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García y Adell

El Bandolerismo en los Monegros

El Bandolerismo en los Monegros

Alcubierre, lugar de nacimiento de “Cucaracha” (Foto: C. García)

  Publicado en “Alacay”, Publicación de Cultura Tradicional Aragonesa de la Agrupación Folklórica Santa Cecilia. Mayo-Agosto 1998 - Nº 6 - Año III

José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

      Algunos textos de extranjeros que atraviesan Aragón en el siglo XIX nos muestran las luchas feroces motivadas por las guerras carlistas, que hacen proliferar partidas de bandoleros, a veces camuflados de facciosos.

    A finales de siglo todavía se presenta este país poblado de bandoleros, sin duda una imagen distorsionada y adornada de paños románticos, pero no exenta de base real. Asaltos de diligencias, fisonomías de mal agüero, compañías de guardias encargados de vigilar los caminos y perseguir a los ladrones (“miñones”), o las numerosas cruces de madera (se las llamaba “milagros”) que crecían por todas partes indicando el escenario de un asesinato, justificaban los relatos románticos.

    El país se vio azotado por el cólera, los bandidos y la guerra civil. A diario se vivían atroces escenas en las que el hombre desataba todas sus pasiones asesinas de la manera más feroz. Aunque estas acciones no resultaban nada novedoso; como señalaba Charles Didier (1836), en España todos los partidos, por turno, se han manchado sus manos en sangre.

    Las discordias políticas, condimentadas con el estado social y económico, y favorecido por los rasgos orográficos, que caracterizan la sierra de Alcubierre, fueron, en efecto, un excelente caldo de cultivo del bandolerismo en los Monegros.

    Cenac-Moncaut (1860) contrastaba la rica e industriosa Cataluña con Aragón: “Aragón os ofrece su aridez, su aspereza, todos los rasgos de la pobreza y de la incuria. Se siente uno en el fin del mundo”. Esta tierra estaba salteada de míseros poblados casi abandonados, en los que la despoblación provocó, la existencia de numerosos vagabundos. Cenac-Moncaut escribía: “Ved unos campesinos andrajosos trabajando en un campo lejano; llevan un fusil a la espalda. ¡Qué veo ahora en el recodo de un sendero!; un hombre a caballo, acompañado por otro que lleva un trabuco... Será un bandido y su compinche; no, es un señor que tiene miedo”.

    Esta situación la podemos comparar con las abundantes noticias que sobre el bandolerismo se publican en esta época. Popularmente un bandolero, el Mariano Gabín, apodado “Cucaracha”, destacará entre todos. Su “reinado” por tierras de los Monegros perduró entre 1870 y 1875; su fama estaría bien justificada y quizá por ello se convirtió en el más representativo.

    Antes ya habían surgido otros célebres bandoleros. Después del “Cucaracha” el bandolerismo también volvió a campear por la sierra de Alcubierre, aunque teñido con los tonos fantásticos de la sombra de Mariano Gabín.

    El 13 de febrero de 1861, el Diario de Zaragoza, daba a conocer que la policía había hecho presos en Zaragoza a dos famosos bandidos que tenían aterrados todos los pueblos de la Sierra de Alcubierre y del Somontano, y en persecución de los cuales habían estado constantemente varias partidas de la guardia civil. Con la captura se levantaron los somatenes A los ladrones se les ocupó siete mil reales, dos pistolas y dos navajas.

Mariano Gabín, “Cucaracha”

    Mariano Gabín Suñén, apodado "Cucaracha", de pequeño fue pastor; llevaba el ganado hasta la montaña. De él se decía que era holgazán. Le gustaba más la caza furtiva que cultivar los campos; huroneaba, colocaba lazos y cuando no cazaba con escopeta. Andolz recoge un refrán de esta comarca que justifica el camino que siguió: "De cazador a ladrón, no va más que un escalón".

     Probablemente la lucha por la subsistencia y la creencia de que en el monte o al margen de la ley viviría mejor, en una sociedad en la que la mayoría malvivían al servicio de unos pocos ricos, influyera en la decisión de Mariano Gabín para tomar el camino del bandolerismo.

    Fue ladrón, aunque también se hizo popular el dicho de que "Cucaracha quita dinero a los ricos y da a los pobres". Se cuentan algunas anécdotas sobre este hecho, pero también existen muchos relatos de su mal proceder: en abril de 1874 pidió al propietario de Alcubierre José Calvo Ayerbe una gran cantidad de dinero y como no se la dio incendió una paridera de su propiedad. Varios vecinos del pueblo acudieron a apagar el fuego y cuando ya regresaban a sus casas fueron asaltados por el "Cucaracha", robándoles el dinero que llevaban, las armas y las caballerías, dándoles un nuevo encargo dirigido a Calvo para que entregara la cantidad pedida.

     Durante cinco años "Cucaracha" fue el terror de la comarca; de él se cuentan numerosas historias, muchas fantaseadas por la admiración popular; la misma que le ocultó en ocasiones, hasta que el 28 de febrero de 1875 fue herido mortalmente por la guardia civil en la paridera de Lanica.

    Según una versión recogida por Rafael Andolz, "Cucaracha" se hizo amigo de Juan Ardid Jordán, que poseía un campo junto al suyo. Un día tenía hambre y con Juan Ardid fueron a robar un cordero, pero fueron descubiertos. "Cucaracha" disparó, dejando moribundo al pastor, y decidieron no volver a Alcubierre. Camino de Lanaja alcanzaron a un muchacho que iba con un borrico cargado, al que preguntaron:

         -¿A dónde vas, muchacho? 

        -Pues voy ta Castejón pa vender esta sal.

         -¿Y qué dinero llevas?

         - Pues ochenta pesetas.

    Cucaracha amartilló la escopeta amenazadora:

         - Tráelas si quieres seguir vivo.

    El rapazuelo se las entregó a Juan Ardid;

         -¿Nos conoces?

         -Sí señor, son de Alcubierre. Mi madre es de allí y he estado bastantes veces. El chaval, tras la mirada de Mariano y Juan, adivinó que había hablado demasiado y huyó despavorido. "Cucaracha", que no podía disparar porque estaban muy cerca del pueblo, le lanzó una piedra, alcanzándole la cabeza. El chico, moribundo, aún pudo contar lo sucedido. Ambos marcharon a Francia (primavera de 1864), pero al cabo de una semana Mariano volvió a la sierra de Alcubierre.

    Según otro relato recogido en Lanaja, Mariano Gabín se fue a trabajar a Francia. Cuando había reunido un poco de dinero, lo mandó a su mujer con un amigo, pero éste en vez de dárselo se lo quedó. Cuando Mariano regresó de Francia resolvió el asunto matando al “amigo”.

    "Cucaracha" pronto encontró compañeros. La cuadrilla llegó a contar con medio centenar de bandoleros.

    El primer reclutado fue Antonio Sampériz Peralta "El Cerrudo" (moriría con "Cucaracha" en el corral de Lanica). Otros: Agustín Alamán Corvinos "Farineza" (se convirtió en segundo jefe). "El Villanueva", de Villanueva de Sigena (se denominaba la pandilla de Cucaracha y Villanueva). "De Diego", "Magencias", "El Víbora" (exguardicionero de Alcolea), Juan Andrés, "Mayarito", Marcelino Berdeber (sastre de oficio)... La mayoría acabaron muertos o capturados.

    Habitualmente actuaban rodeando un corral, mataban varias ovejas y daban al pastor las pieles con una nota pidiéndoles una cantidad de dinero.

    Algunos pastores eran amigos y confidentes, pero hubo otros que aprovecharon esta forma de actuar para celebrar alguna comilona echando las culpas a "Cucaracha". Se cuenta que "Cucaracha" cortó una oreja a Mariano Berdún para escarmiento por actuar de esa manera.

    Odiaba a los ricos y por ello pasó a la historia como el bandolero que robaba a los ricos para dar a los pobres. En más de una ocasión llevó de comer a los jornaleros y mandaba notas a los amos para que alimentara mejor a sus criados.

    Una muestra de este proceder es el suceso más divulgado y popularizado en los Monegros: Iba un día un chiquillo a moler a Alcubierre. Su padre le había dado sólo dos pesetas para que no se las quitara "Cucaracha". El bandido le vio venir desde su escondite, salió a él y se entabló el siguiente diálogo, según lo relata Andolz:

         -¿Llevas dinero, chico?

         -No, señor, que mi padre me ha dicho que no me lo daba porque somos pobres y si me lo quitaba "Cucaracha"...

    Hizo gracia al bandido la ingenua sinceridad del muchacho, echó mano y le dio dinero, diciéndole:

         -Pues toma dinero y dile a tu padre que "Cucaracha" quita dinero a los ricos y da a los pobres.

    "Cucaracha" hizo muchos robos y secuestros para obtener dinero. Uno que tuvo gran trascendencia fue el de Juan Ruata, un mes antes de que muriera en el corral de Lanica.

    En otro golpe se aprovechó de la situación política de la época. En su cuadrilla tenía a un sastre, Marcelino Berbeder, le mandó confeccionar uniformes carlistas y formaron una cuadrilla de guerrilleros con la intención de dirigirse a Farlete; allí fueron recibidos con entusiasmo, pero cuando se quisieron dar cuenta los bandidos ya habían arrasado la población.

La muerte de Cucaracha

    Según la versión de la muerte de "Cucaracha" que recoge Andolz, estaba "Cucaracha" en el corral de Lanica con varios miembros de la banda esperando el vino que debía traerles el zagal de Maza. En Lanaja, el teniente de la guardia civil, con unos cuantos civiles, el alcalde, el boticario y algunos concejales, tramaron la idea de envenenar el vino. Aleccionaron al zagal de lo que tenía que hacer (vomitar), ya que se lo harían probar primero. Bebieron, dándose cuenta de que estaba compuesto, y entonces se presentaron los civiles matando a todos.

     En el Extracto de las Partidas de Defunción aparecen los nombres de los fallecidos el 28 de febrero de 1975: Mariano Gabín Suñén (Cucaracha) de 37 años, natural de Alcubierre; Antonio Sampériz Peralta, de 38 años, de Lalueza; José Bernad Rivas, de 38 años, de Belver; Melchor Colomer y Ferrer, de 32 años, de Osso, y José Solanilla y Lacambra, de 35 años, natural de Palo.

     En una carta publicada unos días después de su captura en El Diario de Zaragoza (8 de marzo de 1975) se relataba detalladamente el acontecimiento de los hechos:

    Vicente Lafuente y Pueyo, teniente de la guardia civil, sólo hacía 17 días que se hallaba al frente de la fuerza destinada para la persecución de "Cucaracha" y su cuadrilla, y en tan pocos días dio con las madrigueras y acabó con el tristemente famoso criminal.

    "El 27 del pasado salió esta fuerza, dividida en dos grupos, en dirección a la sierra, y en la mañana del 28 se dirigieron hacia el punto denominado Peñalveta; serían las dos de la tarde, cuando al llegar a la paridera de Lanica, en el término municipal de Lanaja, la pareja que iba de avanzada, miró por la pared del corral y distinguió a uno que estaba cosiendo y a su lado había un arma; examinando un poco más, vieron diferentes armas en un rincón. Esto fue bastante para creer que eran los bandidos; agitó uno de los guardias el pañuelo y los demás rodearon el corral, dando la voz de: ¡Alto a la guardia civil, rendíos y no se os tocará! Cucaracha cogió su Berdam, armó la bayoneta y se lanzó a puerta; los demás también cogieron sus fusiles y se lanzaron a la pelea. Entonces los guardias dispararon sus armas, hiriendo de muerte el jefe de los bandidos. A la media hora acabaron con todos".

    La noticia corrió con velocidad y al día siguiente los caminos que conducen a Lanaja se veían cubiertos de gente deseosa de conocer al que por cinco años ha llenado de pavor a estos habitantes.

    Los cadáveres permanecían tendidos en medio de la plaza. El aspecto de "Cucaracha" era seco, delgado, con bigote recortado y mal vestido; de los cinco era el que peor vestía y el más desaliñado.

    Fueron ocupados los efectos siguientes: tres pistolas, un revólver, tres grandes cuchillos, dos puñales, tres fusiles, una escopeta de dos cañones sistema Lafoucheaud, un Remington, cinco fusiles Berdam y Remington, un quepis, una corneta, barbas postizas y una solicitud muy bien redactada y de muy buena letra, escrita en papel sellado dirigida a S.M. el rey D. Alfonso XII y en la cual le pedía "Cucaracha" que se le indultara de toda pena y se le dejara ir libremente a su casa. Además, una carta sin concluir que iba dirigida al ayuntamiento de Alcubierre.

    Según se informaba en la carta, "los semblantes de las gentes de Lanaja declaran alegría, ya que se había llegado al punto de no poder habitar estos pueblos; todo estaba abandonado porque los labradores no podían acudir a sus fincas".

Bandidos de la banda de “Cucaracha” antes y después de su muerte

    "El Villanueva" es herido de fusil (muere) de la guardia civil el 18 de julio de 1873.

    Juan Andrés y nueve compañeros más fueron capturados por la guardia civil el 10 de mayo de 1874 en Lanaja.

    Marcelino Berbeder, el sastre, y otros seis bandoleros son capturados en Sariñena el 18 de mayo de 1874.

    El 22 de junio de 1874 son hechos prisioneros en Alcolea de Cinca otros cinco bandidos.

    Isidro Berber, Francisco Larroy Ferrer y Joaquín Ollés Cuadrado, son detenidos el 22 de julio de 1974.

    Manuel Miró (a) “el Cigarro”, caía en Ballobar el 26 de agosto de 1874, confidente de “Cucaracha” y terror de aquella población. Otros tres bandidos que se habían escapado son hechos prisioneros en Ontiñena el 31 de agosto de 1874.

    Miguel Señar, alias “de Diego”, muere en Belver el 27 de noviembre de 1875 tras herir a un guardia civil.

    "La Víbora" (exguardicionero de Alcolea, considerado el más terrible de los bandidos de “Cucaracha”), que se había fugado de la cárcel de Fraga, fue detenido en diciembre de 1875.

    "Mayarito"? muere el 28 de diciembre de 1875 en Belver.

    Eugenio Berdún Otal es apresado en su casa de Sariñena en 1876.

    Demetrio Durango es capturado el 2 de junio de 1876. Al intentar huir cerca de Grañén la guardia civil hace fuego causándole la muerte.

    Por la ribera del Cinca (especialmente Zaidín) se producen quejas por los desmanes provocados por veteranos bandoleros. Se dan los últimos golpes.

    "Farineza" todavía colea en 1879.

    Antonio Salvador (a) "Mayarito" muere despeñado tras una lucha con un vecino de Gelsa que quería robar (hacía el número once de los que habían muerto).

    Agustín Alamer Corvinos (a) "Farineza", segundo jefe de la partida de "Cucaracha" es apresado en Biescas (había desaparecido tras la muerte de Cucaracha).

Otros bandoleros

    Tras la muerte de “Cucaracha” junto con otros cuatro miembros de la banda, aparecen noticias de distintos lugares de los Monegros lamentándose de los numerosos sucesos y acuñando la repetida frase: “Estamos peor que en tiempos de Cucaracha”.    La pandilla de “Cucaracha” se desperdigó, agrupándose un pequeño número en la Sierra de la Carrodilla (ocho o diez), en las inmediaciones de Benabarre.

    Blasco de Osso, apresado en diciembre de 1875, se fugó y formó una banda de 10 hombres, moviéndose por la sierra de la Carrodilla.

    En julio de 1875 cuatro bandoleros asaltaron en el barranco del Cuervo, término de Alfajarín, a cuatro que pasaban por allí. Uno de los bandoleros dijo ser sobrino de “Cucaracha” y vengador de su tío.

    "El Manco", natural de Villanueva de Sigena, actuó en los términos de Castejón y Pallaruelo.

    "El Peluca", fue herido en las balsas de La Almolda y murió poco después.    Un bandolero llamado Callizo se fugó de la cárcel de Tardienta y en septiembre de 1889 capitaneaba una partida de bandoleros que actuaba por los distritos municipales de Bergua, Sobás, Fiscal Fablo y Guillué.

    En agosto de 1890, Fraga estaba presa del bandolerismo; los ladrones campeaban a su gusto y hasta se organizaban en cuadrilla.

    A mediados de 1896 (14 julio) la guardia civil del puesto de Sena disolvía otro conato de pandilla, capturando a Antonio Campos (capitán de la cuadrilla), Fernando Benavente y Juan López.

Secuestro de Mariano Marcellán

    El 14 de julio de 1880, el Diario de Avisos de Zaragoza, publicaba la noticia del "Secuestro de Mariano Marcellán", cuyo texto reproducimos:

    "A las siete de la noche fue secuestrado anteayer en la sierra de Lanaja el vecino de esta villa, D. Mariano Marcellán. El hecho tuvo lugar a la sazón en que se hallaba el propietario referido en uno de sus campos, acompañado de un solo dependiente. Los dos ladrones que le intimaron la rendición y que le dispararon un tiro, aunque, por fortuna, sin herirle, se supone que son los que vagan hace un mes por la sierra de Alcubierre.

    Una vez apoderados los ladrones del Sr. Marcellán, enviaron a su criado con una carta, para que la familia de aquel entregase como precio de rescate seis mil duros. Según nuestras noticias, pudo al fin conseguirse su libertad a la mañana siguiente, mediante la entrega de seis mil reales.

    Esta es la segunda vez que el propietario referido ha sido secuestrado en la mencionada propiedad, según carta que nos envía nuestro corresponsal de Lanaja".

    Este suceso ocupó a varios corresponsales del citado diario durante un mes, dando noticias del temor que se sentía desde Lanaja, Alcubierre, Poleñino, Castejón de Monegros, Lalueza..., porque el bandolerismo se había enseñoreado en esta comarca “como en los tiempos del tristemente célebre Cucaracha”.

      Los bandoleros que tenían amedrentados a estos pueblos procedían principalmente de Lanaja, donde, según decían, tenían el más decidido apoyo.

    Los rumores sobre los bandoleros se fueron extendiendo y creciendo, de tal modo que algunos llegaron a pensar que los malhechores no existían más que en la imaginación de la gente pusilánime. Los relatos sobre sus acciones, poco contrastados y algunos falsos, fueron circulando por toda la comarca.

    La guardia civil y el somatén salieron en persecución de sospechosos, pero todas las intentonas fueron fallidas. El 9 de agosto de este año los pueblos de Marcén, Fraella, Lalueza, Poleñino y Capdesaso, junto con la guardia civil de Lanaja y Alcubierre dieron una batida de más de un centenar de hombre por los puntos en los que podían encontrarse los criminales.

     En esta persecución se echó en falta la presencia del pueblo de Alberuela de Tubo con su alcalde, bajo frívolo pretexto, y se dio una lección a los alcaldes de Lanaja y Alcubierre, con cuyo apoyo se tenía la seguridad de que rápidamente desaparecerían los secuestradores.

    Las batidas debieron tener un efecto positivo, puesto que ya no se volvió a hablar más de estos bandoleros. Sin embargo, la existencia del bandolerismo por la comarca todavía perduraría hasta entrado el siglo XX, según comprobamos en las noticias que a finales de 1906 aparecen en la prensa, señalando la existencia de bandoleros monegrinos, especialmente una partida localizada en Pallaruelo de Monegros.

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