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García y Adell

Febrero, de la Candelera a los Carnavales

Febrero, de la Candelera a los Carnavales

 En Sallent de Gállego se decía: “El invierno no se lo comen los ratones”. (Foto: C. García)

EL CICLO FESTIVO ANUAL

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses”, suplemento del Diario del Altoaragón. Domingo 31 de enero de 1993

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ 

"Febrero es el solo mes

más corto y menos cortés".

     La climatología es el tema preferido entre los refranes y axiomas propios de este mes. En Sallent de Gállego se solía decir que "el invierno no se lo comen los ratones", pero también que "los extremos se tocan", en referencia a este mes. Quizá más conocido sean los refranes: "febrero, un rato malo y otro bueno", "el mes de febrero, un rato al sol y otro al brasero" o "febrero mató a su madre en el lavadero". Estos cambios repentinos han motivado que a este mes se le conociera como "febrerillo el loco", por ser "un día peor que otro". El frío acompaña a los santos de principio de mes:

"Para la Candelera, gran nevera;

para San Blas, un palmo más;

para Santa Aguedeta,

la nieve hasta la chaqueta".

     A febrero también se le conoce como "el mes de los jornaleros"; al ser el más corto del año éstos trabajan menos días y cobran el mismo sueldo. Sin embargo, a principios de siglo, en Huesca comenzaba a funcionar en esta época del año la "Olla de los pobres", una institución benéfica que prestaba servicio a las clases necesitadas, gracias a la caridad de los oscenses, en estos meses de carestía por paralización de los trabajos.

     En Angüés, coincidiendo con las fiestas de San Blas, el ayuntamiento también costeaba, con ayuda de los vecinos, abundantes y nutritivos ranchos para los pobres del pueblo y forasteros, y el tercer día se repartían limosnas.

     Los trabajos en el campo eran escasos: se echaba fiemo a los árboles y en la luna vieja se sembraban los ajos y se podaban las cepas (era creencia popular que si se podaban en esta luna los racimos serían más grandes). En la luna nueva se sembraban las patatas y, antaño, el mes era propicio para la plantación del lino y cáñamo.

     Es un periodo malo para el ganado y temido por los pastores, especialmente en los años bisiestos: "el febrero no deja oveja, ni cordero". No obstante, durante este mes se celebraban ferias de ganados en algunos puntos de la provincia. Sariñena las tuvo, durante los primeros días, hasta 1897, fecha en la que se vio forzado a adelantarlas oficialmente un mes, por la tendencia de los compradores y vendedores en años anteriores. 

     Para la Candelaria organizaban ferias en Barbastro y en Huesca. La de Barbastro data de un privilegio dado por Doña Germana de Foix, en la ciudad de Monzón, el 22 de septiembre de 1512, durante doce días antes y doce después de aquella fecha, dentro del Entremuro. La de Huesca, aunque a principios de siglo ya había perdido mucha importancia, aún era concurrida, y a ella acudían buen número de negociantes con ganado mular, asnal y fundamentalmente vacuno. En 1919 el Ayuntamiento acordó que la feria, cambiada a la quinta semana el año anterior, se celebra, en aquel año y en los siguientes el viernes, sábado y domingo de la tercera semana de Cuaresma. 

     El primer domingo de mes Aínsa organiza "la ferieta" o "feria pequeña".

     Como dice Arnal Cavero, "febrero es el mes de las matacías y el de los carasoles. Hay que ir a misa muchos días entre semana: «El primero porque hace día; el segundo, Santa María; el tercero, San Blas; el cuarto, nada; el quinto Santa Águeda...»" (1).

     A final del mes aumenta la luz durante el día y las noches comienzan a ser menos terribles y más cortas; éste es el motivo del dicho: "San Matías (día 24), tan largas las noches como los días". 

     (...)

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) ARNAL CAVERO, P.: Aragón en alto, Zaragoza, p. 141.

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