

Al volver de una esquina

un cualquiera la mató”.

Versos y coplas en los deportes y juegos tradicionales

Versos y coplas en los deportes y juegos tradicionales

Bolos de Used (Foto: C. García)

   

  Publicado en el "Especial San Lorenzo" del Diario del Altoaragón. Martes, 10 de agosto de 1999

 José Antonio  ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

 

       En una emisora de radio de audiencia nacional podemos escuchar un gracioso resumen dominical de la jornada futbolística en verso, recitado por un popular comentarista deportivo.

     La idea no es nueva, a finales del siglo pasado y en los primeros años de este siglo las páginas de los periódicos solían recoger en la popular “copla del día” los acontecimientos más destacados del día a día; versos compuestos por conocidos poetas, como Marín Carbonell o Fernando Soteras (el popular “Mefisto”), en los que los incipientes deportes fueron, igualmente, fuente de inspiración y tema de actualidad.

     Marín Carbonell, prestigioso poeta y escritor zaragozano del romanticismo tardío, cantó "La derrota de Bargossi" frente a Mariano Bielsa, “Chistavín de Berbegal” en una de sus colaboraciones de actualidad en el diario La Derecha (27 10 1882): 

 “¡Oh carrerista de triunfal carrera!¡

Mala la hubiste en la ciudad del Ebro!

 Aunque ganen los pies, y no el cerebro,

 La derrota es mayor que otra cualquiera.

 No es menester adulación rastrera,

 No vil lisonja, no falaz requiebro

 Y al indomable Chistavín celebro

 Con pobre frase y gratitud sincera.

 ¿Quién venció?... Los estómagos decían:

 ¿Cómo no acepta un andarín temible

 cuando a cenar de gorra le convidan?

 ¿Vencer a Chistavín... ¡Un imposible!

 Vencedor de Bargossi le apellidan:

 Como siempre, Aragón es invencible”.

      Bielsa, al finalizar su carrera, recibió una entusiasta ovación de toda la concurrencia que le proclamaba “El vencedor de Bargossi”, según aparece el en el Diario de Zaragoza, que concluía la noticia con la siguiente poesía: 

 “¡ Bien, Mariano! ¡ Echa esa mano!,

 pues venciste al italiano y le diste revolcón,

 por ti, que eres mi paisano gritó así:

 ¡¡¡Viva Aragón!!!”. 

 Juegos infantiles

      En el siglo pasado ya se hicieron muy populares entre los niños los denominados “aleluyas” o “aucas”, pliegos de imágenes narrativas con pie en pareado, uno de cuyos géneros eran los juegos, con los que los niños se iniciaban en la literatura popular.

     Sin embargo, la más amplia y variada literatura versátil la encontramos en numerosos juegos infantiles (para echar a suertes, de comba, de goma, de corro, de palmas...):

“Al pasar la barca

 me dijo el barquero,

 las niñas bonitas

 no pagan dinero;

 yo no soy bonita,

 ni lo quiero ser.

 ¡Arriba la barca!,

 una, dos y tres”.

      Para Santa Catalina o San Nicolás, dos fiestas muy celebradas por los niños y niñas, después de la misa, éstos paseaban un gallo por las calles colgado al extremo de un palo y cantando, según recogió Miguel Arnaudas en Montalbán, la siguiente cancioncilla: 

 “Santa Catalina mata la gallina.

 San Nicolás, el gallo matarás.

 Ruego, ruego, cebollino,

 a este gallo que es mezquino

 y murió sin confesión”.

      Al terminar el canto daban vivas a la santa y cuando se cansaban de pasear y vociferar, cavaban un hoyo en el suelo, enterrando vivo al gallo y dejando fuera la cabeza. Los niños se vendaban los ojos y empezaban todos a repartir sablazos, con unos sables de madera, hacia el sitio donde creían que se hallaba la cabeza, hasta matar al animal; cuando lo conseguían se lo regalaban al maestro.

 Juegos tradicionales

     La fiesta, el folklore y los juegos tradicionales siempre han estado relacionados en la sociedad tradicional aragonesa, perpetuadora de sus costumbres.

     Numerosas coplas extendidas por toda nuestra geografía aluden al tema de los juegos: 

 “El mozo para ser buen mozo,

 ha de tirar a la barra,

 ha de beber buen vino

 y ha de comer carne asada”.

  

 “Un aragonés y un navarro

 echaron a correr

 el uno llegó primero

 y el otro llegó después”.

  

 “Corre, corre, baturrico,

 corre que te va a ganar;

 que no se diga, se diga,

 que tú has “quedau” atrás”.

  

 “En el juego de pelota,

 Almudévar los primeros,

 Alcalá a muchas leguas,

 Tardienta sólo terceros”.

  

 “Vinos tiene Cariñena,

 cerámicas las de Muel.

 Y tiradores de bola

 en la Almunia o Alfamén”.

      En Ayerbe se disputaban corridas en ambas plazas, Alta y Baja, en días alternativos, englobando las pedestres, de entalegados o de sacos y de burros con albarda suelta. Luis Pérez las recuerda en una de sus poesías:

 “Dimpués, pa de tardes,

 corridas bariadas

 de mozos, de críos,

 de xente ensacada,

 y luego en zagueras

 burros con labarda,

 con a cincha floxa

 y sin cabezana”(1).

  El tiro de barra

      Sanz Romo escribía a finales del siglo pasado lo siguiente: “Así como la jota es resumen y compendio de la música popular en España, del mismo modo en los juegos deportivos es el tiro de barra el que genuinamente representa, o representaba, nuestros deportes populares” (2).

     Sin duda, el tiro de barra y el juego de pelota formaron parte del paisaje rural aragonés hasta hace poco años. Algunos tiradores de barra adquirieron fama, como Beturián Añaños, apodado “Sastre Grande”, de Pueyo de Fañanás.

     Beturián era un personaje agresivo. Hacía retirar a los rondadores con solo su presencia. Una noche mató al padre de dos rondadores, pagando su delito en la prisión de Zaragoza. En la cárcel apostó a tirar la barra con un oficial del ejército, que llevaba grabado a las costillas: 

 “Invencible tirando a la barra

 por todo lo de comer en una semana”.

      Un Añaños pudiente de Zaragoza le sacó de la cárcel para efectuar el reto. El de Pueyo puso el cachirulo de raya. La prueba era a tres tiros. Primero tiró el militar y después él. Venció “Sastre Grande” y su tiro quedó marcado durante mucho tiempo en Zaragoza. Añaños, recordando sus tiempos de rondador, compuso la siguiente copla: 

 “Por los brazos de mi madre,

 y la Virgen del Pilar,

 pido al pueblo de Zaragoza

 que me de la libertad” (3).

      Muchas coplas recogidas en nuestro folklore hacen referencia al lanzamiento de barra. Citaremos algunas de las que recopiló Luis Gracia Vicién:

 “Los mozos de Zaragoza

 saben tirar el barrón

 y lanzar la bola fuerte

 de La Almunia hasta el Jalón”.

  

 “En las canteras de Ricla

 no hacen falta barrenos

 los mozos tirando barra

 levantan bloques enteros”.

  

 “De la villa de Lanaja,

 t’as llebau la mejor flor,

 por güen tirador de barra,

 pilotero y rondador”.

  

 “El mozo para ser buen mozo

 ha de tirar a la barra,

 ha de beber vino tinto

 y ha de comer carne asada”.

  

 “El buen mozo de Antillón

 sabe tirar a la barra,

 beber tinto en porrón

 y rondar de madrugada”.

“En Borja también se tira

la bola, barra y barrón.

No vayas a la Ribera

para ver un campeón”.

“Para tirar a la barra

hay que ser de Aragón,

llevar nobleza en la sangre

y fuego en el corazón” (4).

     Víctor Azagra también recopiló varias coplas que hacen referencia al tiro de barra en la ciudad de Tarazona: 

“En Tarazona se visten,

camisa blanca y calzón,

alpargaticas abiertas

pa tirar al barrón”.

“Sube corriendo hasta El Cinto

qu’están tirando a la barra

y el que pierda pagará

en la taberna del «Tarra»”.

“Presumes de ser hombre fuerte

cuando tiras a la barra,

y sudas como mujer

en cuanto ves una ajada”.

“Entre el «Peleche» y el «Pulpo»

en la «Posada el Rincón»,

desafiaron al «Puche»

a tirar con el barrón” (5).

El juego de pelota

    La pelota fue acrecentando ciertas rivalidades entre poblaciones vecinas que aprovechaban los partidos, cuando aún no estaba en auge el fútbol, para humillar al pueblo rival. Algunas coplas hacen hincapié en estas rivalidades: 

“Los pelagallos de Tierz

fueron a rondar al torno;

salieron los de Quicena

‘pa’ sacudirles el polvo”.

“Los piloteros de Tierz

no tienen rival a mano,

cuando juegan en Quicena

los domingos p’al verano”.

“En el juego de pilota

Almudévar los primeros,

Alcalá a muchas leguas,

y Tardienta los terceros”.

“En los concursos de soga,

de la barra y pilota,

los saputos de Almudévar

siempre sacan güena nota”.

Juego de bolos

    También el folklore popular ha recogido diferentes coplas relacionadas con los juegos de bolos: 

“Cinco birlos has tirau

y te llevas otro al baile

te lo pones en güen sitio

y bailarás más que naide”. (Alto Mijares)

“Qué bien que tiran los bolos

las mozas de Monreal

y hasta el mismo ‘rey’ abaten

si la apuesta es un real”. (Monreal del Campo)

“Como no iba a la escuela

y no sabían contar

llegaban a veinticinco

y volvían a empezar”. (Used)

“En este pueblo de Used

ya se jugaba a los bolos,

lo jugaban nuestros padres,

tíos y abuelos”. (Used) 

Los deportes modernos

    Con el nuevo siglo fueron apareciendo los deportes modernos y, en algunos casos, determinadas actividades agrícolas se convertían en concursos (arrastre de cargas, arar, poda, injerto, etcétera). “Mefisto”, en las páginas del Heraldo de Aragón, recogió con su peculiar estilo veleidoso los cambios y las nuevas modas deportivas que se iban implantando en las principales ciudades aragonesas.

    Como acto previo a las fiestas del Pilar de Zaragoza de 1920 se celebró un “concurso de tractores”; “Mefisto” en sus “Coplas del día” reflejaba los cambios del progreso en las faenas del campo: 

“Yo he visto en el monte de Valdespartera

dos bueyes tirando de una vertedera:

dos bueyes cansados de tanto labrar

que... es una faena más que regular.

De los dos, el joven  miró con recelo

las veloces máquinas que surcan el suelo...

Viendo los tractores sintió gran afrenta

y quiso embestirles con su cornamenta (...)”.

     Los velocípedos, con la bicicleta como principal artilugio, fueron inundando las calles de las poblaciones, según observamos en esta otra copla de “Mefisto” sobre la “Velocipedomanía” (13-7-1916): 

“Sobre la asfaltada vía

de la invicta capital,

observarás cada día

como cunde la manía

o locura del pedal

No precisa ser rentista

quien cultiva tal “sport”;

que hoy cualquiera es un ciclista

y puede tomar por pista

hasta la calle mayor.

Por donde quiera que puedas

discurrir, tranquilo vas,

y de pronto ¡zas! te enredas

con un tío y con dos ruedas

por delante y por detrás” (...).

     El fútbol también arraigó con rapidez, ocasionando problemas similares a los viandantes; “Mefisto” así lo veía en la copla titulada “La manía del fútbol” (28-6-1922): 

“De tal modo en los muchachos

va arraigando la afición,

que resulta peligroso

recorrer la población,

pues caminas por el Coso

tan contento y tan feliz

y de pronto ¡zas! un bulto

te extraplana la nariz (...).

Incidentes callejeros

cada diez minutos ves,

por pelotas que te enfilan

a boleo o de revés:

Es stadium toda calle;

equipier todo chiclán,

y es el gol... el transeúnte

por los gol-pes que le dan.

-Ve con ojo, ciudadano:

Ponte casco o cosa así,

que el fútbol es la manía

que está en boga por aquí,

y si un golpe de pelota

te dirigen al frontal,

o te cuesta otro cañizo

o te cuesta un funeral.

     La entrada de los deportes modernos y su pujanza llevó al anónimo poeta de los siguientes versos, bajo el título de “Entre `goles´ y `penaltys´”, a plantearse el cambio que se producía en asuntos deportivos, perdiéndose todo el casticismo: 

“¡Oh, pueblo de la Jota,

que jugaste a la barra y la pelota!

Yo veo con dolor,

ante el caso de insólito snobismo

que en cuestiones de sport

estás perdiendo todo el casticismo.

Olvidaste la barra de buen peso

y el trinquete del muro de la plaza

y, con loco embeleso

hacia el juego pujaste de otra raza,

vertiste al español

los modismos del tennis y el fútbol.

¡Oh, pueblo de la Jota,

que jugaste a la barra y la pelota!

Desprecias los deportes de tu tierra;

adoptas figurines de Inglaterra;

abandonas la faja y el calzón

por tirar de raqueta y de balón

e influido por un extraño hechizo

se pierde tu carácter más castizo.

Hoy cualquiera que va a entrecavar coles

nos habla de penaltys y de goles,

y hay baturro de pega

que le llaman equipier a aquel que juega

---------------------------------------- 

¡Oh, pueblo de la Jota,

que jugaste a la barra y a la pelota!

Tu carácter y el temple de Aragón

fallecieron a golpe de balón:

Son deportes que en una tarde inglesa

y de cielo plomizose colaron en tierra aragonesa

y acabaron con todo lo castizo” (6). 

CITAS BIBLIOGRÁFICAS:

(1) PÉREZ GELLA, L.: “Setiembre, otra añada que s’en ba” (1980) en Replega de textos en aragonés dialectal de o sieglo XX. D.G.A., Zaragoza, 1987, p. 66.

(2) SANZ ROMO, M.: Cultura física. Manuales Germán, Madrid, sin año de edición, p. 74.

(3) Información oral de Mariano Ayerbe, M. Cerigüel y Javier López.

(4) GRACIA VICIÉN, L., Juegos aragoneses. Historia y tradiciones. Mira Editores-D.G.A., Zaragoza, 1991,  p. 275 y ss.

(5) AZAGRA MURILLO, V.: “El tiro de barra aragonesa en la ciudad de Tarazona”, monográfico sin editar localizado en la biblioteca del Centro de Estudios Turiasonenses.

(6) “Entre goles y penaltys”, en Heraldo de Aragón, 19 de octubre de 1922.

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75 Aniversario de la Federación Aragonesa de Atletismo

75 Aniversario de la Federación Aragonesa de Atletismo

Selección Aragonesa de Cross en el Campeonato de España de Cross de 1945, celebrado en Lasarte. De izquierda a derecha, Paco Binaburo, Cipriano Romeo, Alberto Murillo, Tomás García, Pedro Sierra, Luis Royo, Rodolfo Antón, Rafael Bielsa y Sender.

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón, Domingo, 7 de junio de 1998

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

    A finales de mayo se cumple el 75 Aniversario de la creación de la segunda Federación deportiva más antigua de las existentes en Aragón, la Federación Aragonesa de Atletismo. Poco más de un año separa el nacimiento de esta Federación con la pionera Federación Aragonesa de Fútbol.

    Diversos acontecimientos contribuyeron a su fundación: los programas deportivos de la segunda década de este siglo (organización de carreras pedestres en grandes ciudades, festivales deportivos...), los resultados obtenidos por Dionisio Magén en los campeonatos nacionales de cross (que indirectamente influyeron en todos los deportes, incluido el fútbol), y el impulso dado por un puñado de directivos y aficionados a los deportes, creando sociedades deportivas, asociaciones o federaciones de sociedades y por último las federaciones deportivas.

    Los inicios de la Federación de Atletismo no fueron fáciles; hubo cortas etapas de inactividad debido a la escasez de medios económicos, aunque también influyó en su medida la desidia y la falta de directivos. No obstante, la Federación fue superando todos los obstáculos, haciendo historia y aportando lo mejor de sí al Atletismo español.

El origen del atletismo aragonés

    Hasta los primeros años de este siglo el atletismo, propiamente dicho, no existía en Aragón. A finales del siglo pasado comenzaron a surgir las primeras sociedades deportivas (Velocipédica, Gimnástica, Lawn-tennis, Exploradores, Pedal Aragonés, etcétera), colaborando u organizando carreras pedestres aisladas y festivales deportivos, en los que se incluían pruebas atléticas.

    Al margen de estos "sports modernos", existía un "deporte popular" o tradicional que nutrió al incipiente, aportando sus especialidades (tiro de barra, tiro de soga, salto a pies juntos, triple salto aragonés...) y sus elementos, principalmente corredores de resistencia curtidos en las populares corridas de pollos que se disputaban por todo Aragón.

    Del mismo modo que la historia del atletismo moderno se remonta a la Grecia Antigua y a los célebres juegos que se disputaban en Olimpia, la historia del atletismo aragonés debe retrotraerse siglos atrás, puesto que en Aragón ha habido personajes célebres y existen leyendas tan hermosas como la legendaria carrera del soldado Filípides, que dio origen a la prueba de la maratón.

    La carrera a pie más antigua que conocemos se celebró en Monzón el año 1585, con motivo de la visita de Felipe II para celebrar las Cortes del Reino.

    Varias carreras tienen su origen en bellas leyendas. En Aínsa todavía se conserva la "carrera de la cuchara", surgida de una leyenda medieval: los cristianos vencieron a los sarracenos y un soldado corrió a anunciar a la condesa la victoria, ésta se hallaba comiendo y agradecida por el esfuerzo del soldado le entregó su cuchara de plata.

    La "carrera de las peras" de Adahuesca se basa en otra leyenda del siglo XVIII. Las dos últimas pobladoras de la Sierra de Sevil fueron recogidas en Adahuesca. Antes de morir pidieron dos favores y a cambio donarían al pueblo todas sus tierras; en uno pedían que el día de Santa Ana se celebrara el "corre peras": los niños corren por parejas para ganar las peras que previamente han sido bendecidas.  En el siglo pasado se vivieron históricas carreras, como la celebrada en octubre de 1882 en la Plaza de Toros de Zaragoza, donde Mariano Bielsa y Latre, apodado "Chistavín" de Berbegal, vencería al italiano Aquiles Bargossi, considerado el mejor andarín del mundo.

    En 1908 se celebró en Huesca el "Primer Campeonato Provincial de Carreras Pedestres", que, en 1913 pasaría a tener categoría de "Campeonato Regional".

    Otras carreras similares se disputaron en Zaragoza con motivo de las fiestas del Pilar. También se organizaron festivales atléticos como el denominado "Juegos Olímpicos" de Zaragoza en 1914, que fueron creando una nueva conciencia deportiva.

Dionisio Magén, precursor se la Federación

    Durante las zaragozanas fiestas del Pilar de 1919, la recién creada "Federación de Sociedades Deportivas" organizó una carrera pedestre de 5000 m. en la que se inscribieron más de 30 corredores, entre los que se destacaba a dos de Montañana, que, según se decía, "corren de veras".

    Los organizadores obtuvieron un gran éxito y Dionisio Magén, uno de los de Montañana, hizo honor a la fama que le precedía al vencer una de las carreras más importantes de cuantas se habían celebrado en la capital.

    A primeros de marzo de 1920, Goal, desde las páginas de El Noticiero, criticaba que, a pesar del éxito de la carrera del Pilar y de que se constituyera la Federación local de entidades deportivas, ningún aragonés figurase entre los inscritos al "V Cross-country Nacional", que se iba a celebrar el 28 de marzo de 1920 en Bilbao, y proponía que se entrenara a los dos corredores de Montañana para llevarlos a Bilbao.

    La propuesta de Goal se puso en práctica y Dionisio Magén acudió a Bilbao, costeándole el viaje un grupo de entusiastas aficionados. Iba a ser la primera vez que un aragonés participaba en esta prueba.

    Magén tuvo que luchar contra todo tipo de inconvenientes; falto de entrenamiento, corría por primera vez fuera de casa y en pruebas de tanto nivel, pero consiguió el séptimo lugar, compitiendo con las "estrellas" del pedestrismo: Muguerza, Domínguez, Lequerica, Macagera, Peña, Calvet y otros muchos.

    Su triunfo hacía concebir esperanzas para el cross del año siguiente. Goal aprovechaba la ocasión para lanzar nuevas consignas: "La mejor manera de conmemorar el éxito obtenido debe ser levantar el espíritu y constituir inmediatamente el Comité Atlético (...). ¿Es mucho pedir que para el futuro «Cross-country» presentáramos un equipo y luchásemos como una Federación más?".

    En mayo de 1920, durante las Fiestas de Primavera de Zaragoza, se celebró otro "cross-country" en el que volvió a vencer Magén. También se organizaron unos "Juegos Olímpicos" en los que Magén volvió a ser la principal atracción.

    Estos éxitos no evitaron que la Federación de Sociedades deportivas se sumiera en continuos letargos; se aproximaba la fecha del "VI Cross Nacional" y nada se había vuelto a saber de los corredores. Las críticas obligaron a la Federación a organizar un cross una semana antes del Campeonato Nacional. Los tres primeros clasificados representarían a Aragón, completando el equipo Dionisio Magén.

    Por falta de medios económicos se abrió una suscripción para recaudar dinero que cubriera los gastos del viaje a Santander. Los representantes de Aragón fueron: Dionisio Magén, José de la Fuente, Ricardo Oliván y Vicente Sanjuán.

    La clasificación de los corredores aragoneses fue aceptable, aunque Magén y Ayuda, en quienes se habían puesto esperanzas halagüeñas, fueron totalmente desentrenados. Magén llegó en el puesto 21 y Ayuda en el 43.

    A lo largo del año se celebraron varios croses en Zaragoza; también se organizaron carreras pedestres en el descanso de algunos partidos de fútbol. Los resultados del Cross Nacional animaron a las sociedades deportivas. Hasta llegó a plantearse la celebración de un campeonato regional de atletismo.

    Las fiestas de primavera de Zaragoza de 1922 acogieron nuevas pruebas olímpicas y un cross-country, en el que volvió a vencer Dionisio Magén. Otras pruebas similares se celebraron para el Pilar (saltos de altura, con pértiga, triple salto aragonés, carreras de 100 m., de 80 m. con vallas, carrera americana de 1000 m., de 150 m., lanzamiento de disco, peso y barra, tracción de cuerda, campeonato regional de boxeo y cross-country infantil).

Triunfo de Magén y nacimiento de la Federación

    El despertar atlético motivó la creación de la "Unión Atlética Aragonesa", una sección de Atletismo de la "Asociación Aragonesa de Cultura Física", que el 7 de enero de 1923 se disponía a celebrar sus primeras pruebas oficiales, consistentes en dos carreras de 100 y 5000 metros. Podían concurrir todos los atletas que pertenecieran a los clubes que integraban la U.A.A. y las marcas que se obtuvieran serían consideradas como "records" regionales.

    Sin embargo, los principales esfuerzos de la novel U.A.A. se iban a centrar en preparar un equipo que representara a Aragón en el Campeonato Nacional de Cross. Con este fin se celebraron siete croses y el denominado Cross regional de Aragón.

    En el "VIII Cross Nacional" Dionisio Magén volvió a tener una brillante actuación, clasificándose en séptima posición. Pero el resultado no colmó los anhelos de Magén, que lloraba con rabia al ver los puestos que había perdido durante la última parte del recorrido, en la que tuvo que pararse tres veces a causa de dolores agudísimos en el costado, impidiéndole llegar en segundo lugar.

    Los corredores fueron homenajeados en Aragón, disputando varias carreras en los intermedios de los encuentros de fútbol. También hubo carreras de velocidad, saltos y lanzamientos.

    El brillante resultado obtenido por Magén, y la buena clasificación del equipo en los campeonatos nacionales de Cross, contribuyó a que las sociedades deportivas fueran convocadas a junta a finales de mayo de 1923, constituyéndose la Federación Aragonesa de Atletismo, que se afiliaba a la Federación Atlética Nacional.

    El comité directivo lo formaron los siguientes señores: Presidente honorario, don Julio Pérez Larrosa; presidente, Jesús Valdés, de la S.D. Universitaria; secretario, Carlos Aznar, del Iberia S.C.; vicesecretario, Amadeo Rey, del Fuenclara; Tesorero, Antonio Sánchez, del Aragón; contador, Silverio Mauleón, del Águila, y un vocal por cada una de las demás sociedades unidas a esta Federación.

    Los fines que perseguía esta nueva Federación consistían en organizar pruebas y campeonatos, con objeto de que se tomara parte en concursos y pruebas nacionales, continuando la labor que empezaron los corredores en el último "cross country" nacional celebrado en San Sebastián. El comunicado de la Federación que daba a conocer estos fines concluía diciendo: "atletistas de Aragón los hay, quien lo duda; con que a entrenarse y a que sepan en España entera lo que son los atletistas aragoneses".

La reorganización deportiva con el franquismo

La reorganización deportiva con el franquismo

Saludo de rigor antes de la salida en el Campeonato de Aragón de Cross de 1940. Foto Sancho

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en el suplemento “Domingo” del Diario del Altoaragón, Domingo, 20 de junio de 1999

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

    El Parte Oficial de Guerra del 1 de abril de 1939, firmado por el general Franco en Burgos, decía lo siguiente: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos. La guerra ha terminado”.

    A partir de este momento comenzaron a desarrollarse las diferentes actividades de la vida cotidiana, entre ellas el deporte, que cada vez ejercía mayor influencia en la sociedad moderna.

    Durante los tres años de guerra el deporte había desaparecido casi en su totalidad. A mediados de 1938 comenzaron a jugarse algunos partidos de fútbol entre varios equipos militares. En los primeros días de 1939 ya se organizó un Campeonato Regional, con la participación del Zaragoza F.C., Huesca F.C., División 105 (se retiró por incorporarse al frente de Mahón), Aviación, Recuperación de Levante y 80 Compañía. El Aviación Zaragoza se proclamó campeón y el Zaragoza F.C. se clasificó para la Copa del Generalísimo (1).

Volver a empezar

    Muchos deportistas aragoneses dieron su sangre y cayeron en el frente, unos para siempre y otros para apartarse del deporte (Marraco se despeñó entre la nieve de las montañas de Huesca; Prieto era una figura destacada del vuelo sin motor; Valero, defensa del Arenas, murió en la Ciudad Universitaria; Tomás, Ortuzar, Bilbao, Ruiz, Uriarte, Pelayo, Escosa, Primo, etcétera). Entre los atletas, muy recordado fue el menor de los Marqueta, muerto en Barcelona, o Agapito Guillén, el bravo corredor de Terrer, que también fue víctima de aquella absurda y cruel lucha entre hermanos, por citar algunos.

    Pasados los tres trágicos años fratricidas, el deporte comenzó a reorganizarse. En los primeros días de julio de 1939 el fútbol ya estaba en marcha; se anunciaba el comienzo de la nueva temporada. El boxeo, el tenis, la natación..., seguían el mismo ritmo.

    Regresaron los deportistas (entre otros, el boxeador Pepe Martín o Jesús, un conocido pelotari zaragozano que despertaba gran entusiasmo entre los aficionados) y los organizadores, como Chicot, de Helios, que se encargaba de los concursos de natación en el Ebro.

    Las instalaciones deportivas también sufrieron las consecuencias de la guerra. El refugio que habían construido los montañeros en Valmadrid (Zaragoza) quedó destrozado por las necesidades de la vanguardia.

    Inmediatamente la empresa del Frontón Aragonés comenzó su actividad, organizando partidos de pelota con las correspondientes quinielas.

Las instituciones deportivas

    A primeros de mayo de 1939 mantuvieron las primeras reuniones el Comité Olímpico Español y el Consejo Nacional de Deportes, bajo la presidencia del general Moscardó y con asistencia del teniente coronel Villalba, el conde de Vallellano, el barón de Güel don Jacinto Miquelarena y don José Mesalles. En sustitución del capitán García Mayoral, tesorero del comité caído en el frente de Cataluña, se nombró al capitán Gastesi.

    El general Moscardó había realizado un viaje a Berlín para conocer la organización del deporte y de la educación física en aquel país. También había sido invitado el Consejo Nacional de Deportes a visitar Alemania para observar in situ el esfuerzo realizado en favor de las juventudes.

    En las citadas reuniones fueron nombrados los delegados del Comité en los diversos deportes y se estudió la labor de depuración que estos delegados debían realizar.

    También quedaron aprobadas las normas para la reorganización del deporte nacional por medio de las nuevas federaciones, así como para encauzar el periodismo deportivo y de los sistemas que debían regir la educación física española.

    Tres instituciones íntimamente unidas se encargarían de potenciar el deporte y otras actividades culturales, relacionadas con la propaganda política y moral adicta al régimen. Surgieron o se fomentaron el Frente de Juventudes, Educación y Descanso y el S.E.U. (Sindicato Español Universitario), actuando conjunta e independientemente y con las diferentes Federaciones deportivas.

    Con esta estructura se intentaba abarcar a los diferentes sectores de la sociedad: a los jóvenes leales, que combinaban actividades deportivas con la iniciación militar; a los jóvenes universitarios, y a los obreros o personas integradas en el mundo laboral.

    Una ley del 6 de diciembre de 1940 creaba la Delegación Nacional del Frente de Juventudes; tomaba como referencia a las organizaciones juveniles instituidas durante la guerra civil. Entre las misiones que se le atribuían se incluía la educación física y deportiva.

    El S.E.U. era una organización estudiantil de Falange, fundada a finales de 1933; en diciembre de 1940 fue incluida por decreto en el Frente de Juventudes. Una de las actividades fundamentales era la práctica de los deportes.

    Y para aprovechar el tiempo libre de los trabajadores, labor encomendada a la Organización Sindical, en diciembre de 1939 se creó “Alegría Sindical”, que poco después cambiaría su denominación por la Obra Sindical “Educación y Descanso”; uno de los puntos de la Ley de Principios del Movimiento Nacional ratificaba la actuación de la Organización Sindical en este sentido: “El Estado procurará por todos los medios a su alcance perfeccionar la salud física y moral de los españoles y asegurarles las más dignas condiciones de trabajo”.

    La adición al régimen era obligatoria en cualquier manifestación deportiva, así como el saludo y los gritos de rigor.

El fútbol

    Ajustándose a las normas del antiguo Campeonato de España, se comenzó a disputar la Copa del Generalísimo con la participación de los equipos aragoneses Aviación F.C. y Zaragoza F.C.

    En Aragón, la Federación Aragonesa de Fútbol confirió el encargo de la Nacional de reorganizar el deporte del fútbol; para ello, a primeros de mayo de 1939 citó a todos los clubes que se hallaban federados el 18 de julio de 1936, para que en el plazo de 15 días comunicasen su solicitud de reingreso. Éste podía ser requerido, en defecto de la junta directiva del Club, por un miembro cualquiera de la misma que figurase registrado como tal en la citada fecha y que se hiciera responsable de cuantas obligaciones tuviera el club en sus relaciones con la Federación. En el mismo plazo se admitirían solicitudes de reingreso de clubes nuevos.

    Los clubes que figuraban en la Federación en julio de 1936 eran: Zaragoza F.C., C.D. Español, C.D. Amistad, Tauste F.C., Arenas S.C., Club Discóbolo, U.D. Casetas, Utebo F.C., C.D. Monzalbarba, Hogar Pignatelli, Athletic Comín, C.D. Aragonés, C.D. Delicias, Unión Victoria, Olimpia F.C., C.D. Imperial, U.D. San Juan, Club Centro Obrero, C.D. Montañana, C.D. Alfajarín, C.D. Aurora, Club Bala Roja, C.D. Celta, C.D. Júpiter, C.D. La Salle, C.D. Nacional, Ranillas F.C., Betis, F.C. Club Sporting, Unión Pignatelli, Pedrola F.C., Lapuyade F.C., Juventud Comercial, Perdiguera F.C., C.D. Ejea, Euskalduna F.C., Zuera S.C. Juventud Obrera, C.D. Renacimiento, C.D. Alba, Peña Costa, S.D. Universitaria, C.D. Europa, C.D. Huesca, Monzón F.C., Barbastro F.C., S.D. Binéfar, C.D. Graus, A.D. Jaca, U.D. Tamarite, C.D. Calatayud, U.D. Calatayud, Halcón Rojo, Calatayud S.D., Brea de Aragón, C.D. Alhama de Aragón, Ariza, F.C., Alcañiz F.C., C.D. Calanda, C.D. Caspe, Híjar F.C. y C.D. La Puebla de Híjar.

    El aragonés Julián Troncoso fue el encargado de regir la reformada Federación Nacional de Fútbol, menos numerosa y en la que ya no habría necesidad de hacer asambleas, congresillos y elecciones enojosas, según sus palabras.

    Según la reorganización inicial, las federaciones tendrían gestoras compuestas por varios miembros, que encauzarían el fútbol siguiendo las instrucciones dictadas por la Nacional; los clubes estarían dirigidos por directivas poco numerosas, atendiendo las normas dictadas desde arriba, y los jugadores tendrían que pensar que la patria necesitaba de su esfuerzo y, por tanto, se acabarían sus grandezas y exigencias. Los clubes recibirían instrucciones de las ventajas económicas que podrían ofrecer a sus jugadores y en ningún caso se admitirían transgresiones.

Otros deportes

    El Iberia reanudó la actividad ciclista con domingueras excursiones; pronto le seguiría el Club Ciclista Zaragozano, dispuesto a organizar carreras en las barriadas y en localidades próximas a la capital.

    A primeros de julio ya se decidió la organización de la “I Vuelta Ciclista a Aragón” con carácter nacional, que se celebraría entre el 5 y el 12 de octubre.

    El C.N. Helios también reanudó su actividad con la práctica de varios deportes: baskett-ball, pelota, atletismo y natación.

    Se designó presidente de la Federación Aragonesa de Boxeo a don Mariano Fustel Lozano.

    Manuel Orera reorganizó la sección de pesca de la Sociedad General, aunque en su primer año no tuvieron tiempo de llevar a cabo la “pescata benéfica” para obsequiar a los asilo de la Caridad.

    En Atletismo Helios y el Zaragoza iniciaron los entrenamientos y competiciones. A mediados de octubre Eduardo Baeza fue nombrado presidente de la Federación Aragonesa de Atletismo.

    La reorganización seguiría durante varios años elaborando, adaptando y modificando premisas propias de un estado autoritario. 

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Datos extraídos del libro de Ángel Aznar: El largo camino hasta la Recopa. Historia y anécdota del Real Zaragoza. Tomo I, Zaragoza, 1995, p. 144.

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“Esparvero”, la revista número 14 de los ‘Amigos del Batán’ de Fiscal

“Esparvero”, la revista número 14 de los ‘Amigos del Batán’ de Fiscal

     Trinitario Bartolomé nos ha enviado el último número de Esparvero (Núm. 14, Diciembre 2006) la “Revista informativa de la Asociación ‘Amigos del Batán’ de Fiscal (Huesca).

     Incombustible, “con alguna soledad, contra dificultades, viento y marea, pero con mucha ilusión” y con una puntualidad asombrosa, Trinitario es la imagen visible de una Asociación que trabaja desinteresadamente a través de sus actividades por la defensa del patrimonio cultural y natural “como base de identidad local y regional”. Parte de ese trabajo, muchas veces oculto y oscuro, sobre todos los aspectos relacionados con Fiscal, su divulgación, promoción y conservación, queda reflejado con la regularidad habitual en esta revista.

     En el número 14 se publican artículos de José María Satué Sanromán hablándonos de los pastores (“Alrededor d’a caminera”), de Jesús Cardiel Lalueza, que nos presenta un documento antiguo (“Donación en Lardiés en el año 1495”), o de Juan Antonio Allué Bellosta, que recuerda uno de los medios de transporte de antaño, concretamente, “El coche de Pedro-El Correo. Desde Ligüerre de Ara”.

     Igualmente interesantes son los artículos de Trinitario Bartolomé sobre “La industria textil en el Medievo”, “Los ríos, vida e historia”, “El árbol, naturaleza y vida”, “Félix de Azara” y “El patrimonio perdido”.

     En la sección de Libros, el prólogo de Julio Llamazares para la obra de Enrique Satué Oliván, El Pirineo contado, es la mejor presentación que se puede hacer de un texto que “bucea en la memoria de los pastores y de los campesinos” del Pirineo. Como se dice del buen vino, este libro conquista mayor interés con el paso de los años.

     La revista se enriquece con un extracto de la obra Lugares mágicos del Pirineo Aragonés, de Juan Carlos Muñoz, Juan Gavasa y Sergio Lanaspa, que narra la leyenda de “Las Treserols”. 

     Y, para terminar, entresacamos una referencia de la última sección, “Refrans”:

“D’as auguas mansas no te’fies”.

El primer Campeonato de Aragón de Atletismo

El primer Campeonato de Aragón de Atletismo

Salto con pértiga en las antiguas pistas de la arboleda de Monzón

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón, Domingo, 27 de noviembre de 1994

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

    El 27 de mayo de 1923, reunidas en junta las sociedades deportivas, constituyeron la Federación Aragonesa de Atletismo, que al mismo tiempo se afiliaba a la Federación Nacional. Los fines que perseguía la nueva Federación eran organizar campeonatos y pruebas que sirvieran de entrenamiento para participar en los campeonatos nacionales, repitiendo el éxito alcanzado por los corredores que habían participado en el último "Cross country" Nacional.

    La labor realizada por la anterior Unión o Federación Atlética Aragonesa había sido intensa. Desde febrero hasta finales de abril se trabajaba en la preparación del equipo que defendería los colores regionales en el Campeonato de España de Cross  que se celebraría en San Sebastián.

El Cross Nacional

    De la decena de carreras organizadas con este fin, el último del 15 de abril de dicho año se consideraba Cross Regional de Aragón, con un recorrido igual al cross de San Sebastián. El día 29 del mismo mes, en la bella Easo, tomaron la salida los seleccionados aragoneses Dionisio Magén, Vicente Magén, Vicente Sanjuán, José de Miguel, José Marín, Ángel Gracia y Esmeraldo Peña, para recorrer 12 kilómetros.

    El resultado, como consecuencia del fecundo y entusiasta trabajo realizado, fue un éxito. El mejor clasificado aragonés, Dionisio Magén, llegó en séptimo lugar. En la meta Magén lloraba de rabia al ver los puestos que había perdido durante la última parte del recorrido en la que tuvo que parar tres veces a causa de dolores agudísimos en el costado, que fueron los que le impidieron llegar en segundo lugar. Ángel Gracia, que también iba excelentemente colocado, se tuvo que retirar a los siete kilómetros.

    Los corredores participantes en el Cross Nacional hicieron una demostración, a los pocos días, en el descanso del encuentro de fútbol entre los equipos Real Stadium y el Baracaldo. El corredor de Montañana, Dionisio Magén, hizo una brillante exhibición demostrando su formidable estilo.  Para el 20 de mayo se anunciaban otras pruebas que tendrían lugar en el zaragozano campo de las Delicias, durante el descanso del partido de fútbol. Se disputarían saltos de altura con impulso, saltos de "anchura" con impulso, lanzamiento de jabalina, lanzamiento de barra y carrera de 100 metros lisos. Podían participar todos los socios pertenecientes a los Clubes adheridos a la Federación Atlética Aragonesa. Y para el 27 del mismo mes, también durante un descanso del fútbol, se programó una carrera de 5.000 metros para batir el record regional, establecido por De Miguel en 19 min. y 35 seg.

    Las pruebas atléticas todavía eran poco conocidas, y esa era una de las causas por las que los mismos atletas aparecieran en varios resultados. Aznar, del Iberia, venció en los 100 m., en el lanzamiento de jabalina y en el salto de longitud, y Leoncio López, de la R.S.A. Stadium, se clasificó primero en el lanzamiento de barra.

Mínimas para el Campeonato Nacional

    Recién creada la Federación, los atletas trabajaban sin descanso y con entusiasmo por el deseo de de concurrir al Campeonato de Atletismo que se iba a celebrar en Bilbao en el mes de agosto. Con el fin de seleccionar a un equipo digno que representase a la región, se fijaron las siguientes marcas mínimas: Salto de altura (con impulso), 1,60 m.; salto de longitud (con impulso), 5,70 m.; triple salto, 11 m.; salto con pértiga, 2,70 m.; en lanzamiento, de disco, 30 m.; de peso, 10,50 m.; de jabalina, 38 m., y de martillo, 25 m.; y en carreras, de 100 m. lisos, 11 seg. 3/5; 200 m., 24 seg. 2/5; 400 m., 58 seg.; 800 m., 2 min. 10 seg.; 1.500 m., 4 min. 35 seg.; 5.000 m., 17 min., y 10.000 m., 37 min.

    Para los días 22, 25 y 29 de julio de 1923 se programaron los primeros Campeonatos Atléticos de Aragón con el fin de que sirvieran para seleccionar a los atletas que acudirían a Bilbao, y al mismo tiempo las marcas alcanzadas quedarían como records de Aragón.

    El entusiasmo llenaba de amor propio a los atletas, pero un temor les conmovía: los escasos medios económicos de la Federación de Atletismo para poder sufragar los gastos del viaje y estancia. No obstante, quedaba la posibilidad de que las sociedades de fútbol jugaran algún encuentro en beneficio de los atletas.

El Campeonato Regional

    Un Reglamento de 18 artículos regulaba los Campeonatos en los que podían participar, según el artículo 2º, "todos los atletas de las Sociedades deportivas de Aragón y todos los individuos libres que acreditaran no ser profesionales". Las pruebas eliminatorias, previstas para el día 22 de julio tuvieron que aplazarse a causa del mal estado en que se encontraba el campo del Arrabal de Zaragoza, habilitado para pista de carreras, corriendo las fechas para concluir el domingo 5 de agosto.

    Todos los participantes debían inscribirse en el gimnasio del doctor Julio Pérez Larrosa, donde se les reconocía, requisito sin el cual, por acuerdo de la Federación Nacional, no se podía tomar parte. Entre los artículos más llamativos del Reglamento se puede entresacar el 7º, que decía: "La inscripción irá acompañada de dos pesetas, reembolsadles al devolver el dorsal. Si el atleta no acudiese a las pruebas sin ser caso de fuerza mayor justificada, perderá dicha cantidad". En el artículo 12 y 13, referentes a los saltos y lanzamientos, se fijaba que cada concursante tendría derecho a cuatro saltos en las eliminatorias, quedando para las finales los tres primeros clasificados. El artículo 14 se refería al lanzamiento de barra: "Será completamente libre, pero no se permitirá hacer agujeros para apoyar los pies". El artículo 17 explicaba que "para adelantar a un corredor en un carrera, tendrá que hacerse siempre por la derecha si éste va por la línea interior; si se hiciese por el lado contrario será descalificado".

    Por último, el artículo 18 decía que "la Federación organizadora declina todas las responsabilidades por los daños o perjuicios morales y materiales que los participantes puedan sufrir y éstos se comprometen a no entablar demanda judicial ninguna a la Federación Atlética Aragonesa".

    El 5 de agosto, en el campo de la Hípica de Zaragoza, se disputaron las finales, que comenzaban a las siete de la mañana con las siguientes pruebas: Carrera de 5.000 m., lanzamiento de peso, salto de longitud con impulso, carrera de 200 m. lisos, lanzamiento de jabalina, triple salto olímpico y carrera de 400 m. lisos. Por la tarde, antes del partido de foot-ball que enfrentaba al Zaragoza F.C y al Huesca F.C., cuyos ingresos se destinarían a sufragar los gastos de viaje y estancia del equipo de atletas que acudiría a Bilbao, se celebraron las eliminatorias de salto de altura, tiro de barra y salto de pértiga; en el descanso se corrieron los 400 m., los 800 m. y se lanzó el disco; al final del partido se corrieron los 1.500 m.

    Los futbolistas se volcaron en apoyo de los atletas jugando varios partidos de fútbol a beneficio de la Federación de Atletismo. Incluso en la Asamblea de la Federación de Fútbol, que tuvo lugar a finales de julio, se decidió que se aumentaran 10 céntimos en las entradas a los "matchs" de fútbol para proporcionar fuentes de ingreso a los atletas.

    Los atletas más destacados del Campeonato Regional que acudirían a Bilbao fueron: Carlos Aznar, del "Iberia S.C.", para 100 m., 200 m., relevos y salto de longitud; Jesús Valdés, de la "Universitaria", para 400 m., 800 m., relevos, salto de altura y triple salto (olímpico); Dionisio Magén, del "Stadium", para 1.500 m. y 5.000 m.; Juan Monforte, del "Stadium", para lanzamiento de disco y barra; Pascual Coderque, del "Stadium", para lanzamiento de disco, peso, barra y jabalina, y José Marín, del "Stadium", para 800 m., 1.500 m. y relevos.

El Campeonato Nacional

    En los Campeonatos Nacionales de Bilbao sólo tomaron parte cinco regiones. Aragón quedó clasificada la quinta. Coderque alcanzó el primer lugar en lanzamiento de disco (33,29 m.) y Valdés el segundo en salto de altura (1,65 m.). Coderque mantuvo una gran pugna con el castellano Uría, que había ganado 17 concursos seguidos.

    Coderque también triunfó en lanzamiento de barra española, en lucha con castellanos y vizcaínos, clasificándose en primer lugar con más de 3 m. de diferencia, y en palanca vizcaína, a pesar de ser desconocida para él, obtuvo el segundo puesto (18,52 m) y el quinto Monforte (12,02 m.).  El resto de los aragoneses también realizaron un buen papel. El balance final se calificó de rotundo éxito para Aragón por los triunfos obtenidos al debutar en estos campeonatos.

RESULTADOS

Primeros campeonatos oficiales de Aragón de Atletismo

    100 m., 1º Carlos Aznar (Iberia S.C.), 11 seg. 1/5. 200 m., 1º Carlos Aznar (Iberia S.C.), 26 seg. 400 m., 1º José Marín (R.S.A. Stadium), 57 seg. 800 m., Jesús Valdés (S.D. Universitaria) 2 min. 10 seg. 1500 m., 1º José Marín (R.S.A. Stadium), 4 min. 33 seg. 3/5. 5.000 m., Vicente Magén (R.S.A. Stadium), 17 min. 53 seg. Salto de altura, 1º Jesús Valdés (S.D: Universitaria), 1,60 m. Salto de longitud, 1º Carlos Aznar (Iberia S.C.), 5,80 m. Triple salto (olímpico), 1º Antonio Sánchez (U.S. Aragón), 11,30 m.