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García y Adell

LAS CARRERAS PEDESTRES EN ARAGÓN

LAS CARRERAS PEDESTRES EN ARAGÓN

García - Adell

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Celedonio García Rodríguez y José Antonio Adell Castán
(Autores del libro: El pedestrismo en Aragón. DGA, Zaragoza, 1987) 

Las carreras pedestres o de pollos, propiamente dichas, tenían como ámbito la Comunidad Autónoma de Aragón y zonas limítrofes o en contacto con la misma.

Dentro de las múltiples facetas del deporte o juego rural aragonés podemos encuadrar las carreras a pie. Como dice la propia palabra (del latín pedes = pie) sería la acción realizada por los pies, y por extensión por las piernas y por todo el cuerpo, consistente en resistir durante mucho tiempo la carrera o la marcha a pie o cubrir determinadas distancias en el menor tiempo posible o en competencia con otros corredores.

Con esta definición no podemos distinguir muy bien la diferencia entre las pruebas atléticas, celebradas en todo el mundo, y las carreras pedestres aragonesas. Esas diferencias están en la propia prueba, en el ambiente, en el premio, y en otras connotaciones.

Las manifestaciones del pedestrismo en nuestra Comunidad Autónoma tienen unas características tan especiales que no encontramos en toda el área mediterránea.

La Gran Enciclopedia Aragonesa habla de las carreras pedestres, como “pruebas populares que han tenido un gran desarrollo en Aragón y País Vasco. Antaño el corredor aragonés, en calzón y peducos, e incluso a uñeta y descamisau (descalzo y en ropa interior), compite sin preparación atlética, más por pique de los mozos que por apuesta” (1)

Antonio Beltrán dice, refiriéndose a las corridas de pollos que “las actividades deportivas y lúdicas, en lo popular, se asocian con la competición, en la que lo más importante no es alcanzar un tope determinado, sino triunfar sobre los competidores. Aparte de otros deportes, las carreras con pollos como premio son una de las escasas actividades de tipo atlético que se han repetido en Aragón, donde el duro trabajo físico en el campo, no plantea la actividad como una meta, salvo para demostrar la fuerza, potencia o velocidad” (2).

En un trabajo publicado en la revista Argensola del Instituto de Estudios Altoaragoneses definíamos las carreras pedestres o corridas de pollos como “consistentes en una prueba a pie en la que participaban varios corredores. los cuales intentaban ganar un premio” (3).

En el programa de los “III Juegos Altoaragoneses”, celebrados en Huesca en el año 1981, se comenta que un premio muy generalizado en todo Aragón en este tipo de pruebas eran pollos, tres para el vencedor, dos para el segundo clasificado y uno para el tercero, “por lo que se conoce este tipo de deporte en numerosas localidades como corridas de pollos” (4).

En el programa de los “I Juegos Deportivos Tradicionales del Alto Aragón”, organizado por el Consejo Superior de Deportes y la Diputación Provincial, al hablar de las carreras pedrestres (así aparece escrito al igual que en algunos programas de fiestas) se distingue entre la corrida de pollos y la de andarines. Sobre esta última se comenta que se prohíbe correr, existiendo un paralelismo con la marcha atlética, lo cual rompe la tradición, pues no conocemos que en Aragón existiera esta prueba en nuestro deporte tradicional (5).

Asimismo, aparecen las corridas de pollos o pedestres en muchos programas de fiestas o, también, en otras manifestaciones como los “Juegos del Jiloca”, los “Juegos de la Litera” o los “Juegos Tradicionales Aragoneses” celebrados en Huesca el día de San Jorge del año 1985 (6).

También podemos encontrar este tipo de pruebas en otras Comunidades Autónomas, pero con un matiz muy diferente. En el País Vasco y norte de Navarra se desarrollan las mismas dentro del deporte rural vasco (los korrikolaris).

En el resto de España encontramos tímidamente este tipo de manifestaciones. Así, en algunos pueblos de León se corre la rosca, que era un mazapán grande de huevos, harina y azúcar. Correr la rosca era una prueba muy rápida, que no solía llegar al medio kilómetro. En Galicia existía la carreira de la fogaza de parecido matiz. Son pruebas rituales de marcada huella ancestral (7).

En algunos lugares de Hispanoamérica también se celebran estas carreras practicadas en nuestro país, llevadas, sin duda, por las gentes que en los siglos pasados marcharon al Nuevo Continente.

En el Diccionario de la Real Academia se define la carrera como la fiesta de parejas o apuestas que se hacen a pie o a caballo para diversión o para probar la ligereza. Otras acepciones son “pugna de velocidad entre personas que corren; paso rápido del hombre o animal para trasladarse de un lugar a otro; etc.” (8).

Por otra parte, el atletismo como deporte federado ha desplazado o sustituido estas ancestrales pruebas al introducirse con gran fuerza en los medios de comunicación social. En los pueblos se adaptan a lo que se hace en otras partes del mundo: carreras populares, millas urbanas, cross, etc. Con ello se pierden las pruebas autóctonas.

Como pruebas no encuadradas dentro del ámbito federado, pero con carácter tradicional encontramos únicamente las que se desarrollan en la zona vasco-navarra y aragonesa. Las pruebas pedestres del País Vasco tienen un matiz diferencial de las aragonesas. En aquellas juega un papel importante la apuesta y en Aragón la carrera se desarrolla por pique o por competición lúdico-festiva.

Los korrikolaris vascos están dotados de una tremenda resistencia, puesto que recorren distancias muy largas. Algunos destacados atletas como Mariano Haro han participado en varias de estas pruebas, batiendo records establecidos (plaza de toros de Tolosa).

Aragón

Dentro de nuestra Comunidad Autónoma existían diferencias entre las competiciones pedestres de una u otra zona, comarca o pueblo.

En los valles pirenaicos se celebraban las carreras en los alrededores del pueblo, con meta en la plaza mayor o calle principal. El premio era una rosca, tarta que tenía esta forma. Por esta razón se le llamaba carrera de la rosca.

En la Hoya de Huesca la denominación era de carreras al estilo del país. La distancia era corta y se realizaba tras la comida.

En las comarcas de Los Monegros, Cinca y La Litera la prueba se celebraba en alguna era del pueblo, dando varias vueltas a la misma hasta completar 10 o 12 Km., mientras la banda tocaba en el centro del redondel y el público seguía con gran interés las evoluciones de los esforzados corredores.

En Zaragoza, Barbastro, Calatayud, Huesca, Albalate del Arzobispo, Calanda, etc., el redondel de la disputa pedestre era la plaza de toros y el encargado de organizarla el empresario que sacaba sus beneficios al cobrar entrada al público que acudía a la misma.

En el Bajo Aragón se conoce a estas pruebas con el nombre de corridas de peatones, siendo los premios pollos. Todavía en los programas de fiestas de la posguerra aparece esta acepción; así, en el de Samper de Calanda del año 1939 se anuncia para el día 6 de agosto que a las cinco de la tarde habrá “gran corrida de peatones, que partirá de la Plaza de España hasta el camino de Zafranar, dando dos vueltas al mismo trayecto, con los premios siguientes: primero, tres hermosos pollos; segundo, dos hermosos pollos; tercero, un hermoso pollo” (9).

En la ribera del Jalón se hallaban muy extendidas las corridas de pollos, y aún gozan de enorme interés. Se realizan en circuitos extremadamente cortos (Chodes) dando muchas vueltas. En algunos puntos de la zona, en los años 20 y 30, estas competiciones se conocían con el nombre de corridas de peones, tal como consta en el programa de fiestas de Calatorao del año 1928 en honor al Santísimo Cristo (10).

En la ribera del Jiloca se mantiene la genérica denominación de carrera de pollos o corrida de pollos, haciendo referencia al premio. La prueba transcurría por la carretera o camino principal que pasaba por la localidad.

Cuando, poco a poco, los premios de los clásicos pollos se cambiaron por premios en metálico, a la antigua denominación le sustituyó la de carrera pedestre, que es la que se ha mantenido hasta la actualidad; aunque aún en algunos lugares se conservan otros nombres: “carrera de la cuchara” en Aínsa, “carrera de la joya” en Mallén, etc.

Podemos decir que prácticamente todas las ciudades, villas y lugares de Aragón programaban en el día del patrón o en los días de la fiesta mayor la carrera, que era el acto profano más esperado y el que más interés suscitaba.

Las comarcas donde más ha perdurado la afición a las carreras a pie han sido las altoaragonesas de los Monegros, Cinca y Litera; las zaragozanas de las riberas del Ebro, Jalón y Campo de Calatayud, y el Bajo Aragón turolense. Su desaparición es inminente en la zona pirenaica, Cinco Villas, los Campos de Borja y Tarazona y las comarcas del Sur y Oeste turolense.

Coincide que en las mismas comarcas donde más se ha desarrollado es donde otros deportes autóctonos, como el tiro de barra, han tenido sus mayores centros de atención e interés.

Con la creación de la Federación Aragonesa de Atletismo y la formación de clubes federados, las carreras pedestres desaparecían de las ciudades aragonesas,-reduciéndose a los núcleos rurales. A pesar de ello, algunos barrios de Zaragoza, Calatayud o Huesca, se siguieron programando actos de este tipo.

Aunque, en los años de la República y más tarde en los años de la posguerra, la Federación sancionaba a los atletas que participaban en las competiciones pedestres aragonesas. En la prensa del día 9 de julio de 1933 la Federación Aragonesa de Atletismo hacía público el siguiente comunicado:

“Habiendo comprobado la Federación Aragonesa de Atletismo las denuncias contra determinados atletas, por haber participado en pruebas no autorizadas por esta Federación, en las que se otorgaron premios en metálico y deseando por otra parte hacer una enérgica depuración entre sus atletas, se acuerda descalificar hasta el día 15 de octubre del corriente año a Don Francisco Pardos, Don Alfredo Martínez y Don Joaquín Callao, y en caso de reincidencia, a perpetuidad” (11).

En varios periódicos de fecha 8 de septiembre de 1950 se daba cuenta de otros acuerdos de la Federación contra los corredores que participaban en estas pruebas y que eran los más destacados del fondo español:

“El 31 de agosto se tomaron acuerdos por la Federación Española de Atletismo en los que según informe elevado por la Federación Aragonesa, que vienen a sumarse a otros hechos anteriormente, el Comité Directivo se pronunció por unanimidad, por considerar a los atletas denunciados como profesionales: Baldomá, Coll, Sierra, Rojo, Yebra y Losada” (12).

Esta sanción se debe a la participación de estos corredores en la prueba pedestre de Calanda, celebrada el día 13 de agosto de este año, en la que el vencedor tenía como premio una “yegua preñada por un semental del estado”.

Ello provocó que en los años de la posguerra los periódicos no comentaran, en los artículos de corresponsales, las carreras de las fiestas de los pueblos; se procuraba no dar publicidad a las pruebas para que no existieran sanciones. Claro está que a veces la Federación tenía que levantar las sanciones ante compromisos importantes de la selección, tal como ocurrió con José Molins, de Sabadell, en los años sesenta.

Ahora, que los atletas destacados cobran cantidades desorbitadas en las reuniones o meetings, por conceptos publicitarios, por records, etc., este problema ya no existe y la actitud de la Federación es de benevolencia con estas pruebas. Así, en la carrera celebrada en el barrio zaragozano de Las Fuentes, en agosto del año 1985, varios directivos estuvieron viendo y animando la prueba.

Cataluña

Estas competiciones se desarrollaron fundamentalmente en algunas de las comarcas limítrofes con Aragón, aunque se han perdido más rápidamente que en nuestra tierra. En la provincia de Lérida son escasas las poblaciones que conservan la tradición; hace algunos años muchos pueblos del Segriá y Les Garrigues sentían gran interés por estas competiciones.

En los valles pirenaicos catalanes se celebran unas carreras rituales que se llaman fallas. Julio Caro Baroja dice que “en Durro (valle de Bohí) corren las fallas el día de San Quírico, o sea, el 13 de junio, pero las coplas que cantan con aquella ocasión, que es la de la fiesta mayor del pueblo, expresan que antes se cardan por San Juan” (13). Estas fallas se corrían también en Isabarre (valle de Aneo), Pauls (valle del Flenisell), Les (valle de Arán) y Sarroca de Bellera.

Violant y Simorra comenta también estas carreras rituales (14). Nos extenderemos en las mismas en el capítulo dedicado al Sobrarbe, pues hay una tradición semejante en San Juan de Plan.

En Ager (comarca de, la Noguera) era típico correr lo cós. Ceferí Rocafort dice “lo primer que arriba ahont hi han los premis que sol ésser la plar;a, toca la cordera (ler premi) y ha guanyat lo cós. lo segon que toca los pollastres (2an premi) guanya lo sotacós y lo tercer ja no se presenta a recullir lo premi que consisteix en una ceba. En alguns pobles fan lo cós d’anada y vinguda” (el primero que llega donde están los premios, que suele ser la plaza, toca la cordera y ha ganado el cós, el segundo que toca los pollos gana el solacós y el tercero ya no se presenta a recoger el premio que consiste en una cebolla. En algunos pueblos hacen el cós de ida y vuelta) (15).

En la comarca del Segriá casi todos los pueblos solían celebrar la carrera pedestre en su fiesta mayor. Cuando adquirieron mayor auge fue en los años anteriores y posteriores a la guerra civil. En el libro Almacelles, visió d’un poble se comenta que el premio al vencedor de la prueba era un cordero (16). Posteriormente, al igual que en otras localidades, el premio pasó a ser en metálico. Hasta hace algunos años en Cubells aún se daba un cordero al vencedor. En Almenar la carrera se celebraba en las fiestas del barrio de San Roque, en el mes de agosto. En Alpicat, Alguaire, Roselló y Alcarras también existía una gran afición a estos festejos.

La árida comarca de Las Garrigas era sede de muchas de estas competiciones. En Borjas Blancas se corría alrededor de un estanque, en La Granadella en la plaza de la localidad y en Arbeca por las calles. En los últimos años en Arbeca se daba un cordero para el vencedor y un jamón para el segundo y tercer clasificado.

En la provincia de Tarragona las comarcas de la Cataluña del Ebro son las que programaban este tipo de pruebas de gran arraigo y tradición. Curioso es observar como las localidades ribereñas del Ebro han tenido pruebas de características semejantes en Navarra, Aragón y Cataluña.

En la comarca de la Ribera d’Ebre el premio era un pollo para el primero, un conejo para el segundo y la cebolla para el tercero. El alguacil, u otra persona de la población, llevaba colgados en un bieldo los tres premios. Esta persona se situaba en un lugar, siempre el mismo, y allí se daba la salida y la llegada, en la que había que tocar dicho bieldo.

En la Terra Alta se realizaban carreras casi todos los días de la fiesta, en el primero para los forasteros, el segundo para los del pueblo y el tercero para los niños. A veces se realizaban dos pruebas: una dentro de la localidad y otra en el campo de fútbol.

En el Baix Ebre era popular la Cursa Venlurera de Torlosa, llamada así porque participar en la misma era una aventura. Se desarrollaba en las fiestas septembrinas y contaba con muchos participantes.

Destacados corredores saldrían de estos lugares: Florensa, de Corbíns, que un año ganó un ternero en Alcarrás y que estuvo corriendo en Francia en los años anteriores a la guerra civil; Baldomá, de Roselló, destacado fondista a nivel nacional; Serra, de Ascó; Norbert Ricart Barberela, de Cherta; Manuel Bellmunt, de Arbeca y Espinós, de Benifallet. De Lérida era Luis García, que tantas carreras llegó a ganar por tierras catalanas y aragonesas.

La realidad es que existió una gran rivalidad entre los corredores catalanes y aragoneses, que estuvieron en la mayor parte de las veces en los primeros puestos del fondo nacional.

En muchos pueblos aragoneses aún recuerdan a Tapias (años 20), Rojo, Andreu, Coll y Miranda (posguerra), Molins, Pro y Faro (años 60), grandes corredores catalanes que participaron en muchas pruebas dejando un buen sabor por su resistencia y preparación.

El Maestrazgo de Castellón

Las localidades celebraban las corridas de pollos en sus fiestas patronales con mucha expectación. Así, en Palanques -els Ports - la salida la daba el alguacil desde un punto próximo a la población, estando la meta en la plaza, donde colgaban los animales en un bieldo. El festejo tenía lugar el día de los patrones San Cosme y San Damián, tras la misa mayor.

En Villafranca del Cid se corría en la Plaza de Toros; aún se recuerdan en la localidad las gestas del Maló. Esto era para la fiesta del 8 de septiembre.

El Valencia y Alicante también se daban, en algunos pueblos, pollos a los ganadores de las carreras a pie. Amorós, destacado atleta nacional en los años de la posguerra, nació en Caudé (Albacete) y su primer premio fue un pollo. Ello nos da pie a pensar que también en esta provincia, por influencias de los valencianos, existiese esta costumbre. Más tarde a las pruebas pedestres, organizadas en las fiestas valencianas, se les llamará “Volta a Peu”.

Molina de Aragón

En los pueblos próximos a Molina de Aragón, limítrofes con nuestra Comunidad, también tenían lugar las carreras de pollos con características semejantes a la zona aragonesa, aunque terminarían perdiéndose por completo. En La Yunta era típica esta prueba con un pollo como premio. Aunque la carrera se dejó de celebrar, el lugar tiene el orgullo de ser la cuna de Amado Hernández, gran corredor pedestre en tierras de Aragón y destacado maratoniano a nivel nacional.

Típico de esta zona era la carrera de la espaldilla que se desarrollaba en los pueblos pequeños durante las bodas. Al salir de misa el novio aguantaba una espaldilla fuertemente con su mano. Los mozos invitados a la boda debían tomar velocidad para llegar hasta donde estaba el novio y dar un fuerte manotazo para llevársela. Lo realizaban de uno en uno y si no se conseguía lo podían volver a intentar cuando les tocara otra vez el turno.

En Alcoroches se llamaba correr la espaldera. Se realizaba el día de la boda por la tarde y mientras los mozos se quedaban con el novio, las mozas iban a correr la torta. La madrína y la novia aguantaban una torta cada una y las invitadas corrían a besar a ambas de dos en dos. A las últimas que corrían se les daba la torta. Después se bailaba la jota, que la iniciaban la madrína y la novia con su padre, que era el único hombre que asistía al festejo. Finalizada la danza se comían las tortas.

En Checa y Traid se corría también la espaldilla, mientras que en Piqueras, para la Virgen del Rosario, se corría una prueba de dos kilómetros, dándose al vencedor dicho premio.

En Traid y Alcoroches se baila el pollo al acabar el último baile, dando vueltas por el pueblo y con una música similar a la de las carreras aragonesas.

Ribera del Ebro navarra

En la localidad de Cortés era costumbre realizar la prueba el segundo o tercer día de las fiestas de San Miguel a las 9 de la mañana, para a continuación celebrar la carrera de entalegados. En la prueba pedestre los premios eran en metálico y en la de entalegados se daba un pollo al vencedor. Esto era en los años 30.

En Buñuel, en la fiesta de Santa Ana, en el año 1904, se disputó la tradicional joya o carrera de jóvenes a las seis de la mañana, venciendo un joven de Murchante (17).

Esta prueba de la joya era típica de otras localidades como la navarra de Fustiñana o la aragonesa de Mallén, donde aún se conserva. Corella y Fitero eran dos poblaciones en las que en los años de la República se daban premios en metálico a los vencedores.

Cuenca

Juan Manuel de la Fuente Saiz en su tesina de INEF (Madríd) Un estudio sobre juegos populares y deportes tradicionales en la provincia de Cuenca dice que, aunque en los pueblos de la provincia no proliferan las pruebas pedestres, solían existir dos tipos de pruebas: la joya y las carreras pedestres.

La joya constaba de tres series y en cada serie se corría a ida y vuelta por los caminos o calles de los pueblos, recorriendo una distancia aproximada de un kilómetro. Entre serie y serie se daban 10 minutos para descansar y reponer fuerzas, iniciándose nuevamente la prueba. Los participantes debían ir vestidos en calzón largo, camisa y sin calzado, declarándose ganador el corredor que vencía en dos de las tres series. Se realizaba esta prueba en la zona de la Sierra.

Las carreras pedestres venían a ser una prueba de campo a través sobre una distancia que oscilaba de 5 a 9 kilómetros entre ida y vuelta. Había dos jueces: uno en el punto de salida y otro donde se daba la vuelta. Se realizaba en muchos pueblos de la provincia.

Soria

Gloria Delso Marrón en su tesina sobre los Juegos de la provincia de Soria (INEF. Madrid, 1982) dice que la provincia ha carecido de buenos andarines; pero se celebran algunos concursos en las fiestas patronales. El ganador de la prueba tiene algún dinero donado por el Ayuntamiento.

En el diario La Voz de Soria se encuentra referencia a estas carreras en pueblos como Almenar, en sus fiestas en honor al Cautivo, de fecha variables; el Royo, en sus fiestas en honor a la Virgen y San Roque; en Beratón, en honor de San Roque y en Arcos de Jalón, en honor al Cristo de la Buena Muerte.

Variedades

En el pedestrismo aragonés podemos distinguir diferentes variedades, según la época o lugar de celebración de estas pruebas.

a) Carreras de hombres a pies descalzos, tal como aparece en el programa de fiestas de Barbastro de 1890 (18).

b) Carreras al estilo del pais, tal como se celebraba en Huesca y pueblos de la Hoya o del Gállego Medio. En el programa de las fiestas de Huesca en honor de San Lorenzo de 1903 aparece la siguiente reseña: “Día 22: A las cinco, carreras al estilo del país; segunda, de sacos, y tercera, de burros montados los jinetes mirando a la cola. Habrá tres premios en cada una de ellas, de 15, 10 y 5 pesetas; amenizarán el espectáculo los danzantes y la rondalla La Montañesa” (19).

Generalmente, la carrera al estilo del país solía ser una prueba pedestre de corta distancia.

c) Carreras de peatones, típicas del Bajo Aragón y de la zona de Belchite, a principios de siglo.

d) Carrera de peones, en la zona del Jalón, a principios de siglo: Epila, Lumpiaque, Calatorao, Morata de Jalón...

e) Carrera de pollos o gallos, expresión más conocida en todo Aragón. Lo normal era que los pollos estuvieran colgados en un bieldo u horca, sostenida por el alguacil y se colocaban en la línea de meta, siendo el premio para los primeros clasificados; de ahí el nombre. Normalmente se daban tres pollos al primero, dos al segundo y uno al tercero, aunque no siempre era así. También se colgaba en el bieldo una cebolla que se daba al último, según lugares. De aquí también viene el nombre de polleradas, polleras o simplemente pollos, empleado en el argot de los corredores.

t) Carrera de corderos. En Binéfar, Monzón, Fraga y otros pueblos de la comarca literano-cinqueña, el premio era un cordero y así se denominaba a la misma.

g) Carrera de la joya, típica de la ribera alta del Ebro: MalIén, Gallur, etc.

h) Carrera de la cuchara, exclusiva de Aínsa, llamada así por ser el premio una cuchara de plata.

i) Carrera de la rosca, que se desarrollaba en los valles pirenaicos y en el Gállego Medio y La Violada. El premio para el vencedor era una rosca o tara, tarta bien preparada y adornada. En la comarca ribagorzana se disputaba esta prueba en las bodas.

j) Corrida del arra, practicada a principios de siglo, con las mismas características que la de la rosca. Así aparece en el programa de festejos de Gurrea de Gállego del año 1905.

k) Carrera de forasteros. Tiene dos acepciones. Una se refiere a las pruebas que se realizaban, tras la guerra civil, en la que todos los participantes venían de fuera. Otra hace referencia a las carreras que realizaban los forasteros siendo perseguidos por los del lugar cuando organizaban alguna trifulca en el baile. Generalmente esto ocurría en los pueblos cercanos y rivales.

1) Calzoncillada, característica de la zona del Serrablo y de la Hoya, y con infinidad de variantes. Llamada así porque se corría en calzoncillos. Aún en la actualidad se realiza esta prueba en algunas fiestas. En Sabiñánigo, en las fiestas de Santiago, los participantes deben quedarse en calzoncillos y echar a correr una vez dada la salida. En algunos pueblos o ciudades del llano también se desarrollan estas pruebas. En Monzón, en las fiestas de San Mateo, la misma se anuncia en carteles en los que dice: “23 de septiembre 1984, 8 de la mañana: Clásica Calzoncillada y Calzanada. Inscripciones: en los locales de la Peña La Lífara, todos los días de 8 a 9 de la tarde y antes de la salida. Condición: llevar el calzoncillo mariano, calzón o la enagua. Se premiará el más original y el más sucio, habrá premios para más cosas, claro. Puntualizamos: no presentarse en slips, ni bañador, ni bragas ni cosas por el estilo. Salida de la Plaza Mayor. Lo importante no es ganar, sino participar y pasarlo bien. Organiza: La Lifara”.

La Peña Los Marinos de Zaragoza organizó en las fiestas del Pilar de 1985 una calzoncillada en su primer año de funcionamiento.

Normalmente esta prueba se realiza a altas horas de la madrugada y en algunos lugares se exige para participar haber ingerido alguna bebida alcohólica. Estas pruebas son casi todas recientes y han surgido como una copia de las carreras pedestres de antaño, en las que se corría en calzones. La diferencia está en que antaño se corría durante el día y la prueba era seria y actualmente es un momento de divertimento y regocijo general.

11) Corrida de fallas. Practicadas en algunos valles pirenaicos en la noche de San Juan.

m) Correr una manzana. En algunos lugares éste era el premio honorífico al vencedor. Se dice que en Loarre no se ponían de acuerdo para elegir alcalde; se tiró una manzana calle abajo para que el que se la comiera saliese elegido. Los mozos echaron a correr tras ella, pero al final una tocina que pasaba por el lugar se la comió ante el asombro de los lugareños. La tocina fue nombrada alcaldesa.

El programa de fiestas de Sesa de 1908 dice que se correrá la manzana. Sabemos también de esta misma costumbre en los barrios de Tamarite y Almudévar.

n) Carrera pedestre con premios en metálico. Poco a poco los pollos, corderos, roscas..., son sustituidos por los premios en metálico a los primeros clasificados.

ñ) Corrida terrestre, llamada así en la zona de los Monegros.

o) Carreras de andarines, tal como aparece en el Heraldo de Aragón del año 1913 comentando las fiestas laurentinas oscenses: “Se ha celebrado la carrera regional de andarines. Las carreras fueron presenciadas por numeroso público” (20).

Matizaciones

Dentro de las carreras de pollos hay diferentes acepciones, como hemos podido apreciar. Podríamos hablar también de la carrera de pollos que se realizaba en Loscos (Teruel), donde se soltaban los pollos en una ladera y había que cogerlos corriendo por la misma.

En Montalbán fue costumbre enterrar un gallo quedándole la cabeza fuera y un niño con los ojos vendados y con una espada le debía cortar el cuello de un tajo. Vemos aquí un espectáculo muy cruento, que terminó siendo suprimido.

Caro Baroja dice que una corrida típica del tiempo de Carnaval era la de gallos. El niño o joven que lo mataba era proclamado rey de gallos. También se corrían gansos, siendo colgados por las patas en una soga y los concursantes a caballo procuraban cortarles la cabeza de un tajo. En el siglo XVII se corren perros y gatos por carnestolendas. Los gatos se colgaban de una cuerda y los que corrían lo hacían con los brazos desnudos y a puñetazos, mientras el gato se defendía arañando les. Poco a poco estos desagradables espectáculos fueron desapareciendo.

Caro Baroja, en el mismo trabajo, también comenta: “¿Qué decir de la palabra corrida? Trataron los escritores religiosos de la corrida del tiempo o del tiempo en términos profundos. Pero en el habla vulgar lo más común ha sido utilizar la palabra corrida para aludir a ciertos festejos en que los animales han sido las constantes victimas” (21).

Sin embargo, la corrida de pollos, entendida como carrera pedestre, no tiene al pollo como víctima, puesto que sólo se regala como premio, lo cual sublima a este animal.

Carreras con objetos

En determinadas ocasiones la carrera se convierte en un divertimento dentro de los actos festivos, y entonces la prueba tiene diferentes variedades. Recogemos algunas, aunque la imaginación popular ha hecho que se realicen otras muchas que sería difícil enumerar.

a) Carrera de maletas. Se pueden llevar una o dos. A veces deben llevarse pesadas piedras dentro de la misma.

b) Carrera con candiles en la bragueta. Era típica del Bajo Aragón turolense. El candil no podía apagarse.

c) Carrera del huevo. Se llevaba en una cuchara que se aguantaba con la boca. No podía caerse.

d) Pies juntos. Se ataban y había que ir dando varios saltos largos y rápidos.

e) Entalegados. Era muy popular en todo Aragón y, aún, en la actualidad, se conserva su celebración en muchas de nuestras fiestas, pero los adultos ya no suelen participar.

f) De cántaros en la cabeza. Era exclusivamente para mujeres. La hemos encontrado en La Litera, Bajo Aragón, Almudévar, Almonacid de la Cuba...

g) Con tres tejas en cada mano, típica de Berbegal; era muy difícil porque la del centro se resbalaba y había que tener una mano muy grande para sujetarlas y mucha fuerza en los dedos.

h) A la pata coja.

i) Carrera de hombres con los ojos vendados, tal como se practicaba en Hinojosa de la Val (Teruel) en las fiestas de San Agustín, a principios de siglo.

j) Carrera sujetando la cola de un asno, tal como se hizo en Cañada de Verich en las fiestas del Pilar de 1930. Así aparecía en La Voz de Aragón: “Dia 22.- Por la tarde se celebraron varias clases de corridas, ganando el primer premio José María Andreu Serrano, que demostró ser valiente; consistió esta corrida en ir sujetando la cola de un asno a toda velocidad y en terreno llano durante el recorrido de 350 metros, aproximadamente” (22).

h) Carreras grotescas y de Carnaval.

Otro tipo de carreras

Existen carreras de pique entre dos corredores consistentes en ir de un pueblo a otro, correr contra un caballo o contra una bicicleta o tractor, que de todo hemos encontrado en Aragón.

No podemos olvidar a aquellos que su dedicación fundamental era la de correr o andar muchos kilómetros: correos, espoliques, etc.

Deben también considerarse las carreras con las vaquillas o el toro de fuego en los talones, que a la postre también son carreras, pero sin premio.

Una auténtica prueba pedestre era la que se realizaba en Zuera, en la Romería a la Virgen del Salz. Recogemos el texto de La Voz de Aragón del año 1927:

“Durante los tres días de Pascua de Pentecostés, Zuera celebra su fiesta pequeña en honor de la Virgen de Salz, que queda reducida a la Romería del segundo día y a bailes públicos.

A las cinco de la mañana suele empezar el desfile de los buenos zufarienses hacia la ermita, que dista diez kilómetros, haciendo uso de todo tipo de vehículos.

Al empezar la cuesta que da acceso a la ermita, se organiza la procesión, en la que figura una enorme bandera que un grupo de mozos lleva corriendo sin detenerse, teniendo a gala llegar a ser posible, haciendo el recorrido en el mismo tiempo que el año anterior o en un minuto menos; ha de tenerse en cuenta que suelen recorrerse los diez kilómetros en media hora y que no se detienen ni para cambiarse la bandera.

A pesar del airazo que hizo durante el día, los mozos de Zuera no se amedrentaron, realizando la hombrada Miguel Tenas, Isidro Ferrer, José Lanuza, José Olivan, Rogelio Sarasa, Antonio Marcén y Ramón Berasén” (23).

La sociedad actual ha evolucionado y así también lo ha hecho el pedestrismo, que se ha transformado pasando de las carreras rituales a carreras pedestres, con premios en metálico o bien ha desaparecido de las celebraciones festivas, aunque en los últimos años parecen renacer con gran fuerza.

La edad de los participantes

La carrera a pie se reserva fundamentalmente a los corredores de 18 a 36 años, aunque no haya unos límites de edad establecidos. También se suelen programar carreras infantiles para los niños a distancias más cortas. En Adahuesca la corrida de las peras de Santa Ana es exclusivamente para niños.

La mujer, por lo general, no solía participar en estas pruebas, aunque siempre encontramos excepciones. Ya hemos comentado que la carrera con cántaros en la cabeza estaba reservada a mujeres. En el programa de festejos de Almudévar del año 1906 aparece una corrida de mujeres.

José Fraguas opina en un tratado escrito en el año 1894 que las mujeres son más aptas que el hombre para el ejercicio de carrera, pues requiere soltura y ligereza de la que siempre suelen disponer. Añade: “(…) he aquí la razón por la cual sería útil imitar, no ya las carreras del estadio griego, ni las de antorchas (tal como allí fueron), sino la de las pastoras de Wurtenberg (Alemania), concediendo premios y distinciones a las vencedoras. Nuestros pedagogos, higienistas y políticos debían amparar y extender este ejercicio, hasta convertirlo en un número de los festejos municipales hechos todos los años al patrón del lugar” (24).

En otras ocasiones se realizan varias carreras para todas las edades. En Barbastro, en el año 1883, en las fiestas del Pilar, se organizaron carreras de hombres, mujeres, chicos y burros. En Peralta de A1cofea, en las fiestas de Santa Águeda de 1927, se celebraron carreras de casados, solteros y niños.

Interesante fue la carrera de ancianas de Mainar, tal como aparece en el periódico Heraldo de Aragón de 1931, comentando las fiestas de la localidad en honor a Nuestra Señora del Tránsito y a San Roque:

“También tuvimos el gusto de admirar la corrida pedestre que tres ancianas de la localidad se disputaron un pollo que el Ayuntamiento concedió. Por contar ochenta y uno, ochenta y siete y noventa y cinco años cada una de las corredoras, llamó la atención del público extraordinariamente, en particular la de ochenta y siete años, que llegó al término de la corrida dando vueltas y bailando como en sus mejores tiempos” (25).

En Gurrea, en el año 1932, se celebró en sus fiestas septembrinas una carrera de hombres de pesos fuertes, es decir, de mucho peso. En Montesusín, en el año 1975, en las fiestas mayores se realizaron carreras de gordos, de flacos, de jóvenes, de viejos, etc.; disfrutando el público durante toda la tarde.

La importancia de la prueba

Normalmente la carrera solía ser abierta, es decir, que se participaba en la misma libremente. En otras ocasiones había varias, aunque en realidad corría todo el que lo deseaba.

Algunas pruebas eran de tipo local. Así, en el programa de fiestas de Zuera del año 1912 se dice que el ganador de la prueba será nombrado campeón de Zuera y sus arrabales.

Otras son de tipo comarcal. En Borja, en los tiempos de la República, se organiza la competición para todos aquellos que pertenezcan a alguno de los pueblos incluidos en el partido judicial de la zona.

También las hay de tipo provincial o regional. La carrera de Huesca del año 1913 tiene carácter de campeonato regional, tal como reza en el programa. Sería ganada por Máximo Alamán, de Villamayor, seguido de Manuel Mercadal, de Blesa, y José Revuelta, de Torres de Barbués.

En otras ocasiones la carrera tiene carácter nacional. Así, en Chodes, en el año 1981, participaron Santiago de la Parte (Palencia), Antonio Prieto (Segovia), Abel Antón (Soria), Cholo García (Barcelona), etc.

Citas bibliográficas

1 Gran Enciclopedia Aragonesa. Voz Carreras, por Luis Gracia Vicién.

2 Gran Enciclopedia Aragonesa. Voz Pollos, corrida de, por Antonio Beltrán Martínez.

3 José Antonio Adell y Celedonio García. “El pedestrismo en el Altoaragón”, Argensola, Revista del Instituto de Estudios Altoaragoneses, número 94, II semestre 1982.

4 Programa de los III Juegos Altoaragoneses. 26-27 de septiembre. Huesca, 1981. Capítulo dedicado a la descripción de los juegos: prueba de andarines.

5 Programa de los I Juegos Tradicionales Deportivos del Alto Aragón. Capítulo de normas técnicas: Carreras pedestres.

6 Existen programas de todos ellos. En el de los Juegos Tradicionales Aragoneses celebrado en el día de San Jorge de 1985, día de Aragón, en Huesca se hace una descripción de los diferentes juegos, entre ellos de las carreras pedestres.

7 Luis Gracia Vicién. Juegos Tradicionales aragoneses, II. Librería General. Zaragoza, 1978, página 10.

8 Diccionario de la Lengua Española. Real Academia Española. 19 Edición. Madrid, 1970. Voz carrera.

9 Heraldo de Aragón. Martes, 1 de agosto de 1939.

10 Heraldo de Aragón. Jueves, 13 de septiembre de 1928.

11 Heraldo de Aragón. 9 de julio de 1933. Aparecen las mismas sanciones en otros periódicos de la época.

12 Heraldo de Aragón. 8 de septiembre de 1950.

13 Julio Caro Baroja. Fiestas populares de mayo a San Juan. La estación del amor. Taurus, Madrid, 1979. Página 148.

14 Ramón Violant y Simorra: El Pirineo español. Madrid, Ed. Plus Ultra, 1949, página 590, capítulo XII.

15 Ceferí Rocafort. Geografia de Cataluña. Lérida. Editado en Barcelona, página 229.

16 R. Perrin y otros. Almacelles, visió d’un poble. Ed. Abadía de Monserrat, 1970.

17 Heraldo de Aragón, 2 de agosto de 1904.

18 La Derecha, 30 de agosto de 1890.

19 Heraldo de Aragón, 5 de agosto de 1903.

20 Heraldo de Aragón, 10 de agosto de 1913. Crónica firmada por Modestino.

21 Julio Caro Baraja. “Correr animales”. Artículo publicado en Cambio 16, número 716; 19 al 26 de agosto de 1985.

22 La Voz de Aragón, 19 de octubre de 1930.

23 La Voz de Aragón, 7 de junio de 1927. Artículo titulado Romeria a la Virgen del Salz.

24 José E. G. Fraguas. Tratado racional de Gimnástica y de los ejercicios y juegos corporales. Casa Editorial y Librería de la Viuda de Hernando y Compañía. Madrid, 1894, Tomo II.

25 Heraldo de Aragón, 23 de agosto de 1931.

Publicado en también en la web:

 http://www.juegostradicionalesaragoneses.com/juegos/carrera_pedestre.htm

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