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Loarre

"Barones del Ritmo" amenizando las fiestas de Loarre
Por José Antonio Adell Castán y Celedonio García Rodríguez
Sarsamarcuello, Linas de Marcuello y Santa Engracia, entidades del municipio de Loarre, veneran a la Virgen de Marcuello (23 de mayo) acudiendo en romería a su ermita (ahora el domingo más próximo). Antaño la participación en la ermita era mucho mayor; según una crónica de 1926 (1), este año asistieron dos mil romeros de los pueblos de Loarre, Ayerbe, Murillo de Gállego, Riglos, Santa María , Santa Engracia, Triste, Yeste, Pardinas y Linas.
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San Demetrio
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Benigno Tresaco con el violín y Ángel Giménez con el tambor animaban la "Fiesta de Quintos" en los años setenta
La “Noble y Antiquísima villa de Loarre” celebraba sus fiestas mayores en honor a San Demetrio (8 de octubre); ahora se han trasladado a la festividad de Santiago (25 de julio), aunque hubo años que tuvieron lugar el día de la Ascensión.
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Ha salido la Fiera. Sucesos en las rondas

La ronda (Manuel Yus Colás 1879)
Publicado en el "Especial San Lorenzo" del Diario del Altoaragón. Jueves, 10 de agosto de 2000
José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ
“Hijo, no salgas de casa,
porque ha salido la fiera;
lo primero que ha cantado
la jota revolvedera”.
Hace años, en casi todos los pueblos y villas, aldeas y lugares, había una “fiera”. Un hombre fuerte, rudo, insolente y matón, que mandaba en el mocerío, hacía de amo en la taberna y en la ronda y cobraba el barato en los corros de chapas. Así nos lo recuerda la bizarra jota, cantada por voces varoniles en las noches sin luna.
Las páginas de sucesos recogían aquellas trágicas escenas, fruto de promesas íntimas surgidas por viejas rencillas, por rivalidades políticas o de clase social, y alimentadas por la ignorancia y por la presión de las desigualdades. La Bullonera nos recordaba aquellas rondas valentonas y mostraba el carácter de la “fiera” en “Antología prohibida”:
“Canta compañero canta;
canta, yo te ayudaré,
que una sola vida tengo
y por ti la perderé”.
En Aragón no había pueblo que no contase en su historia con alguno de esos choques típicos entre las rivalidades de la bravía juventud, que dejaron jornadas sangrientas con luto y llanto perpetuo.
“Con permiso o sin permiso
a la ronda por la calle,
que la ronda de los mozos
no la hace recular nadie.”
Santa Eulalia de Gállego vivió una de esas fechas trágicas en la noche del 6 al 7 de abril de 1907. Varios amigos de la localidad iban aquella noche de ronda; al pasar por la p
... (... continúa)Costumbres por tierras del Bajo Aragón

Cantos de taberna hacia 1900
Publicado en la revista Gaiteros de Aragón, Nº 19. Invierno 2003
José Antonio Adell Castán y Celedonio García Rodríguez
Al final de la década de los años cincuenta el diario El Noticiero publicó una serie de artículos sobre costumbres y tradiciones aragonesas. S. González y Gómez escribía de dances, completando sus datos con aportaciones de Antonio Beltrán Martínez, quien ya era una autoridad en la materia.
A estos artículos recurriremos en alguna otra ocasión; ahora vamos a fijarnos en otros publicados por Elisa Sancho Izquierdo sobre costumbres del Bajo Aragón, aunque con este epígrafe se incluyen lugares que actualmente constituyen otras comarcas próximas.
El dance de Alloza
Antonio Beltrán hace un estudio de este dance en su libro El dance aragonés, y dice que es uno de los más interesantes de la provincia de Teruel. Está dedicado a San Blas y por este motivo los danzantes, en los “dichos” explican la vida de este Santo. El Mayoral, después de saludar a los presentes, llama al gaitero:
“Ea, gaitero a tocar
los mozos de este lugar”.
y veremos cuál se portan
Elisa Sancho nos habla del “dance sacro en honor del Patrono” de 1958, una costumbre inmemorial que se recuperó aquel año después de treinta años sin celebrarse. Vicente Alfonso “El Rincón” y José Gracia “El Fanfarrón” pusieron todo su empeño para que el día 3, festividad de San Blas, la plaza acogiera el dance. El Mayoral, después de saludar a las autoridades y obtenida su venia para actuar, explicaba el motivo del dance (honrar al Patrono del pueblo) y mandaba al Rabadán que buscara doce jóvenes guapos y de aliño para danzar. El Diablo, enterado de esto, intentaba estorbar el dance, pero aparecía el Ángel que le hacía retirar avergonzado.
Los parlamentos del dance se actualizaban a los tiempos modernos:
Por televisión he visto,
y por la radio que tengo
instalada en los abismos
más profundos del infierno,
me entero con sobresalto
que los hijos de este pueblo
quieren hacerle a San Blas
un homenaje estupendo…
y dispuesto yo a impedirlo,
he salido del averno.
Derrotado el Diablo, los doce danzantes, en grupos de cuatro, ejecutaban el dance acompasándose con palos decorados y al son de la gaita.
La despedida corría a cargo del Mayoral y del Rabadán, relatando asuntos públicos de interés en versos satíricos:
Me tendré que despedir,
aunque sea de muy mala gana…
de las mozas que presentes
están ahora en la plaza;
míralas que van bonicas
con la permanente en frío…
con ese traje de sastre
y ese rimbombante abrigo…
quien las vea así vestidas,
si no os conoce, dirá:
todas esas señoritas
serán de casa real…
Noches de hogueras
En los años cincuenta, el éxodo de las gentes de nuestros pueblos a los suburbios de las grandes ciudades hacía estragos en las costumbres. En los pueblos del Bajo Aragón ya habían desaparecido las hilanderas que trabajaban a la puerta de la casa, mientras tomaban el sol y cantaban coplas como ésta, que entonaban en La Codoñera:
El Sol le dijo a la Luna
que se fuera a retirar,
que las mujeres de bien
no van de noche a rondar.
El mensaje de la copla se cumplía, excepto si había hoguera; entonces, todo el mundo salía a contemplarla. En La Codoñera y en otros pueblos las hogueras se iniciaban la víspera de la Virgen del Pilar y se sucedían para la Virgen de Loreto, Circuncisión del Señor, San Antón, San Sebastián, San Valero, San Blas y Santa Águeda.
Con el fuego se intentaba neutralizar el frío del ambiente y alegrar las largas noches de invierno. En el centro se colocaba una enorme “tranca” constituida por un olivo entero o por un pino de gran tamaño (la terrible helada del 56 proporcionó abundantes troncos de olivo para las hogueras de varios años) y a su alrededor otros más pequeños o ramas formando una pir
... (... continúa)